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Por Rogelio M. Díaz Moreno

Uno de los mensajes políticos de la televisión cubana de estos días está para las antologías. Recuérdese que hace pocas jornadas terminó el VII Congreso del Partido comunista cubano, y el próximo 1ro de Mayo está a las puertas. En el mensaje de marras, una exaltada voz convoca al pueblo cubano al desfile, como muestra de la participación y el apoyo “conscientes” al gobierno y sus líderes. La voz omite un detalle. Las tesis discutidas en el Congreso empezaron su andar en el más estricto secreto y, solamente después de airadas protestas, se ha prometido su divulgación y debate popular, para una fecha futura, aún no definida.

Mientras, transcurre la peculiar dinámica de nuestro proceso de reformas o “actualizaciones”. El gobierno cubano anunció este viernes, 22 de abril, el fin de la prohibición a los nativos de esta isla, de tomar una embarcación marina para entrar o salir de ella. El vaso medio lleno, es que por fin se reconoce un derecho. Pero fíjense cómo fue la cosa.

En las negociaciones estas entre el gobierno de acá y los magnates de allá, llegaron al acuerdo de establecer líneas de crucero. La empresa Carnival, según lo que leí, sacó sus permisos, empezó a vender reservaciones. Pero ciudadanos y ciudadanas estadounidenses de origen cubano empezaron a formar pleitos. Parece que a ellos no les estaban vendiendo, por cuenta de la dichosa prohibición. Sin caer en idealizaciones, allá saben algo sobre defender derechos y oponerse a discriminaciones, y hacer pagar caro a las compañías que se “hacen las suecas”. [1] A Carnival no le quedó otro camino que poner un ultimátum. “O nos dejan llevar a Lola y a Liborito, o no hay crucerito” [2]. En pocas horas, los medios cubanos de prensa oficialistas anunciaron “la actualización” de la norma migratoria y el fin de la prohibición.

Repito, me alegra que haya llegado el reconocimiento de un derecho de uno. Como derecho al fin, es inalienable, aunque te puedan bloquear su ejercicio. Me entristece, por otro lado, la demora; y cómo esto demuestra la indefensión de la ciudadanía, acá, ante la autoridad. Y que para que le reconozcan un derecho a uno, le tenga que doler en el bolsillo a una compañía estadounidense. A lo mejor hay que hablar con la General Motors para que presione a La Habana para los derechos que nos puedan faltar.

Por último, quiero contar estas otras cosas que me pasaron por la cabeza. Esta noche vi un pedacito que trasmitieron, de uno de los debates –lo de debate es un decir– del reciente Congreso del Partido. Hablaban de la actualización del programa del Congreso pasado, conocido como “Los lineamientos”. Me llamó la atención un
participante, que resultó ser también delegado del municipio de Amancio Rodríguez en la provincia de Las Tunas. En su circunscripción, existe una situación crítica con el abasto de agua, desde hace mucho tiempo.
El delegado esperaba poder ayudar. Por lo tanto, sugería que cierto lineamiento que responsabilizaba al Estado de “garantizar” el abasto del agua a la población, se enriqueciera con la palabra
“sistemáticamente”. Yo seré el último en criticar la sabiduría de aquel delegado que, seguramente, es muy respetado. Pero no pude evitar recordar lo que me contó un amigo marciano que yo tengo.

Resulta que mi amigo marciano vive en un canal al que llega poco agua, sobre todo porque la turbina correspondiente está rota. El gobierno central de ellos no la puede arreglar, pero prometió ponerlo en el presupuesto para el año X (el equivalente para nosotros viene a ser el 2030). Ante esto, los marcianos y marcianas de dicho canal se propusieron reunir, por su cuenta, cinco pesos marcianos por cada una de sus verdes cabecitas. El que no tenía cinco pesos dio cuatro, o tres, o hizo limonada para los que reunieron el dinero; pintó un cartel como propaganda o salió bailando el cha-cha-cha –baile muy popular en la tierra de los platillos voladores–. Con el dinero reunido, salieron y encontraron a quien les arregló la turbina o les consiguió una nueva. Y hasta lograron que les descontaran el dinero donado, de los impuestos respectivos de cada uno a fin de año. Y ya tienen agua.

Pero bueno, todo el mundo aquí en la Tierra, sabe que la gente en Marte es muy bruta. Que no tienen capacidad para hacerse unos buenos lineamientos, ni desfilar conscientemente en apoyo de unos programas que no han leído.

[1] Hacerse el sueco, expresión cubana relativa a sujetos que se hacen los desentendidos ante ciertos problemas.
[2] Lola, Liborio –diminutivo, Liborito–, personajes del folclor popular cubano.

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