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Crónicas Cubanas
Por Félix Sautié Mederos

Escribo Crónicas Cubanas con la intención de comunicarme con mis lectores a través de Por Esto! donde actualmente se originan, así como por vía de otros medios y páginas digitales que me reproducen. Por Esto! las publica puntualmente en virtud de sus conceptos de democracia, libertad de expresión, dignidad, identidad y soberanía, con que lo ha creado y mantenido vigente durante 25 años de
existencia, su fundador y Director General, el maestro de periodistas Mario Menéndez. Ello es así porque Crónicas Cubanas coinciden con esos altruistas propósitos, de lo cual me regocijo y no me canso de reconocerlo porque en mi caso, en cambio, vale perfectamente aquella expresión del Evangelio de que nadie es profeta en su propia tierra (Ver Mateo 13,56 y Juan 4,44); aunque quizás si pueda llegar a serlo algún día cuando me haya marchado ya para la Casa que no se Acaba, a donde todos estamos llamados a ir.

En mis Crónicas Cubanas utilizo un lenguaje coloquial, tratando de acercarme lo más que me sea posible a los lectores, además lo hago con el estilo del “yo teresiano” que me implica plenamente en lo que afirmo y en lo que expreso, sin que quepan dudas de que es mi propio pensamiento, no impuesto por otros y mi derecho a opinar. Comienzo con todas estas afirmaciones porque vivimos hoy momentos de inflexión histórica, que quizás en mucho tiempo no se vuelvan a repetir; y quiero testimoniarlos con mi propio talante porque los considero muy decisivos para el presente y el futuro. Muchas veces he reiterado que las campanas están repicando “a arrebato”. Llaman a la conciencia de todos y no deberíamos eludirlas ni, como se dice en buen cubano parafraseando el lenguaje del dominó, “pasarnos con ficha”. No oírlas una vez más, en esta ocasión podría marcar para siempre la diferencia, porque pienso que estamos ya dentro del precipicio del cual nos hablara en un discurso suyo el Presidente Raúl Castro.

En nuestras circunstancias, determinan una diferencia esencial el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos y todo lo que está sucediendo en América Latina (el golpe de estado parlamentario en Brasil, la presidencia de Mauricio Macri en Argentina, la muy compleja situación en Venezuela, el terremoto reciente en Ecuador, los graves problemas de México con las desapariciones de Ayopzinapa en primer lugar, los periodistas asesinados y otros complicados hechos más). No creo por tanto, que nadie en su sano juicio pudiera atreverse a negar estas circunstancias tan complejas. Son en consecuencia, esas situaciones las que definen los marcos de referencias dentro de los cuales nos estamos
desenvolviendo los cubanos hoy.

Ante este orden de acontecimientos, no puedo olvidar que formo parte de las generaciones que desembocamos existencialmente en el Año del Centenario del Apóstol (Nací en julio de 1938). Cuando oigo la reiteración sistemática de ese calificativo existencial como si fuera un mantra que lo abarca y resuelve todo, me estremezco; porque comprendo que muchas veces se repite superficialmente, sin entender a cabalidad lo que significó ser joven en esa etapa y rebelarse contra el crimen y la opresión en favor de la paz, la justicia, la democracia y los derechos inalienables de todos los seres humanos.
Lamentablemente eso hoy se manipula en muchas ocasiones para el mantenimiento de un estatus quo que ya no se corresponde con el momento histórico, cuando el transcurso del tiempo y el constante ir y venir de las generaciones con sus propios problemas, circunstancias, específicos anhelos e intereses algunos con poder para ello los pasan por alto en vez de considerarlo lo que son: una disyuntiva básica para mantenerse o no en sintonía con el ritmo de la realidad que realmente es y no con la que se nos quiere imponer que sea o que nosotros queremos que fuera.
No me refiero a un traba lengua, ojalá que fuera solo eso. Me refiero a lo que estoy percibiendo e incluso experimentando en los personal en estos momentos en La Habana Maravilla, tan abandonada a su suerte. Lo veo en mi barrio, en sus reuniones y por todas partes cuando busco y busco. También lo veo en los que fueron y tratan de ser
revolucionarios pero a la vez devienen conservadores de lo
establecido y le niegan el derecho al pensamiento propio del cual hicimos uso en la lucha a los que han nacido después de nosotros, si como con nosotros se hubiera la historia de la vida.

La falta de confianza en quienes nos van sucediendo, es un mal que las izquierdas tenemos que superar especialmente en Cuba, porque nos hacemos incapaces de reproducimos, se estancan nuestras entendederas y nos incomunicamos con el presente y el futuro, lo cual es causa y se convierte en consecuencia a la vez como si fuera una noria
existencial, que tenemos que detener porque su giro marca la vida o la muerte. No puedo entender ni tampoco lo puedo aceptar, que se quieran anular las dinámicas del pensamiento propio, que se metan las cabezas en la tierra para no mirar las realidades que están sucediendo como en nuestro caso bien podrían ser el éxodo en crecimiento, el hastío de la misma población que se moviliza para las marchas patrióticas porque se resiste a no creer en la realidad que verdaderamente es y se aferra a las realidades que queremos que sean, o porque puede aparecer como otra alternativa el neoliberalismo rampante que la propaganda nos los maquilla con sus mejores colores artificiales y que a veces lo tenemos adentro disfrazado. Todo ello sucede mientras que muchos también con poder suficiente para hacerlo, se afanan en imponernos realidades y consensos que ya fueron pero que hoy requieren como nunca antes del cambio, la renovación y el relevo porque el tiempo es implacable y nadie lo puede detener.

No vamos a resolver nada por muchos debates que se proyecten si realmente no se comprende que estamos en otras épocas y que hay que desarrollar verdaderamente la participación popular sin cortapisas ni imposiciones contra natura, porque los problemas que aquejan a la población son otros, distintos a los que se enfrentaron cuando las generaciones del Centenario, porque muchos de aquellos problemas se han reciclado con otras características derivadas de la realidad que realmente se vive en el momento y además han aparecido nuevas problemáticas antes no conocidas. Entonces como afirma una expresión muy popular cubana estaremos “perdidos en el llano”. Esas constituyen imposiciones de realidades que no son, no las puedo puedo comprender ni aceptar.

Así lo pienso y así lo afirmo en uso de mi derecho a opinar, con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

Publicado en el periódico Por Esto! de Mérida Yucatán , México, Sección de Opinión, el lunes 23 de mayo del 2016

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