Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , ,


Por todas las latitudes las confrontaciones se agudizan y los silencios no son buena respuesta para nadie.

CRÓNICAS CUBANAS.

Por Félix Sautié Mederos

Queridos lectores de Crónicas Cubanas, les confieso que de momento no pensaba escribir una nueva Crónicas Cubanas. En realidad, sopeso la necesidad de hacer reflexión profunda, antes de apresurarnos a expresar criterios que puedan no coadyuvar a la lógica cordura que nos exigen las coyunturas verdaderamente dramáticas que estamos viviendo en nuestro mundo actual. Como nunca antes, en mi criterio nos encontramos al borde de una verdadera hecatombe que podría hacer realidad a las múltiples profecías que en el devenir de los tiempos han anunciado el fin del mundo, entendiendo como “mundo” en específico al fin de la vida en la tierra. Aunque reconozco que en el
Apocalipsis del Nuevo Testamento, aparece reflejado el Universo en su conjunto, pero más bien quizás como telón de fondo a nuestra propia hecatombe terrícola. Todo es un problema de interpretación del denominado “lenguaje de todos los tiempos” en que está expresada la Biblia en su conjunto; y también podría decirse que es utilizado en muchos de los libros sagrados y trascendentales de las más diversas culturas y escuelas milenaristas. Ante estas urgencias, si bien la reflexión es imprescindible, optar por el silencio conspira en contra del Tiempo necesario para la paz y la convivencia que nos pongan verdaderamente a salvo, para que haya paz, vida y desarrollo para todos

En este orden de cosas, quiero expresar además que es ilusorio conducirse como si Cuba estuviera exenta o inmune, por decirlo de alguna forma comprensible, de esas graves situaciones anunciadas que se están manifestando en verdad fuera de nuestras fronteras. En específico, en los orientes Medio y Lejano, con las crisis de Siria y las amenazas reales en la península de Corea como puntos del iceberg más visibles de toda una situación, que por esos lares se generaliza cada vez más; así como por lo que está sucediendo actualmente en la Venezuela bolivariana, víctima de ataques injustificables por su decisión de tratar de tomar las riendas de su propio destino; con aciertos y errores, es cierto, que no justifican en mi opinión las violencias y agresividades que allí se reproducen día a día.
Percibo, desde mi Rincón de Centro Habana, un ambiente de quietud y silencio que cada día se hace más acrítica de todo, como si no estuviera sucediendo algo que es trascendental en el trasfondo internacional del que formamos parte, que requiere de una
extraordinaria unidad de contrarios con el más pleno respeto de la opinión diferente, para hacer del diálogo de todos con todos el instrumento de convivencia y de paz hacia el futuro que nos permita enfrentar efectivamente los barruntos de guerras y hecatombes que nos llegan desde afuera y que no harían distinciones ni con los que están en contra o están a favor. Circunstancias en las que, por encima de todos, deberían primar los intereses esenciales de identidad nacional, por encima de cualquieras otros intereses de partes, por muy válidos que puedan considerarse por las partes implicadas (y valgan las redundancias del término partes) dentro de la geografía y la sociedad en que necesariamente tenemos que convivir.

Todos estamos en el mismo saco, porque todos podemos desparecer. Las fuerzas del mal, cuando se desencadenan, no hacen distinciones ni cualitativas ni de distancias. Allá los dogmáticos detenidos en el tiempo que viven inmersos dentro de sus dogmas y optan por el inmovilismo y la ausencia de las necesarias creatividades mientras que el mundo en que todos convivimos se encuentra en los bordes de la desaparición total. El silencio, la no participación directa y el detenerse en el tiempo a esperar mejores circunstancias que nunca llegarán si no las creamos por nosotros mismos, es como la muerte de un suicido anunciado. En estas circunstancias la política del diálogo es para todos en todas las latitudes sin excepciones, una urgencia de vida o muerte.

Así lo pienso y así lo afirmo con mi solidaridad para los pueblos implicados en estas amenazas. En el especial para el pueblo venezolano y su Revolución bolivariana, amenazados por los odios y las violencias de quienes no consideran el diálogo como la única solución efectiva de un verdadera convivencia. Digo sí a la paz y al diálogo y no a las violencias y la irracionalidad de los silencios culpables. Todo ello con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

Anuncios