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Por Félix Sautié Mederos

Hace algunos días, precisamente el pasado 16 de febrero del 2017, cumplió 89 años de fructífera edad Don Pedro Casaldáliga, Obispo emérito de la Prelatura de Sao Félix do Araguaia en el Matto Grosso Brasileño; ámbito selvático en la Amazonia de aborígenes y luchadores sin tierra de Brasil, cuyos pueblos sufren en la actualidad del peor de los gobiernos suramericanos de esta época, integrado por farsantes y ladrones de cinismo sin igual; a donde se ha quedado a vivir Don Pedro para no regresar nunca más a su Europa natal en la Cataluña querida, que siempre ha llevado en su alma del misionero claretiano que es y que un día optó por irse definitivamente hacia las misiones en las más apartadas regiones de Nuestra América, en donde permanece casi 50 años esparciendo las semillas evangélicas de la verdad, el amor y la opción por los pobres que predicó Jesús de Nazaret.

Pedro, como simplemente le dicen muchos de sus más cercanos
seguidores, se definió a sí mismo en un poema que con la sencillez que lo caracteriza, lo retrata, en su verdadera humanidad de Obispo cercano a los pobres y a los desposeídos de la tierra. En este orden de cosas, no le han faltado amenazas, intentos de asesinatos y gestiones oficiales para expulsarlo definitivamente de Brasil. Todas frustradas hasta el momento. Desde que conocí su poema sobre sí mismo, también titulado ME LLAMARAN SUBVERSIVO, lo identifico plenamente con él y sus luchas. No me canso de recitármelo a mismo. Cito pues algunas de sus estrofas más sentidas y definitorias que nunca podré olvidar:
Con un callo por anillo,

Monseñor cortaba arroz,

¿Monseñor ‘martillo

Y hoz?

Me llamarán subversivo.

Y yo les diré: lo soy.

Por mi pueblo en lucha ,vivo

Con mi pueblo en marcha,voy.

Tengo fe de guerrillero

Y amor de Revolución.

Y entre Evangelio y canción

Sufro y digo lo que quiero…

También entre muchos otros hermosos poemas, Don Pedro tuvo la valentía de cantarle al Che, lo que es muy significativo de su opción por la justicia y del amor a los pobres de la tierra, por los que Che entregó su vida; lo cual tampoco nunca podré olvidar: Cito dos párrafos:

Y, por fin me llamó también tu muerte

Desde la seca luz de Vallegrande.

Yo, Che, sigo creyendo

En la violencia del amor ( Tú mismo

decías que ‘es preciso endurecerse

sin perder nunca la ternura)….

Finalmente, quiero expresar que Don Pedro durante su último viaje a Cuba, en febrero de 1999, no se cansó de hablarnos y de predicar sobre su amor por la vida y por los pobres de la tierra. Nunca podré olvidar que me tocó acompañarlo y reseñar la mayor parte de sus intervenciones, que las considero de un valor coincidente con los tesoros que Jesús nos plantea acumular en el cielo en “donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roban. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.” (Mateo 6, 20 y 21 .BJ.). Fueron intensas jornadas reseñadas en el Libro Evangelio y Revolución (1). Muy extensas para reseñarlas en un única crónica, pero en resumen quiero decir que Pedro fue incansable recorriendo espacios, alentándonos en favor de la esperanza, de una fe inconmovible capaz de mover montañas, de un Jesús verdadero Dios y verdadero hombre, de una Iglesia encarnada en el pueblo de Dios y de una Teología de la Liberación comprometida con la opción evangélica de Jesús por los pobres de la tierra con los que nuestro Apóstol José Martí quiso su suerte echar. Dentro de todo el material teológico y revolucionarios que en aquellos días nos legó Don Pedro, no puedo olvidar su poema a la Virgen de la Caridad compuesto especialmente para traérnoslo durante su visita a Cuba:

Virgen de la Caridad,

Mina de amor en El Cobre,

Madre de toda orfandad,

Hermana del pueblo pobre.

Cuba es tuya, eres nuestra,

desde la Sierra Maestra a

los confines del mar…

Y con tu gracia señora,

Cuba sabrá ser ahora

Patria, Justicia y altar.

Podría aportar muchas cosas más, quizás en el futuro lo haga, pero quiero añadir que Don Pedro compuso para el final de su viaje una “DECLARACIÓN DE AMOR A LA REVOLUCIÓN TOTAL DE CUBA”, que es muy extensa para citarla, solo quisiera referirme a unas frases suyas muy profundas dirigidas a Fidel, que sintetizo: “Fidel…tú y yo podemos muy bien ser al mismo tiempo creyentes y ateos. Ateos del dios del colonialismo y del imperialismo…Y creyentes por otra parte del Dios de la vida y la fraternidad universal….”.

Así lo viví y así lo expreso con mis respetos para la opinión diferente y sin querer ofender a nadie en particular. ¡Albricias por los 89 años de don Pedro!

1- Evangelio y Revolución, Pedro Casaldáliga, Félix Sautié y Benjamín Forcano. Editorial Nueva Utopía, Madrid, 2000.

Publicado en el periódico Por Esto! de Mérida Yucatán, México, Sección de Opinión , el lunes 27 de febrero del 2017.

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