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CRÓNICAS CUBANAS,

Por Félix Sautié Mederos

En ocasiones aparecen caminos y soluciones necesarias cuando más se complican las cosas. Muchas veces suelen asomarse por algún resquicio de la sociedad, no tomado en cuenta por parte del pensamiento oficial que pretende controlarlo todo y que se considera infalible. La sociedad es un ente con vida real que en sus circunstancias, improntas y consecuencias posee movimiento propio e independiente de nuestras voluntades individuales, por muy encumbradas que puedan encontrarse. Lo que planteo, suele suceder cuando transcurre un día tras otro que se convierten en semanas, meses y años por causa de la acción del inmovilismo que lo complica todo; auxiliado por la represión del pensamiento y de las voluntades. Es cuando, ocasionalmente, se llega a un momento en que no se aguanta más; y que como ha dicho el Che, entonces hay que rectificar, aunque algunos con poder suficiente para ello se resistan a hacerlo. En estas circunstancias y coyunturas, aparecen puntos de inflexión que, de no comprenderlos adecuadamente, pueden desbordarlo todo.

Lo que planteo está sucediendo en nuestro país en la actualidad, muy a pesar de los recorridos de dirigentes importantes muy publicitados por la televisión nacional, cargados de consignas y de “palabras mágicas”, como son las reiteradas exhortaciones a “producir más”, “aumentar la productividad”, “tener sentido de pertenencia”, manifestar
“disciplina social” y otras frases acuñadas sin plantearse lo que es verdaderamente necesario para lograrlo, que por su reiteración hieren nuestros oídos cansados de tantas palabras vacías. Quienes así se manifiestan, lo hacen sin tener en cuenta la necesidad de los cambios profundos de lo que reiteradamente no ha dado resultado que, por demás, deberían comenzar por el retiro definitivo de quienes no se cansan de repetirlas y de justificar los incumplimientos que se cosechan, muchos de los cuales son informados por los medios masivos locales.

En estos escenarios que describo, cada vez se hacen más
imprescindibles el debate y el diálogo profundo verdaderos, sin exclusiones onerosas, más allá las campañas galopantes que se quedan solo en eso. He pensado mucho en estas cuestiones cuando leí el artículo cargado de valentía y honradez de pensamiento del destacado economista cubano Humberto Pérez, quien fuera vicepresidente de gobierno encargado de la economía hace algunos años, titulado “NECESITAMOS SOCIALISMO Y REALISMO”; que ha generado un fecundo debate en mi criterio muy personal, que no debería ser entorpecido por los inmovilistas de siempre, tal y como ha sucedido en otras ocasiones con iniciativas parecidas. En este diálogo sobre economía, han comenzado a participar destacados intelectuales que no me atrevo a relacionar, porque estoy seguro que en la medida que transcurran los días se irán incrementando y no quiero caer en omisiones de
participantes, porque hasta eso puede ser perjudicial a algo que lo veo en el término de “Ahora o Nunca…”. Hay oportunidades que aparecen en los momentos extremos como he comenzado a plantear en mi Crónicas Cubanas de hoy, pero que cuando se desestiman no se vuelen a repetir.

En mi criterio estamos, pues, en uno de esos momentos, dado el debate abierto en las bases partidarias de los documentos del VII Congreso del Partido y que considero debería realizarse con toda la población por la trascendencia del momento, de las circunstancias y del futuro que se nos viene encima en mundo cambiante y cada vez más peligroso. No puedo olvidar las reformas que impulsó Humberto Pérez cuando estuvo al frente de la dirección de la Economía en el país hace algunos años, allá por los 70 del Siglo pasado y las reacciones dogmáticas del momento en que todo se cortó. Es algo que viví muy directamente y lo planteo con toda franqueza, porque en este tiempo transcurrido desde entonces, caracterizado además por el ordeno y mando así como la centralización y los oídos sordos que han empeorado las crisis que hemos sufrido. Me refiero el derrumbe del Muro de Berlín y a la caída abrupta de nuestra economía, junto con los errores de un idealismo que se considera infalible y que no ha admitido ni críticas ni
alternativas.

Lo concreto, ahora, es que cada vez tenemos menos tiempo porque estamos dentro del precipicio tan anunciado; aunque se abren posibilidades de salir adelante, conjuntamente con un pragmatismo que poco a poco se ha ido posesionando. En estas circunstancias, comienzo por saludar el debate de quienes tienen cosas importantes que decir, además de conocimiento, capacidad y experiencias, porque estimula a salirse del letargo creado por el “más de lo mismo” de siempre y por las palabras mágicas a que me refiero. Hay improntas que en todo este tiempo abordado en el análisis del debate que han sido determinantes en los resultados y consecuencias que estamos viviendo durante largos años; y a reserva de que en otras crónicas continúe opinando sobre el debate abierto, dado el espacio con que cuento, quiero dejar apuntadas muy sintéticamente algunas cuestiones que considero esenciales al respecto:

– Las sistemáticas exclusiones de las ideas, criterios y personas que no concuerden con el pensamiento oficial establecido.

– La reiteración hasta el cansancio y sin tomar en cuenta los fracasos y resultados fallidos de un “más de lo mismo” que aburre e irrita a la población.

– El ordeno y mando en la economía nacional más allá de sus leyes y desenvolvimientos objetivos.

– La oposición de las consignas al pensamiento objetivo.

– El acotamiento de límites infranqueables más allá de los que las realidades hacen necesario.

– La presencia gastada de personas que se erigen en determinantes y que lo complican todo.

– La mezcla de burocratismos y corrupciones que se esconden detrás de la política de Plaza sitiada.

– El aquí nadie tiene la culpa de lo que sucede que muy
profesionalmente ha descrito mi colega Fernando Ravsberg en un artículo suyo muy objetivo con el que concuerdo plenamente titulado: “Cuba, donde la culpa no la tiene nadie”, junio 16, 2016.

Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar, con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

Publicado en el periódico Por Esto!, sección Opinión, el lunes 27 de junio del 2016

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