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CRÓNICAS CUBANAS

Por Félix Sautié Mederos.

La vida humana tiene límites infranqueables, y…

Hay cuestiones con las que no se debería jugar aunque el poder temporal permita o incluso induzca a hacerlo; ni, mucho menos, dar patinazos, como podríamos decir en lenguaje de pueblo. Y una de esas cuestiones, es tomar muy en consideración que la vida humana sobre la tierra tiene límites infranqueables, porque todo lo que biológicamente nace, envejece y muere; o, como podría decirse desde el punto de vista teológico: cambia de sustancia.

En esta última expresión lamento los escrúpulos muchas veces incultos de quienes les molesta el uso de los términos teológicos, pero, ante lo que estoy viviendo desde mi Rincón de Centro Habana en la complicada actualidad de abril 2016, no puedo expresarlo de otra forma más objetiva. Cuando me despierto y busco las noticias del día, experimento la sensación de que
estoy insertado en un mundo virtual, en el que unos y otros me tratan de convencer de realidades que en verdad no son. Siento como si todo a mi alrededor se estuviera manipulando, para que me crea lo que no es y que todos vivamos artificialmente como nos lo tratan de imponer los poderes temporales que se erigen sobre nuestra existencia terrenal. La situación es tan virtualmente artificial, que no me es posible testimoniarla de otra forma que no sea la conceptualmente filosófica. Pienso que es lo mejor, aunque respeto a los que no estén de acuerdo y a quienes viven en un mundo de unanimidades compartidas.

Muchas veces, he expresado el concepto filosófico de que nuestra vida transcurre en un constante presente, que se extiende por todo el tiempo en que estamos vivos terrenalmente y así lo sentimos. Entonces tenemos que, cuando se nos termina ese eterno presente personal, es porque hemos cambiado de sustancia con la muerte sobre la tierra. Así pues, puedo afirmar que todo lo que pensamos y analizamos lo hacemos en presente, tanto cuando miramos hacia el pasado transcurrido como hacia el futuro que está por venir. Los que me lean, experimenten por unos momentos lo que les expreso y piensen en los que les sucedió ayer y pregúntense lo que podría sucederle mañana; y entonces, podrán experimentar que siempre lo hacen en presente.

En consecuencia, no tomar en consideración esos límites de la vida humana y pasar por alto el derecho de las personas presentes de vivir su vida con la mayor plenitud posible en estos momentos que
transcurren, cuando se pretende aplazarlo o se vulnera, se agrede esencialmente, querámoslo o no, a las personas mismas. Esas
vulneraciones son razones de fundamento para el hastío y para que se pierda la confianza en quienes pasan por alto el hecho
incontrovertible de que la vida humana tiene límites infranqueables. En este orden de cosas, sucede que cuando no se toma en cuenta que el tiempo de vida día a día se nos va acabando y del derecho que todos tenemos de disfrutar nuestro presente, se produce entonces un profundo desfase en la imprescindible ligazón con las masas; y, aunque no lo quieran así las cúpulas de la sociedad, el desarrollo se ralentizará de manera inexorable y
se comenzará a bordear los precipicios del fracaso. En esta dirección, recuerdo lo que el Che, no lo puedo olvidar, en su ensayo tan divulgado “El Socialismo y el hombre en Cuba” expresó, proféticamente por así decirlo.

Cito textual: “…el estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota una disminución del entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el momento de rectificar…”

Pero pienso que también esa reflexión del Che, tendríamos que unirla a otras de aquel ensayo que considero muy importantes y cito en extenso algo que en mi criterio viene muy al caso al momento que estamos viviendo: “…El camino es largo y lleno de dificultades. A veces por extraviar la ruta, hay que retroceder; otras por caminar demasiado a prisa, nos separamos de las masas; en ocasiones por hacerlo
lentamente, sentimos el aliento cercano de los que nos pisan los talones. En nuestra ambición de revolucionarios, tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa y que ésta solo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo…hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, aislamiento de las masas (…) La
arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera…”

Después del sectarismo de 1962, por experiencia personal, puedo decir que nos dedicamos de lleno a reconstruir al Partido a partir de las más democráticas asambleas con todos los trabajadores; y en aquella ocasión de la que ya han transcurrido muchos años salió fortalecido, pero, con el tiempo, en mi opinión, ese método se fue formalizando y desgastando. En este 2016 ya no estamos ante la misma situación. Más que nunca hay que pensar en que el pueblo es la fuente de todo derecho y que sin el pueblo no habrá verdadera vanguardia.

Además, ante las nuevas situaciones que estamos viviendo, pienso que las izquierdas deberíamos estudiar más profundamente ese análisis de Che. No porque se hable de ir al pueblo es que en la realidad se irá, si no se tienen en cuenta sus anhelos, sus derechos y sus intereses del presente en que vivimos porque las fórmulas de apelar a un futuro luminoso que podemos construir si no se atemperan con la realidad de las expectativas reales de vida de la población quedarán como palabras que se las lleva el viento. El movimiento y el cambio son las señales de vida que nos da la naturaleza y la sociedad, pero cuando el movimiento y el cambio se detienen todo perece.

Así lo pienso, así lo creo y así lo afirmo como parte esencial de mis reflexiones ante el momento que estamos viviendo, lo hago como siempre con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular. De todo corazón quisiera estar equivocado…pero quizás no lo estoy, el tiempo dirá en definitiva su última palabra.

Publicado en el periódico Por Esto! de Mérida, Yucatán , México el martes 19 de abril del 2016

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