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Por Félix Sautié Mederos

Mucho revuelo mediático se ha creado con la decisión de los gobiernos de Estados Unidos y Cuba de eliminar la política de “pies secos y pies mojados”, que incita a la emigración ilegal; y que verdaderamente es muy riesgosa para los cubanos que por distintas vías cargadas de peligros ponen en riesgo sus vidas para emigrar, incluso usando la vía marítima en frágiles embarcaciones muchas veces improvisadas con naufragios, desapariciones y ahogamientos que han convertido al Estrecho de la Florida en una gran fosa común.

Desapasionadamente, considero ha sido una decisión muy importante que significa una victoria diplomática del diálogo respetuoso, para solucionar un grave problema; pero ojo además de la persistencia del Bloqueo que tanto daño ha hecho a Cuba, y de la Ley de Ajuste Cubano; queda pendiente lo que sería en mi criterio, una verdadera y raigal solución completa del problema en su conjunto. Ya que considero que es preciso realizar sin posiciones preestablecidas, un análisis a fondo de las causas que están determinando esa fuga permanente y sistemática de la población. Son cuestiones que van muchas veces más allá de las ideas políticas y sociales e incluso también de la situación económica de algunos quizás no de la mayoría, que de conjunto han determinado el cálculo que anda rondando por ahí en el que se estima que un 11% de la población cubana vive fuera del país. Es pues, evidente que estamos ante un problema complejo que necesita soluciones complejas que no pueden ir en una sola dirección.

Si todo se queda solo en la eliminación de esta política evidente errada y dañina y de que se derogue la Ley de Ajuste Cubano y no se analizan y se toman medidas para contener las causas internas; entonces todo y valga la redundancia del término, podría empeorar sensiblemente. En esto la solución no puede ser acallar las realidades subsistentes. De nuevo el secretismo será mucho más dañino que la información y el debate público y abierto, porque el problema no puede ser solucionado por si solo ni por algo caído del cielo. Las soluciones tienen que ser raigales y profundas con la participación de todos, especialmente de los jóvenes que día a día se hacen por derecho propio de su edad, dueños del presente y emperadores del futuro, cuando ya no estemos presentes las generaciones de la Revolución Triunfante.

Hay que preguntarse por la falta de creatividad que subsiste en la Cuba de hoy. Creatividad que es un don natural de la vida, y que ha estado contenida durante mucho tiempo por la acción de un único criterio y una única forma de resolver los problemas, que en muchas ocasiones hacen insostenibles las situaciones que se le plantean a muchos jóvenes todos de a pie se abren a la vida. Especialmente cuando los horizontes de futuro se cargan de consignas promisorias, mientras que aparecen ensombrecidos por realidades que empeñan ese mismo futuro. En mi opinión de viejo revolucionario que vengo de los años 50 del siglo pasado, ahí está el meollo del problema que se abre para el país ahora con mayor fuerza que nunca. Esto es urgente tomarlo en consideración, porque las generaciones de la Revolución insurgente y Triunfante, ya estamos terminando nuestro ciclo de vida; y tenemos la obligación moral ineludible con la Patria, con la Historia y con los que vienen detrás de nosotros de quitar del medio los escollos que nosotros mismos hemos creado o que desde el exterior se han planteado para complicarnos la vida. Compulsar y ahogar a las responsabilidades del pensamiento para buscar complacencias temporales que agravarán las situaciones, no es el camino a seguir.

Si cuando la República de los años 40 y 50 se hubiera aplicado esa lógica, todo hubiera continuado igual y no se hubiera producido la Revolución Cubana. El momento es por tanto de cambiar todo lo que deba ser cambiado rechazando de plano el concepto gatopardiano de cambiarlo todo para que no cambie nada. Hay que cambiar todo lo obsoleto y abrirse a una modernización verdadera y profunda, sin miedos inducidos ni dudas de quienes ya estamos envejecidos y el paso de los años nos hace conservadores por naturaleza biológica y social. Los tiempos han cambiado y hay que resolver efectivamente que se pueda salir, estar a fuera todo el tiempo que se quiera y volver a entrar sin restricciones de ningún tipo e incentivar con iniciativas y aperturas concretas la permanencia en el país. Eso no es extraño ni nuevo en el mundo. Eso es natural, justo y lógico.

Hay que abrirse al mundo de la ciencia y de las nuevas tecnologías de la información que están renovando al planeta y posiblemente al universo, no vaya ser que nos quedemos atrás para siempre y
despoblados con una población cada vez más envejecida. Muy pocas familias cubanas no tienen a nadie afuera que haya emigrado, luego hay que plantearse de fondo lo que tenemos que hacer adentro sin echarle la culpa solo a los demás; para crear una República en la que quepamos todos, de derecho, democrática de justicia social, próspera, sostenible, con igualdad de oportunidades y donde la participación y la creatividad sean potenciadas al máximo posible.

Así lo pienso y así lo afirmo en mi derecho a opinar para que no haya derrumbes totales y se salve todo lo positivo de la Revolución, negando para siempre lo negativo tal y correspondería a un análisis verdaderamente marxista, porque el marxismo es un concepto filosófico que no tiene dueños particulares, infalibles, ungidos o consagrados. Lo afirmo todo con mis respetos más plenos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

Publicado en el periódico Por Esto! de Mérida, Yucatán , México, el miércoles 17 de enero del 2017.

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