obama_cuba-615x3002x

Por: Marcelo “Liberato” Salinas

La selecta intelectualidad oficial cubana, esa que fue elegida para participar con serenidad, compostura  y de cuello y corbata en  la homilía imperial de Mr. Obama, no puede reconocer, por sus propios intereses de grupo, el triste hecho de que el inquilino de la Casa Blanca y su equipo de relaciones públicas han logrado conquistar el corazón de una parte muy decisiva de la sociedad cubana. La “acción comunicativa” como gestión primordial dentro del smart power  que tanto ha promovido la candidata demócrata Hillary Clinton ha dado resultados en pocas horas en Cuba.

El “uso de la gama completa de las  herramientas a nuestra disposición — tanto diplomáticas, económicas y militares, como políticas y culturales, escogiendo la herramienta más acertada, o la combinación de las mismas, para cada situación…” es una de la definiciones más sintética que la señora Clinton ha ofrecido sobre el asunto, siguiendo al doctor Joseph Nye uno de los teóricos fundamentales en la definición de políticas exteriores del imperio yanqui. Es también lo que en términos más graciosos, pero agudos, el escritor Mattew Fraser acuñó como el poder de las armas de distracción masiva.

No obstante el entretenimiento masivo, es cierto que penetrantes pensadores oficiales de Cuba  han  detectado trivialidades, medias verdades y el sentido común típico de las sociedades de consumo en su discurso (“Esperábamos un discurso más serio” Omar González, Granma 26 de marzo); otros han mostrado incoherencias de gran calado entre el discurso de Mr.Obama y la práctica concreta de una institución como el Departamento de Estado hacia Cuba (“El Departamento de Estado destina… Iroel Sánchez, Granma 26 de marzo). Y en una postura más atenta a la dinámica espectacular concreta, otros han comentado que el Mr. President tenía un telepronter invisible al público… ( Enrique Ubieta, Granma 22 de marzo).

Todo ello es innegable, pero a pesar de lo comentado por estos intelectuales, el milagro Obama ha sido un hecho reconocible por cualquiera que aquí aún conserve la confianza en sus propios sentidos. Ese milagro ha ocurrido en las calles de La Habana y sobre todo en los corazones de la legión de descreídos, cínicos y desalmados que han venido proliferando exponencialmente en nuestros ciudades y campos en los últimos años. Ellos ahora se sienten más confortables y seguros en su abrazadora religión: la democracia de libre mercado, nombre elegante y repujado del “sálvese quien pueda”, mística terrenal que ahora ha sido revelada en Cuba y desde Cuba, nada menos que por medio de su sumo pontífice de turno.

  Pero ahora venir a  adjudicarle esta victoria únicamente al Smart Power yanqui, señalando todo su saber, sus recursos y sus tanques pensantes, sería una actitud típica de los antiimperialistas más audaces en sus incoherencias y sus juegos dialécticos indecentes. El Smart Power yanqui ha obtenido esta volátil pero cierta victoria aquí, gracias al propio Estado cubano nacido en 1959, que nos ha conducido con una eficacia de manual a una de las crisis de sentido más profundas que se han vivido en Cuba como país soberano, dilapidando hasta el agotamiento casi todas las fuentes internas que  dieron razón de ser al mito de la “Revolucion Cubana”, el cual hoy no es mucho más que un recurso para el ascenso en la pirámide de mando/beneficio estatal y un atrayente producto orientado sobre todo hacia consumidores internacionales.

¡Claro que Mr. Obama quiere destruir lo que queda del mito de la “Revolución Cubana”!, – ¿qué otra cosa se puede esperar de este señor?!- pero no ha tenido que hacer mucho para labrarse sus aliados internos, porque el propio Estado revolucionario ha creado ese sector extraño y de moralidad difusa que llama “cuentapropistas”, que por esfuerzo propio explotan masivamente trabajo ajeno, con asalariados ya legalmente  desprotegidos y derechos muy volubles, pero que desean huir del mundo laboral miserable y sin sentido que los voceros oficiales aquí se empeñan en seguir llamando la “empresa estatal socialista”.

Los periodistas gubernamentales han dicho que estos empresarios “cuentapropistas” que ahora son de tanto interés para Obama no son los que han sostenido los éxitos la educación y la salud en Cuba que él reconoce. Eso es cierto. Pero también lo es que no ha sido el Estado cubano tampoco, sino esa masa informe de trabajadores anónimos que no pagamos impuestos, pero que hemos sido los financiadores netos de algo que, en el diáfano lenguaje del viejo socialismo real, se llamaba los Fondos Sociales de Inversión y que ahora ningún entusiasta del pago de impuestos quiere ni mencionar, lo cual explica que tengamos salud y educación gratis –también precarizados, centralizados, autoritarios- pero con los mismos  salarios de miseria, comunes a toda la región y tan poco distintivos de las bonanzas de este socialismo.

¡Nosotros, pueblo trabajador cubano, hemos financiado con nuestra precariedad sublime todos los logros de la revolución! ¡Pero le entregamos a nuestros carismáticos liberadores el derecho exclusivo a la experimentación centralizada con nuestras vidas, nuestros recursos y nuestras prioridades! Y de asuntos tan importantes sólo han puesto a rendir cuentas de todo ello a los delegados del penoso y maltrecho Poder Popular de cada barrio. Por eso, pocos economistas pueden en esta jornada de visita imperial hacer un balance detallado de qué hicieron nuestros liberadores con los cuantiosos recursos con que ha contado este Estado revolucionario a pesar del conocido, y por demás esperable, bloqueo yanqui.

  En lo que se elabora el necesario estudio serio y riguroso de la historia de las finanzas del Estado revolucionario cubano, ya es un hecho rotundo y palpable que nuestros liberadores  nos han llevado a una crisis-no sólo económica-  terminal, gracias a la cual no tienen recursos ni para reorganizar nuestra explotación, por lo que ahora nos están vendiendo en masa a esos explotadores por “cuenta propia”, que encantaron a Mr. Obama, los cuales en muchos casos no son otra cosa que los más audaces buscavidas salidos de la propia cadena de mando estatal, ahora aliados con los antiguos “desertores” de la revolución.

Ellos crearán con su ímpetu empresarial y su disciplina tributaria la “economía ordinaria” de la cual viviremos los cubanos ordinarios, para que los parientes y amigos de confianza de los  fundadores del M-26-7 puedan gestionar con serenidad su economía estratégica (la “extraordinaria”), es decir, sus puertos ultramodernos, sus laboratorios biotecnológicos, su personal científico, sus hoteles, sus campos de golf, etc… Este es el origen de la ocurrente, pero funesta, paradoja que descubre el pensador oficial Enrique Ubieta en uno de sus artículos donde afirma: “los cuentapropistas cubanos sólo serán exitosos mientras vivan en una [esta] sociedad socialista” (Granma, 22 de marzo, 2016) Esta rareza lógica es desafortunadamente mucho más que eso, es también una declaración inconsciente de lo que para el doctor Ubieta y sus empleadores es el socialismo: una alianza estable entre la  élite militar-administrativa y los capitalistas locales por cuenta propia, que de conjunto -y siendo casi siempre los mismos- viven de la explotación sostenible del rebaño humano bajo su soberanía nacional.

Esta es la triste idea de socialismo a la que son capaces de llegar estos originales pensadores.  De la degradación de las idealidades socialistas en mera técnica de gestión de gobernabilidad, de la  vileza moral y material en que ha sido  sumida la clase trabajadora de este país y del deslucimiento penoso de sus opresores locales, de aquí proviene también (y no sólo del hábil uso de su telepronter transparente) el donoso encanto con que se ha presentado el señor Obama frente a los cubanos de a pie, que se saben meras fichas de los grupos de privilegio en la Isla, quienes por tal de garantizar sus discretos privilegios han envenenado, vaciado de contenidos y traficado con los ideales más elevados y nobles que movieron a partes muy significativas de este pueblo.

 Agotadas las fuentes cotidianas de ideales trascendentes y, más aún, ante el extrañamiento generalizado frente a ellas, Mr. Obama viene ahora a  proponernos la paz del imperio, basada en el bienestar y la estabilidad del club de los poderosos globales, la felicidad administrada por los bancos, la prosperidad bajo amenaza constante de obsolescencia tecnológica programada, las hermandades frágiles nacidas del espíritu de lucro, la libre iniciativa para la estafa, la seriedad en los compromisos de dejarse explotar, el crédito fácil para engalanar la universal miseria de la esclavitud salarial, facebook para el espionaje amistoso (comercial y policial) de las relaciones sociales y sobre todo ¡la Democracia!, la democracia como forma medible y cuantificable de elegir opresores encantadores e  inteligentes –¡incluso negros, mujeres, hasta homosexuales!- que lucharán duramente por el cambio que necesitamos… para que todo siga igual.

 Ya muchas personas en el mundo saben que todo esto que propuso el señor Obama en La Habana  es un sinsentido vano y desastroso, pero ahora mismo en este país tienen el irresistible encanto de parecer algo distinto al absurdo lamentable que conocemos los que vivimos el orden imperante en Cuba desde dentro.

Es de la crisis general del antiimperialismo como ideología y como proyecto que pretendió ser revolucionario y liberador de lo que estamos hablando, de la inmensa incongruencia que el país que le propinó la “primera derrota del imperialismo en América”,  es el mismo en que hoy sus élites dirigentes están obsesionadas con el “levantamiento del bloqueo yanqui”, que es según ellos el “principal obstáculo para el desarrollo” de la sociedad cubana. Presintiendo esta rotunda incoherencia  que él mismo en buena medida promovió, el Líder Histórico ha señalado en su reflexión “El hermano Obama”  que “…somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo.” Pero desafortunadamente esta frase no es cierta y sólo por conveniencia y oportunismo todos sus brillantes intelectuales afines harán silencio frente a tal declaración.

Además de que en Cuba cualquiera sabe que casi la totalidad de lo que comemos es importado con el dinero que el Estado succiona de las remesas familiares y luego son vendidos con impuestos inmoderados, las riquezas materiales que necesita la élite que dirige a Cuba ya no las puede producir el esfuerzo y la inteligencia del pueblo que gobiernan, porque estos privilegiados se  han labrado un estilo de vida muy por encima de las posibilidades reales de este país y, peor aún, porque hace varios decenios que todas las  apasionantes y creativas cuestiones que demandan vivir y producir en una sociedad libre de la nefasta influencia del imperialismo yanqui y el capitalismo estatal “socialista”, han dejado de tener relevancia alguna en Cuba.

Como el anti-imperialismo victorioso en esta isla no tomó la lucha frontal contra el imperio yanqui como punto de partida para desencadenar una acción anti-autoritaria contra el resto de las opresiones complementarias que sostienen y normalizan el orden imperial a nivel cotidiano (el militarismo, el estatismo, el centralismo, el caudillismo, el urbanismo y otros males…) hoy los antiimperialistas cubanos encuentran tímida y penosamente en el propio imperio que combatieron al nuevo socio potencial que les permitirá sobrevivir al inminente colapso del socialismo del siglo XXI chavista y mantener todas las estructuras autoritarias y necesidades opresivas que sostienen en común, a pesar de sus diferencias. Ahora todos los problemas liberatorios que han brotado cíclicamente cada vez que se han evaporado las estructuras del Estado nacional 1933, 1958, 1993 no sólo se seguirán acumulando, sino que también se seguirán pudriendo en otro nuevo “Periodo Especial”.

 Un lúcido y veterano marxista local planteó en el verano de 1999, en uno de los espacios negociados en ese momento con la policía cultural habanera  “¿Cómo será la próxima revolución en Cuba…?” Esta es una pregunta que no ha sido ni medianamente respondida hasta hoy por aquel pensador ni por nadie más, pero ahora, peor aún,  ha quedado enterrada entre las mieles de los Premios Nacionales a la fidelidad y en estos días que corren ya ha sido además cancelada por las normas requeridas por ese  antiimperialismo de gala, cuello y corbata que concitó la visita del señor Obama.

¿Qué hacer en medio de este adverso contexto? Para enfrentar esta nueva avalancha imperial y esta incapacidad liberatoria del antiimperialismo, justo cuando se diluye en sus contradicciones “La Revolución” actualizando su modelo, poco nos podrán ayudar los progresistas razonables e informados de afuera, ni los vociferantes anti-imperialistas oficiales del Estado cubano, con su triunfalismo hueco y su moralidad cada vez más modesta, ni esos marxistas críticos autorizados, ya curtidos en las complejidades de la autocensura.

 Para empezar, será necesario el diálogo abierto, franco y propositivo entre los que NO QUEREMOS el capitalismo de soberanía nacional, ni el capitalismo de las corporaciones yanquis, diálogo que debe ser potenciado en todos los medios, sobre todo los autónomos (para no terminar siendo adornos legitimadores de ninguna fórmula de poder emergente).  Si al representante del enemigo más poderoso del pueblo cubano le dieron permiso para hablar en público en La Habana, nosotros no debemos pedirlo, tenemos más derecho que el señor Obama y el inmenso deber de dialogar públicamente lo que pensamos, lo que queremos y cómo pudiéramos lograrlo.

Hablamos de hacer comunidad, esa palabra destrozada por todas las tiranías del siglo XX, de comunismo aquí ahora, comunización cotidiana de la existencia y la convivencia entre iguales, para que deje de ser  “normal” los hábitos de subordinación  que producen tener que alquilar nuestras vidas a los opresores para poder sobrevivir.  Para ello hay que partir por reconocer que no sólo deberemos estar abiertos a la pluralidad revolucionaria, sino también preparados para la inmensa soledad que viven por estos dias aquellos que  vibran con el deseo íntimo de revolución. Ni los pro-imperialistas, ni los anti-imperialistas, ni los marxistas autorizados y sus instituciones, nos verán con buenos ojos; las masas de consumidores cubanos ávidos de pacotilla global estarán al lado de ellos. Pero no será un mal tiempo para restituir (con lucidez, poesía y goce fraterno del alma y el cuerpo sin dominio) el sentido original de aquella bella frase que ha sido envenenada por décadas de autoritarismo y achatamiento anti-imperialista ¡LA LUCHA CONTINÚA!

Anuncios