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CRÓNICAS CUBANAS,

Por Félix Sautié Mederos.

Hay circunstancias y sentimientos que marcan nuestra vida y que se magnifican cada vez que se reiteran y/o interponen unos con otros. Son improntas del alma, que no es posible evadirlas cuando forman parte de nuestra identidad e incluso de nuestro devenir cotidiano. Además, a veces coincide que tenemos que alejarnos de ellas por alguna determinada razón, como puede ser salir de su ámbito de manifestación, lo que nos entristece profundamente. Por otra parte, considero que no se puede pretender ser cronista de una época sin tener el valor de plantear y relatar crudamente la verdad de lo que vemos y de lo acontece, sobre todo en estas coyunturas a que me voy a referir. Una de esas circunstancias para mí es tener que viajar fuera de La Habana cuando se producen acontecimientos que considero muy importantes y tengo que alejarme por un tiempo de ellos. Este año me ha sucedido dos veces, primero cuando Francisco nos visitó y ahora cuando se inaugura el monumento conmemorativo de La Habana Ciudad Maravilla con un hermoso programa de varios días, bien merecido por nuestra ciudad del alma.

Soy habanero de nacimiento y me parece que revivo dentro de sus ambientes y no puedo dejar de plantear lo que veo y lo que siento en estas circunstancias. Para mí esa proclamación de Maravilla es un acto de justicia, pienso que quizás en cláusula mortis y no quisiera ensombrecerlo, pero hay realidades que se imponen y que nunca sería honesto silenciarlas. Principalmente cuando las dolencias se han extendido en una metástasis demasiado profunda, porque en La Habana de hoy, quedan pocos rincones sin exhibir ruinas y abandonos, lo que nadie me puede negar. Bastaría caminar un poco por sus calles para verlo con nuestros propios ojos. Sufro amargamente porque La Habana ha sido durante muchos años abandonada a su suerte, incluso se la ha culpado de los males de otras poblaciones del país. Así como lo digo; no es exagerado y ¿cuáles han sido los resultados?: sus ruinas de lo que en 500 años se logró y que la hizo Maravilla, ya algunas de ellas no será posible reconstruirlas.

A veces pienso que esos abandonos no se han tomado en consideración en sus verdaderas consecuencias; y, algunos lo justifican todo, pero realmente valdría la pena preguntarse: todos ¿tienen
justificación?…; la vida lo dirá porque el tiempo y la historia son jueces implacables. Me refiero a lo que ha significado haberla abandonado a su suerte, porque además del rigor del bloqueo que es real para todo el país, ha tenido que sufrir a las burocracias ensordecidas que no escuchan los planteamientos de sus ciudadanos, que no son respondidos adecuadamente y muchas veces son tenidos a menos. También habría que recorrer sus barrios y hablar con sus vecinos y se verá cuántas angustias, cuántas esperas, cuántos burocratismos por parte de quienes debían atender sus quejas y explicar con claridad de manera convincente sin más de lo mismo las dificultades, buscando alternativas porque siempre hay alternativas; para eso hemos sido dotados de la creatividad humana que podemos ejercerla por la vía de la voluntad; pero cuando esa voluntad falta, cuando se impone el desinterés y el desamor, entonces los resultados son los mismos que estamos observando. Cualquier asamblea de rendición de cuentas de una circunscripción urbana habanera, si tomara al azar, puede ser un muestrario de lo que planteo.

Lo afirmo porque no van a faltar los que siempre están de acuerdo con todo lo que venga de arriba, para decir que exagero. Vivo en Centro Habana en muchas ocasiones lo he escrito en mis crónicas. El Monumento Maravilla se ha emplazado a unas pocas cuadras de mi casa, en la explanada de la Punta en el Malecón habanero frente al mar que se abre al Golfo de México en donde cuando se publique esta crónica se habrá inaugurado ya ese pedestal que conmemora la selección de La Habana entre las 7 ciudades Maravilla del mundo. El reconocimiento lo considero más que justo, porque ya lo dijo Gabriel García Márquez y me permito recordarlo, cuando expresó que con sólo recorrer a La Habana encontraba por todas partes a lo real maravilloso.

Estamos a poco espacio de tiempo de que La Habana cumpla sus 500 años y cada día que transcurre se podrá hacer menos por su recuperación ¿a qué se espera…? Este año cumplirá su 497 aniversario y recuerdo que Eusebio Leal, el Historiador de La Ciudad, a quien hay que reconocerle por sobre todo que ha entregado su vida por salvar a La Habana, expresó algo que reitero porque raigalmente estoy plenamente de acuerdo con él, lo planteó cuando se cumplía el 496 aniversario el año pasado en un llamamiento público y cito: “el único camino para nosotros y para nuestros conciudadanos es contribuir, de una manera eficaz, a salvar nuestra ciudad”.

Que oigan los que tienen que oír, que se movilicen los que tienen que movilizarse ya que es su responsabilidad hacerlo, porque no hay ninguna excusa realmente válida, incluso cuando La Habana es indiscutiblemente el polo turístico más visitado del país y es probable que sea uno de los que más recaudan. Sobre estas situaciones concretas no se podrán hacer “historias”, como se dice en buen cubano, habría que recorrer las calles del Casco Histórico y del Centro, para ver el aluvión de visitantes. ¿O es que alguien podrá creerse otra cosa que no sea la desidia que produce las venalidades que se presentan, que vemos, palpamos, olemos y sentimos en las recogidas de basuras y la limpieza de las calles habaneras que no se realizan como corresponde? ¿Alguien pensará que así se podrá hacer un turismo efectivo y productivo cuando cada vez sea mayor el aluvión de visitantes interesados en ver nuestra Ciudad Maravilla?; quizás la “estática milagrosa” de los edificios en ruina, tristemente sea a primera vista una principal maravilla urbana a ver. Ese único argumento bastaría en mi criterio, para cambiarlo todo en La Habana comenzando por otra cosa que no sean justificaciones para mantener el más de lo mismo que nos está desarticulando. Pienso que esto debería ser la reconsideración de todos los que no faltaron en los primeros lugares de la inauguración del Monumento Conmemorativo de La Habana Maravilla y de sus posteriores actividades de celebración, previstas en plan que se elaboró al respecto.

Así lo pienso, y así lo expreso en uso de mi derecho a opinar y además de mi condición de habanero de pura cepa, con mis respetos para la opinión diferente y sin querer ofender a nadie en particular, pero parafraseando sin cansarme aquello que se expresa en el Evangelio: ¡Quienes tengan oídos para oír, oigan!

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