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Por Isbel Díaz Torres

Socialismo es democracia: pal latón la burrocracia. Observatorio Crítico Cubano 1º de mayo 2010

Aún después de concluido, el congreso del Partido Comunista de Cuba sigue rebelando las anacrónicas lógicas que lo mueven, y las graves carencias que caracterizan a la dirigencia y membresía de ese grupo en el poder en la isla.

Cuando los delegados y delegadas en la Comisión Nº2 debatían el “Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030”, una interesante propuesta surgió por parte de Rogelio Polanco, exdirector del periódico Juventud Rebelde, y actual embajador cubano en Venezuela.

Polanco, basándose en algunas referencias a los documentos partidistas y el discurso del presidente Raúl Castro, pidió incluir la “Democracia” como uno de los elementos que debería caracterizar al socialismo cubano, entre los Principios Rectores del plan en discusión.

Fue suficiente la sola pronunciación de tal concepto, para que la presidencia en la sala se expresara irritada en contra de semejante idea.

El primero fue José Ramón Balaguer quien, a pesar de haber sido destituido por Raúl de su cargo de ministro de Salud Pública en 2010, ha seguido siendo miembro del Comité Central del Partido.

Para Balaguer, a punto de cumplir 84 años de edad, los cubanos debemos “tener cuidado con el socialismo democrático”, y llamó a no unir las palabras “socialismo” y “democracia”. Según el anciano, hay en el mundo una corriente vergonzante de socialistas arrepentidos, con quienes no podemos confundirnos.

Para este hombre, ex-embajador de Cuba en la extinta Unión Soviética, el nuestro es un sistema más democrático que ningún otro en el mundo, “un sistema excepcional”, según expresó ante los delegados.

Esteban Lazo, actual presidente de la Asamblea Nacional, secundó al viejo “cuadro” sin pensarlo dos veces, y enfatizó que “debemos tener cuidado con determinadas palabras”.

Allí se regodearon en el unipartidismo y las elecciones cubanas, cuestiones que fueron ensalzadas hasta el ridículo, sobre todo para quienes sabemos de primera mano que el PCC manipula las elecciones en todos sus niveles, y coloca a buena parte de los delegados del Poder Popular.

De manera que estos “comunistas” ni siquiera pudieron hacer una crítica profunda a la democracia burguesa, en sus intervenciones superficiales y plagadas de consignas. Mucho menos presentaron argumentos válidos para defender la “peculiar” democracia cubana.

La fobia a la democracia entre esos que se autodenominan comunistas en la élite política nacional, es algo que los cubanos hemos intuido de algún modo. Pero no es lo mismo verlos temblar directamente ante tal concepto, y expresar su autoritarismo ante las cámaras de la TV.

Después de semejante ataque (ya alguien dirá que atacaban a la democracia burguesa…), el relativamente joven e inteligente Polanco pidió nuevamente la palabra, para decir apenas, avergonzado y arrepentido: “retiro mi propuesta”.

Vuelve a quedar demostrado que los llamados de Raúl al “cambio de mentalidad” no son más que parte del discurso construido para vender una imagen de movimiento.

No obstante, estos representantes del ala más retrógrada del sistema, al menos tienen de su parte la sinceridad. Ellos no pueden ser más que los estalinistas que son, en coherencia con la doctrina recibida y los privilegios que disfrutan; incluso sabiendo que no les queda mucho.

Pero no podemos olvidar que aún se debe desentrañar qué significan los términos “cambio”, “democracia”, o “actualización”, en boca de aquellos otros oficialistas bien posicionados, intelectuales, economistas y diplomáticos del sistema, sedientos de cambiar para no cambiar, para insertarse en la lógica del mundo tal cual existe, sin ninguna pretensión verdaderamente emancipadora.

Mientras esperamos que esos terminen de construir sus túneles hacia el poder, algunos desde abajo nos enfadamos ante el TV, observando la impunidad con que un grupúsculo empoderado tira al inodoro la democracia, sin tener nada mejor que ofrecer.

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