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Por Félix Sautié Mederos

Queridos lectores de Crónicas Cubanas

Desde mi Rincón de Centro Habana, como habanero de pura cepa, no puedo ser indiferente ante el apasionado debate beisbolero que se ha provocado en las últimas semanas -con motivo de la designación del laureado y polémico pelotero cubano de todos los tiempos Víctor Mesa, como mánager nada menos que de Los Industriales. Novena habanera de pelota que Mesa ha enfrentado con especial enconamiento desde los equipos de Villa Clara primero y de Matanzas después, que ha dirigido y que incluso se puede decir que reconstruidos gracias a sus esfuerzos para sacarlos de profundas crisis de manera polémica y efectiva, pero sin alcanzar ningún campeonato.

Industriales es el equipo del béisbol cubano de la Revolución que más campeonatos ha ganado, 12 hasta el momento, con sus símbolos del león y del color azul extraídos de la tradición beisbolera ancestral del pasado Siglo de nuestra Habana Maravilla la Capital de todos los cubanos, tan deslumbrante y tan venida a menos por quienes tienen la obligación de conservarla y limpiarla. Los eternos rivales de aquella época ancestral eran los rojos leones del Club Habana y los alacranes azules del Club Almendares, nombre tomado del río que atraviesa a nuestra Capital por su costado oeste.

Comienzo en este debate surgido con una opinión muy personal, en el sentido de que ningún cubano es indiferente al béisbol, o la pelota como le decimos por aquí, aunque se esfuerce en negarlo, porque la pelota es parte de nuestra identidad nacional y de nuestra
idiosincrasia, al punto que en el lenguaje popular constantemente hablamos en términos beisboleros.

Esta es una realidad de nuestra manera de hablar que incluso se sitúa más allá de lo que concierne a la específica afición deportiva, porque en muchas ocasiones los cubanos, y muy especialmente los habaneros más adultos usamos las frases y los conceptos del béisbol sin pensar de donde vienen o cuál es su origen, pero sí con un sentido creativo e incluso picaresco muy profundo.

Confieso también que desde niño fui muy influido por la pelota, como todos los habaneros y cubanos en general, porque siempre teníamos los campeonatos de béisbol en los primeros planos. Incluso en los tiempos de la Revolución Triunfante de 1959, ganar los campeonatos
internacionales a los que Cuba asiste con su equipo Cuba,
especialmente a las novenas de Estados Unidos ha sido y es un compromiso de honor que en mi criterio implica tanto a los que están en contra como a favor, ya sean tirios o troyanos.

No obstante, en los últimos años de tantos hastíos y desesperanzas, caracterizados por el más de lo mismo autoritario y por los métodos burocráticos, el béisbol cubano ha caído en una profunda decadencia y un letargo que constituyen símbolos muy característicos de nuestra sociedad local. Me refiero a una realidad socio política y económica evidente sobre la que he estado escribiendo con sistematicidad en mis Crónicas Cubanas y que no viene al caso hacer una descripción y análisis profundo de la misma porque ocuparía mucho espacio del que no dispongo para esta Crónica.

Precisamente, es al profundo sentido que tiene el hecho de que en medio de tanto hastío y tanta decadencia que ha aparecido reflejada en los últimos tiempos por los estadios vacíos o semivacíos de
aficionados, se haya producido el choque y el impacto de un debate tan intenso como el que se está produciendo en La Habana en estos momentos, recogido incluso por los medios oficiales de comunicación. Me parece un verdadero renacimiento que deberíamos aprovechar para más complejos fines. Yo aunque soy un periodista en ejercicio de la profesión de muchos años no he sido ni soy un cronista deportivo. No obstante, en mis tiempos de Director de Juventud Rebelde lógicamente mucho tuve que ocuparme del tema con la inolvidable circunstancia que en aquellos momentos teníamos como Jefe de la página de Deportes al genial Eddy Martin gloria de Cuba desaparecido ya lamentablemente, de quien aprendí mucho.

Tampoco puedo olvidar que en mis inicios en la UJC coincidieron con la fundación de los Industriales y que trabajamos activamente en la animación de la afición en La Habana. Además, por otra parte, en mi época de Vicepresidente del Gobierno en la Isla de la Juventud, fue que fundamos el equipo de La Isla, hoy uno de los más destacados y a mí me tocó atender ese proceso desde el Gobierno local. Equipo que ha quedado grabado para siempre en mi corazón Tengo pues raíces profundas que me ligan con la pelota, aunque mis dificultades físicas que he sufrido desde niño a la fecha me han impedido jugarla como pelotero aficionado y/o de barrio.

Siempre he sido un espectador pasivo. A pesar de ello, las
circunstancias políticas y sociales, a las que me he referido anteriormente, me han facilitado desarrollar
una muy especial sensibilidad que no es exclusiva mía ni mucho menos, porque en definitiva es innata en la mayoría de los cubanos que nos lleva en múltiples ocasiones a medir el pulso del país, por el pulso de la pelota en la población. Precisamente a ese punto es que quiero llegar en mi participación y evaluación del debate surgido. Porque considero que lo importante es que se abra el diálogo, la libertad de expresión, el respeto por la opinión diferente, la búsqueda de los consensos participativos y el derecho a opinar. Son fórmulas y actitudes imprescindibles para estos tiempos tanto para los cubanos como para todos los pueblos del mundo.

En consecuencia al respecto del debate en cuestión, debo decir que soy por habanero y por historias concretas seguidor de Los Industriales. Y planteo entonces, que si bien he rechazado algunos de los métodos autoritarios de Víctor Mesa con los peloteros en los equipos que ha dirigido, en honor a la verdad también comprendo que en otros han sido muy efectivos. Entonces sin apasionamiento planteo mi opinión en el sentido que si Víctor Mesa levanta el ánimo de Los Industriales y supera sus explosividades de trato en el terreno, bienvenido sea, porque en Cuba necesitamos ánimos y seguridad en nosotros mismos para enfrentar todo lo que tenemos por delante y para ello la pelota idiosincráticamente es esencial. Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar, con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

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