El conformismo constituye una actitud antinatural, porque niega la dialéctica de la vida, que es motor del desarrollo de la humanidad que se ha erguido y avanzado de sus estadios iniciales, desde el tiempo de las cavernas a la época actual de la conquista del Cosmos, la biotecnología, la digitalización e INTERNET que han transformado a nuestro planeta en una aldea global intercomunicada en tiempo real con desarrollos jamás soñados. Si nuestros ancestros de las cavernas se hubieran dejado llevar por el conformismo y hubieran quedado detenidos en el tiempo en sus estatus iniciales, todavía estuviéramos viviendo en aquella etapa o hubiéramos desaparecido definitivamente de la faz del universo. Incluso puedo decir que, desde el punto de vista de la fe Cristiana – que en su verdadera concepción teológica no es conformista, porque insta al seguimiento de la obra de Jesús que fue todo acción en su paso sobre la tierra-, el concepto de la “imagen y semejanza de Dios” inherente a la condición humana constituye la base que sustenta la creatividad que es el rasgo más decisivo del anti conformismo. El conformismo lo considero además, en consecuencia, una actitud retardataria y por tanto reaccionaria que, de conjunto con el miedo al cambio, puede entorpecer, detener y/o dañar sensiblemente al desarrollo de la vida y de la sociedad.

Escribo sobre el conformismo porque lo palpo, quizás con mucha más intensidad que nunca en estos momentos cruciales de nuestra historia y lo considero una actitud retardataria que se opone a cualquier cambio, incluyendo especialmente a lo que se ha planteado de “cambiar todo lo que deba ser cambiado”. Percibo que crece por días en el medio en que me encuentro enclavado, unos por desidia, otros por miedos y/o por falta de fe y esperanzas. En estas circunstancias, los que se han detenido en el tiempo a favor y/o en contra mantienen vigentes sus “no dinámicas de vida”, creando la sensación de que los cambios son siempre muy riesgosos y que de lo establecido es lo más sólido y seguro, desde lo cual podría edificarse y salir un futuro promisorio, sin que los cambios sean necesarios.

El conformismo está emparentado con el triunfalismo que todo lo ve bien, que no admite que se equivoca y que rechaza a la crítica y la convierte en una acción enemiga, lastrando definitivamente en consecuencia cualquier desarrollo, porque además para algunos negando la dialéctica de la vida, todo ya cambió definitivamente desde el Triunfo de la Revolución en 1959. Los conformistas son pues enemigos de la crítica sin importar que sea objetiva o no, justa o injusta; ellos no critican nada, no se atreven a hacerlo porque incluso en muchas ocasiones el miedo los domina. Estas concepciones filosóficas existenciales de conjunto dan base conceptual y valga la redundancia para frenar la creatividad, el inconformismo y la protesta por lo mal hecho que propugna la necesidad de los cambios dirigidos a renovar positivamente a lo establecido y con ello a sus sostenedores oficiales.

El conformismo es una de las actitudes más extendidas en la
actualidad, que deberíamos combatir con fuerza para logar el cambio de mentalidad que es imprescindible en la Cuba de hoy, porque las mentalidades viejas en complicidad con el conformismo, la
centralización y el autoritarismo detenidos en el tiempo frenan la edificación de un futuro verdaderamente promisorio.

Así lo pienso y así lo afirmo en mi derecho a opinar con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

Anuncios