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Por Félix Sautié Mederos

Y, Espacio Laical continúa con sus debates…

Queridos lectores de Crónicas Cubanas, por lo general cuando culminan las grandes contingencias por muy severas que hayan sido, desde que el mundo es mundo, la vida comienza a volver a sus cauces normales, lo mismo sea en la naturaleza como en la sociedad. Quedan las heridas y sus huellas, que la voluntad creativa de los seres humanos comienza a recuperar con menor o mayor eficiencia, porque es ley de vida que nos mostremos inconformes con los daños causados y adversidades provocadas. En tales circunstancias, muchas actividades específicas de lo social de nuevo comienzan a manifestarse; muy especialmente las dirigidas a la recuperación así como a la necesaria sanación espiritual junto con los encuentros y relaciones interpersonales que de conjunto dan sentido a la razón social del momento y especialmente de ser de las personas. Ello no sólo sucede por su propio peso, porque constituye además una necesidad espiritual de primer orden que emerge de la voluntad humana de superación que nos es inherente.

Fue en estas coyunturas que describo, que Espacio Laical, llamó a un encuentro reparador del espíritu para debatir a profundidad sobre el concepto de la Felicidad, que considero fue un momento de fortalecimiento de nuestra afectada condición humana y en especial de nuestra espiritualidad intrínseca, en medio de las muy lamentables adversidades que hemos sufrido y que estamos sufriendo en las últimas semanas, por causa del paso del extraordinario huracán “Irma”, el mayor en muchos años por estos lares, que ha devastado buena parte de la Costa del Norte de nuestro país; incluyendo las severas afectaciones provocadas por las intempestivas entradas del mar y de los vientos huracanados en nuestra ciudad capital de todos los cubanos, La Habana Maravilla que con sus casi 500 años se resiste al paso del tiempo, a la desidia, a las inundaciones del mar y a los vientos huracanados. Todo lo cual ha provocado un “contra huracán” de masiva participación reconstructiva, que genera esperanzas en el presente y el futuro.

Me refiero a un sui géneris y muy positivo encuentro. En mi opinión algo que los dogmáticos y extremistas de siempre, posiblemente, no alcancen a comprender. El debate resultó ser amplio, profundo, participativo y enjundioso. Los 3 ponentes fueron muy importantes intelectuales cubanos que han estudiado a profundidad estos temas: el psicólogo y sociólogo Dr. Ovidio D’Angelo, el antropólogo Máster en Ciencias Dmitri Prieto Samsónov y el muy conocido presentador del “Espacio Vale la Pena” de la Televisión Cubana, el destacado profesor de psicología de la Universidad de La Habana Dr. Manuel Calviño.

Todos amigos y conocidos míos de muchos años, unos más cercanos que otros pero en definitiva conocidos con los que he compartido ideas y luchas, muy especialmente en lo referido a nuestra voluntad compartida de permanecer en Cuba muy activos socialmente apoyando los procesos socio políticos cubanos que enaltecen nuestra condición humana, así como la justicia social, la equidad distributiva y la paz del pueblo cubano, como denominador común que nos une.

Los que asistimos y participamos en aquel encuentro, en respuesta a la amable convocatoria de Espacio Laical, puedo decir según mi apreciación muy personal del conjunto con que me encontré en la ocasión que describo, representamos a una muy especial diversidad enriquecedora del diálogo que quizás en mi criterio muy personal, Espacio Laical en estos momentos de nuestra historia, sería de las pocas entidades sociales cubanas capaces de convocar en paz, respeto mutuo y armonía entre los participantes, tal y como considero que siempre debería ser.

El contenido del tema fue muy abarcador y no me es posible reseñarlo en una única crónica de dos cuartillas, quizás vuelva al tema. En definitiva su transcripción completa próximamente será publicada en la Revista Espacio Laical y en el sitio de INTERNET que publica la Revista, con el título de “Espacio Laical Digital”: http://www.espaciolaical.org y recomiendo su lectura minuciosa.

En consecuencia, quiero referirme brevemente sólo al respecto de dos aspectos planteados en los que pude expresar algunas experiencias y criterios que extraje de lo mucho que he vivido, hasta el presente en que les escribo: Primero una muy interesante interrogante debatida “¿Son felices los más ricos?”; y otra además sobre la necesidad de: “nunca perder la esperanza”. En lo referido a si los más ricos son los que verdaderamente alcanzan la felicidad, no tuve que acudir a experiencias ajenas de ningún tipo, porque las tengo muy presentes en las esencias mismas de mi vida personal de las que en ocasiones anteriores he dado testimonios de vida.

Yo nací en 1938 en La Habana como parte de una familia bien acomodada pero me faltó desde muy niño la salud, muy especialmente las posibilidades de caminar como los demás. Recuerdo que aquella niñez a pesar de contar con todo lo quisiera poseer porque mis padres no dudaban en facilitármelo, tuve unos años muy tristes y ansiosos de poder jugar como los demás niños, lo que no podía realizar mientras veía que mis hermanos sí podían hacerlo. No era feliz aunque poco a poco fui recuperando mi andar con una terapéutica avanzada entonces en aquellos años 40 del Siglo 20, que se denominaba “toques eléctricos” que eran muy dolorosos y estresantes, aunque quedé en definitiva inhabilitado de algunas posibilidades de locomoción hasta el presente en que poco a poco regreso a mi situación inicial. Recuerdo entonces, que en cambio mis momentos más felices fueron cuando me enrolé definitivamente en la lucha revolucionaria en 1957, por otra parte desde 1955-1956 había comenzado a ser un desposeído de la fortuna material debido a la ruina de mi padre. Esa fue mi experiencia personal al respecto de la pregunta planteada, porque entre otras cosas anidaba en mí una esperanza de vida que motivó y dio razón de ser a mi paso por este mundo cruel, valle de lágrimas al decir de la Salve. Comprendí desde entonces que nunca se debería perder la esperanza, porque la esperanza es un motor esencial para que la vida en sociedad continúe adelante. En consecuencia, en estos momentos aciagos en que nos levantamos contra las adversidades de la naturaleza, reitero con toda la fuerza que me es posible que: ¡Nunca debemos perder la esperanza!

Así lo pienso y así lo expreso con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular. fsmederos@gmail.com

Publicado en el periódico Por Esto! de Mérida Yucarán , México, Sección de cultura, el martes 19 de septiembre del 2017.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=33&idTitulo=589931

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