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En ocasiones culminantes, en que todo se conmueve a mí alrededor, regresa a mi mente con mucha fuerza aquello que una vez dijo el poeta -si mal no recuerdo, Ramón de Campoamor-, y que parafraseo: “… nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Confieso que, de nuevo, este pensamiento copó mi mente hace algunos días, mientras observaba por televisión los programas originados en Colombia con motivo de la firma de la Paz entre el Gobierno y las FARC. Todo muy simbólico y emocionante, pero quizás lo fundamental para mí no fue aquello que estaba sucediendo, sino mi preocupación por lo que iba a pasar en la etapa posterior, después de que fueran o no refrendados por el plebiscito popular esto acuerdos, lo que lamentablemente resultó que ganó el no ratificarlos. Entonces, ahora va a comenzar algo que considero crucial, reconducir el camino para que haya paz en definitiva en Colombia, pero paz verdadera. Por otra parte, debo añadir que en aquellos momentos de la firma no pude evitar en mi mente el pensamiento profundo al respecto de los aspectos conceptuales esenciales allí planteados, junto con lo que para mí es pasión y obsesión: la realidad que estamos viviendo en Cuba
actualmente, y quiero explicarme al respecto en esta “Crónicas Cubanas”, sin hacer injerencias en los asuntos internos de Colombia, que tienen que ser resueltos por los propios colombianos.

Volviendo al tema que me propongo exponer, quiero referirme a lo específico que quiero plantear al respecto, más allá de los resultados del plebiscito. Después de la ceremonia de firma de los acuerdos, Telesur transmitió un programa de la reconocida activista colombiana por la Paz Piedad Córdova, denominado “Causa Justa”. Fue un programa testimonial muy sentido y lo que más me llamó la atención y me trajo esos recuerdos a que me refiero en el primer párrafo, resultó ser el planteamiento muy directo y profundo de la destacada activista colombiana protagonista de mil batallas por la paz en su país, en el sentido de que pensar diferente no es ser terrorista. Bueno, no es mi propósito relatar todo ese programa que mucho me impresionó por el testimonio tan profundamente humano que plantea, sino referirme al hecho del planteamiento de esa expresión a que me refiero
conceptualmente válido en todas partes, que en sí mismo y en boca de una luchadora social de izquierda que tanto respeto, constituye un concepto ejemplarizante para Colombia y para el mundo del cual Cuba no es una excepción. Entonces fue cuando me recordé con mucha fuerza de la frase que se expresó por el poeta de que todo es según el color del cristal con que se mira, a lo cual en otras ocasiones me he referido en mis Crónicas Cubanas.

Pensé mucho, pues a mi edad después de haber vivido tanto y de mis luchas por la esperanza, especialmente en las circunstancias que estamos atravesando en la Cuba de hoy, ya no puedo evitar pensar mucho y muy profundamente y que se conmocionen mis sentimientos. Reitero que ello me sucedió en esta oportunidad, ante el concepto tan diáfano y decisivo expresado por alguien de tanto prestigio de Paz y que es una persona indiscutiblemente progresista y revolucionaria. Por tanto Piedad Córdova, considero que afirmó algo que en mi opinión también cala profundamente en el proceso revolucionario cubano.

En estas circunstancias, no pude olvidar tampoco al Che en los primeros años de la Revolución triunfante y a sus debates públicos sin las cortapisas excluyentes de hoy. A esta altura de los tiempos que han transcurridos después del inicio de la Revolución Triunfante en enero de 1959, no puedo negar que soy un militante revolucionario que ama esencialmente a la paz, al encuentro y al diálogo y que respeta con todo sus sentimientos cristianos, progresistas y de izquierda al pensamiento diferente; lo que desde hace años reitero con el exergo con que termino mis Crónicas Cubanas. También debo añadir que algunos meses atrás publiqué una crónica en Por Esto! al respecto de mi afirmación de militante revolucionario (1).

En estas circunstancias específicas, en mi criterio es imprescindible que los cubanos todos sin excepción asimilemos este planteamiento de Piedad Córdova, para que la Paz se enraíce en todas partes de las que Cuba tampoco es una excepción de necesitarlo dramáticamente tal y como algunos se esfuerzan en preséntanosla. Ahí se puede encontrar precisamente el meollo de lo que significa esta concepción sobre el pensamiento diferente. Ese respeto por la opinión diferente tiene que ser universal, recíproco y en todas partes, y es decisivo para construir y cimentar a la PAZ. En consecuencia, si es válido para la nueva Colombia que se abre con los Acuerdos firmados en Cartagena de Indias y elaborados consensuadamente entre las partes beligerantes en La Habana, por los que tanto colaboró el Gobierno Cubano,
necesariamente también tiene que ser válido para la Cuba de hoy en donde nos urge el encuentro y el diálogo de todos con todos en la diversidad y el respeto mutuo por la opinión diferente, para poder enfrentar el presente y el futuro que tenemos por delante. La Patria Cubana no podrá alcanzar el desarrollo que tanto anhelamos los cubanos, sin la participación, la concertación y la no exclusión de los pensamientos diferentes de todos sus hijos estén en donde estén. Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar, con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular

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