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CRÓNICAS CUBANAS,

Por Félix Sautié Mederos

En diversas ocasiones he ponderado la valoración que nos hacemos los que vivimos en las islas, alejados de los continentes que se pueden recorrer por tierra, sobre la posibilidad de viajar al exterior de nuestros ámbitos geográficos y nacionales. Además, potenciadas en Cuba con mayores limitaciones ya que, en un tiempo no muy lejano, teníamos que obtener un permiso del Gobierno para gestionar nuestras visas de viaje, que en la mayoría de los países civilizados se nos exigía entonces y aún hoy inflexiblemente, muchas veces con mayor rigor que a otros dado el fantasma de la diáspora cubana que crece de modo galopante. Son realidades y secuelas a las que tenemos que imponernos cada vez que nos proponemos realizar un viaje, aún en los momentos actuales en que ya no existen las prohibiciones de antaño, pero que todavía nos quedan sus huellas, sembradas en nuestras conciencias de ciudadanos, muchas veces limitados en el ejercicio de nuestros derechos.

Con estos sentimientos muy presentes, así ha sido que en este verano 2016, nuevamente emprendí un viaje a la España de mis ancestros, para encontrarme con mis amigos y compañeros de la Revista Tiempo de Paz del MPDL de España (Movimiento español de la Paz) de la cual me desempeño como Corresponsal Permanente en La Habana Cuba. También con mis hijos de crianza y mis nietos andaluces que allí viven, los que forman parte esencial de la amplia diáspora que hoy dispersa por el mundo a mi familia, de manera similar a lo que sucede con una creciente porción de los núcleos familiares cubanos en la actualidad.
Las emociones que he vivido en esta ocasión fueron múltiples, algunas de las cuales se las quiero comentar a los lectores de Crónicas Cubanas, como parte de mi testimonio de vida en la complicada época actual; la que en mi criterio, nos da la impresión de encontrarnos perdidos dentro de un extendido punto de inflexión que se nos manifiesta con características y complejidades específicas en las diversas latitudes de un planeta que sufre por las desidias con que se trata su medio ambiente. Malos tratos que lo extinguen día a día, junto con las guerras y los conflictos que colman a nuestra
contemporaneidad.

En España me encontré con una crisis profundamente maquillada en la que los que la sufren en carne propia, son ocultados por una acción prácticamente concertada de algunos de los esenciales medios masivos de comunicación, en contraposición con el crecimiento de un consumo muchas veces a crédito que empeña a la ciudadanía. Mientras tanto, los partidos políticos del país no se ponen de acuerdo para establecer un gobierno estable, capaz de ejercer la gobernabilidad necesaria, en lo que pudiera ser en mi opinión muy particular un signo de los nuevos tiempos. Un estado que vive y funciona sin Gobierno, con un gobierno en funciones con limitadas posibilidades de gestión. En los tiempos de mi viaje, también viví las reacciones y miedos europeos en España relacionadas con la aprobación del “Brexit” en una Inglaterra que abandona a pasos agigantados a Europa. Coincidentes con que en la propia España continúan las acciones específicas en Cataluña, para avanzar hacia lo que eufemísticamente algunos han denominado como la “desconexión con España”, que no es otra cosa que el establecimiento de Cataluña como un país independiente, lo que en Cuba específicamente se me hace muy difícil de comprender; porque, desde que nací, España y mis ancestros siempre han sido una unidad y, por ello, no me pueden criticar los nacionalistas; porque en América Latina, en general, de manera inmemorial se habla en español y se conocen a todos los españoles como nuestros abuelos a los que sin excepciones los denominamos “gallegos” . Por otra parte, experimenté intensas reacciones más de cerca que desde Cuba, motivadas por los atentados terroristas en Francia y en otros países Además, pude palpar controvertidamente un extraordinario crecimiento del turismo en las Islas Baleares, especialmente en Palma de Mallorca, en donde pasé la mayor parte de mi tiempo de viaje con mi hija, mi yerno y mis tres nietos andaluces. Estuve, pues, en un mundo extraño, contradictorio y convulso.

Viví un conjunto de fenómenos superpuestos unos con otros. En resumen, una suma de experiencias y sentimientos encontrados que han marcado sensiblemente mi nuevo viaje al exterior con contrastes que aumentan mis preocupaciones existenciales sobre un presente muy complicado y un futuro incierto. Cuando salí de Cuba, apenas unas pocas semanas atrás, había una situación con cierta estabilidad en los comercios, los servicios públicos aunque siempre burocráticos así como de mala calidad y en el deficitario transporte en La Habana con cierto ritmo complementado por los “almendrones” o taxis colectivos. A mí regreso, me encuentro con los comercios medio cerrados, desabastecidos y con mucho calor ambiental por falta del necesario aire acondicionado sobre todo en agosto, junto con apagones concentrados en ciertos barrios y sectores. Una situación que comienza a ser muy complicada y premonitoria de los males mayores que nos recuerdan el Período Especial de los años 90, hoy considerado un verdadero tabú que no se debe mencionar.

En medio de todo esto, traigo a La Habana conmigo las vivencias inolvidables con mis nietos andaluces ahora más crecidos y con mayor conciencia de que poseen una familia en Cuba, unidas a la amistad de mis amigos de siempre que se desvivieron por atenderme. Todo en una suma de afectos especiales porque entre Cuba y España hay lazos que pasan por encima de los avatares de la historia y de la política, que nos funden en una misma familia con unas enriquecidas etnias hispano africanas, que nos enaltecen como mestizos de las dos orillas y un sentimiento común por un futuro de paz, convivencia y amor.

Así lo he vivido durante 76 intensos días, así lo pienso y así lo testimonio con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

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