Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,


Por Rogelio M. Díaz Moreno

Hace pocos días se produjo la tan postergada publicación de la famosa “Conceptualización del modelo económico y social del socialismo de Cuba” –en lo adelante, Conceptualización. Muchos recordarán el revuelo formado por la polémica decisión de discutir este y otros documentos, a puerta cerrada, solo por personas cuidadosamente seleccionadas, durante el proceso del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba. El revuelo contra esta secretista política determinó que hoy podamos comprar en los estanquillos el inefable documento, por el módico precio de un peso cubano.

La importancia del panfleto estriba en que expresa la visión que tienen las autoridades que deciden sobre nuestro país y nuestras vidas como ciudadanía cubana. Y que es la que están decididos a implementar, apoyados en el gran poder que manejan –nos guste o no. Por lo tanto, analizar el documento críticamente resulta de la mayor importancia para todos los sujetos políticos nacionales; entre ellos, la izquierda anticapitalista, de la que formamos parte el colectivo Observatorio Crítico.

En sí, el documento de la Conceptualización es un ladrillo impotable, con 15 páginas de tabloide rellenas de líneas apretadas. De acuerdo a la experiencia de otras discusiones nacionales, puede esperarse que la mayoría de la gente llana no profundice mucho en el mismo.
Probablemente se aceptará, de manera más o menos mansa y por unanimidad, en la mayoría aplastante de las reuniones que al respecto se celebren. Y se destacarán las voces de los conflictivos de siempre, con las mismas quejas de siempre sobre el costo de la vida; las dificultades económicas y sociales, y la necesidad de que la política que sea resuelva esos problemas. Los conductores de las reuniones reafirmarán –que para eso están– que esta vez, gracias a esta estrategia, verdaderamente llegaremos al paraíso, siempre que se trabaje duro y con disciplina. Se tomarán las notas pertinentes para elevar a los niveles superiores, y estos efectuarán todos los cambios necesarios para no cambiar nada relevante de lo que ya definieron.

Aunque no se lo aconsejo a nadie, puede haber quien esté dispuesto a aceptar una descripción somera, de mi propia cosecha, sobre el contenido del programa de marras. Bien, aquí va.

Asusta.

Con la Conceptualización, cristaliza un programa de dominio general, económico, político y social sobre nuestra república, para ejercer por parte de la élite gobernante. En múltiples párrafos, repartidos por todo el documento, se proclama enfáticamente el papel rector del Estado sobre la economía nacional, las políticas de desarrollo, financieras, culturales, ambientales, etc.

La justificación de tal papel se menciona fugazmente, al explicarse que el Estado actúa como representante del pueblo, que sería el dueño teórico de todo el entramado. Sin embargo, el representante posee todos los derechos y potestades, amplia y claramente desarrollados en el documento.

La ciudadanía, en general, es la base de un cierto poder soberano “del que dimana todo el poder del Estado” ejercido directamente o a través del sistema del Poder Popular y otros órganos del Estado. Para mayores precisiones, apréciese la repartición de formas verbales que realiza el documento. Las personas trabajadoras: participan (en la toma de decisiones y la elaboración de planes empresariales); se relacionan (a través del Estado, con los medios de producción); están preparados (para el desempeño de sus funciones); ejercen responsablemente deberes y derechos (definidos por las autoridades). El Estado: adopta, aplica, autoriza, capta, conduce, controla, decide, define, delimita, desarrolla, designa, determina, ejerce, establece, evalúa, exige, garantiza, gestiona, impide, integra, planifica, promueve,
proporciona, reconoce, regula, revoca, rige… todo lo que tiene hasta una mínima relevancia, en el ejido económico y social cubano.

La cuestión de quién controla al Estado, entonces, es clave. Se deja bien establecido que es el Partido quien determina la política de cuadros a todos los niveles. O sea, dice clarito que el Partido decide quién es el que manda. De por sí, el Partido es el dirigente, único y vanguardia de la nación, se encargan también de recordarnos varios de los Conceptos.

En los segmentos en que la Conceptualización se torna
constitucionalista, se realiza una interesante selección de derechos y deberes para la ciudadanía. Allí se destacaría el reconocimiento de los derechos de educación, salud, cultura, los puntales usuales de la legitimación local. En el espacio legal, se obvian el respeto a la ciudadanía, los requerimientos de causa justificada u orden judicial para una detención o registro, el juicio por iguales y ese tipo de minucias. Y no busque garantías sobre el derecho a libre asociación o expresión. Lo más positivo en este sentido, es el rechazo a las discriminaciones donde, a las acostumbradas de color de piel y género, se suman las de discapacidad, orientación sexual, identidad de género, origen territorial, edad y creencia religiosa. De todas maneras, los nuevos Constitucionalistas (perdón, los Conceptualizadores) perdieron casi todas las oportunidades de demostrar que están “alante” en eso de la no discriminación en el lenguaje, y su discurso padece de todas las lacras patriarcales habituales de hablar solo en masculino –“los” trabajadores, “los” empresarios, etcétera.

Brillan por su ausencia otras atribuciones, como el de elegir libre y democráticamente a los líderes y lideresas, a todas aquellas personas que funjan como representantes, ya sea políticos o administrativos o sociales o en cualquiera otra de las manifestaciones de la vida. Se loan la transparencia y rendición de cuentas, pero no se insinúan mecanismos para que quienes funjen de ministros, dirigen empresas, ocupan responsabilidades sobre los servicios públicos y demás puedan ser evaluados, enjuiciados y penalizados o –también, por qué no– premiados, directamente, por la ciudadanía.

Se ensalza al Poder Popular, pero no parece haber interés en cambiar el hecho de que la ciudadanía solo puede proponer directamente candidaturas a los niveles más inferiores, los menos trascendentes; y que las comisiones etéreas, de las altas autoridades, inexorables, inapelables, controlan todo el proceso eleccionario de ahí en lo adelante.

Por si todavía a alguien le quedan dudas, la Conceptualización aclara que los medios de comunicación, información masiva y de tipos semejantes, revisten importancia capital, y los controla Papá Estado, bien a lo cortico.

Hay un ligero aroma de preocupación ambientalista entre los
Conceptualizadores, pero no mucho. La preservación de las condiciones naturales es vista como parte necesaria del bienestar nacional, pero pareciera casi un lujo que nuestros Salvadores aceptan dispensarnos. Las inconsecuencias de esta postura se notan, por ejemplo, cuando hacen mención de las condiciones necesarias para el desarrollo empresarial y no se concibe un medio ambiente preservado como una de tales condiciones.

Documento tan dispendioso da para mucho más. Deben apreciarse las implicaciones que contienen sus postulados y su visión sobre los fenómenos sociales de la propiedad, el trabajo, la ideología, etcétera. Pero esto tendrá que quedarse, por lo menos, para los próximos abordajes que (entrometidos como yo) hagan sobre el tema.

Vea el documento completo de la Conceptualizacion
http://www.granma.cu/file/pdf/gaceta/Copia%20para%20el%20Sitio%20Web.pdf

Anuncios