Por Orlando Ocaña Díaz

“…no debe pretenderse que Cuba abandone la causa de la independencia o renuncie a los principios e ideales por los que varias generaciones de cubanos han luchado durante un siglo y medio”, Raúl Castro.

Obama-y-Castro-en-Naciones-Unidas.-Foto-AFP

foto: AFP

Después de oír esta declaración de nuestro General Presidente en la reciente clausura de las sesiones del parlamento cubano podemos  agregarle, que por esa razón existe la izquierda socialista y democrática en nuestro país, a pesar de no ser reconocida por el oficialismo burocrático, no abandonamos los principios e ideales por los que varias generaciones de cubanos han luchado.

Pero la manipulación del lenguaje, a la que últimamente nos hemos estado refiriendo y que recibe un espaldarazo en un artículo reciente de Graciela Pogoloti en Juventud Rebelde (1), nos permite hoy reclamarle a nuestro Presidente que deje de buscar las soluciones fuera del país.

En primer lugar, nuestro gobierno debe de inmediato  abandonar la política de doble moral con relación al emigrado cubano. Nuestro presidente afirmó con relación a la crisis en la frontera “tica nica” que “nuestro gobierno ha estado en contacto desde el mismo inicio de esta situación con los gobiernos del área, en la búsqueda de una solución adecuada y rápida”. Estas acciones parece que fueron a nivel de cancillería, sin que haya trascendido a la prensa, y es lógico que existieran, pero lo que estuvo ausente fue la ayuda real de Cuba a esos cubanos emigrados.

Cuba, campeona en la ayuda solidaria a los pueblos del mundo, se limita a la labor diplomática para la solución a la crisis y no intenta brindar ayuda real, como por ejemplo ayuda en alimentos y médicos a 8 mil cubanos, incluidos niños, abandonados a su suerte en esa frontera. De existir realmente una sociedad civil en Cuba hubiera existido la iniciativa de recoger dinero y recursos para ayudar a nuestros coterráneos en problemas, pero como al estado no le interesó,  la sociedad civil bajo su control no movió un dedo, y otra sociedad de ese tipo independiente no existe en Cuba.

Pareciera que esa sociedad civil, bajo control estatal, tampoco contempla como cubanos a quien deciden emigrar en busca de conquistar mejores niveles de vida, es copia y calco de sus patrocinadores políticos.

También pareciera como si nuestro Presidente cojeara de la misma pata que la burocracia ha renqueado toda la vida, como si no hubiera ortopédico o neurólogo  capaz de resolver ese problema físico mental.  Según él,  “el principal estímulo para la emigración irregular” desde Cuba hacia Estados Unidos “son las leyes especiales como la de Ajuste Cubano”, pero vista gramaticalmente la expresión, tiene toda la razón nuestro Presidente, la Ley de Ajuste estimula la emigración, pero no es la causa de ella, las causas están enraizadas en la crisis interna de nuestro país.

Luego Raúl pone dos condiciones básicas para normalizar plenamente las relaciones con Estados Unidos, el levantamiento del bloqueo y la devolución de la Base Naval de Guantánamo, postura que implicaría la intención de no tener ningún interés en que las relaciones se normalicen.

Entre el bloqueo y la base, la primera es quien nos tiene comiendo tierra desde hace cinco décadas. Con la base yanqui en Guantánamo se puede vivir, pero con el bloqueo bien sabemos que seguiremos siendo un país de tercera clase en asuntos económicos. El bloqueo viene siendo algo de vida o muerte, la base, aguijón del diablo, que nos clavaron cuando nacimos como república, es un tema a negociar a largo plazo.

Pedirle a Obama la entrega de la base, cuando ni siquiera en ocho años pudo cerrar la prisión que allí establecieron, es como pedirle al Diablo que se comporte educadamente. Si hemos vivido más de cien años con esa base, ya hoy obsoleta como instalación militar, podemos vivir unos añitos más. Lo que si nos costará trabajo es vivir otros 50 años con el bloqueo encima.

En esto de las negociaciones serias se lleva a la agenda lo vital, la cascara se deja para después, para cuando las condiciones así lo ameriten. Y esto no es un problema de pragmatismo, sino de supervivencia.

En su discurso estimó que “lo esencial ahora es que el presidente Barack Obama utilice con determinación sus amplias facultades ejecutivas para modificar la aplicación del bloqueo, lo cual dará sentido a lo alcanzado y permitirá que se produzcan sólidos progresos”.

Resulta que los caminos de la política están llenos de rosas y espinas, la izquierda hace diez años viene también pidiendo que el Partido Comunista Cubano utilice sus amplias facultades ejecutivas para iniciar el verdadero camino al socialismo en Cuba y ello ha caído en saco vacío.

Toda esta palabrería queda en pura retórica de salón.

Cuba quiere que Obama siga dando sin recibir nada a cambio, lo cual es justo, ellos fueron los que impusieron el bloqueo y quienes emplazaron la base en contra de la soberanía de nuestro pueblo, pero insistir en que democratizar nuestra sociedad sea una aspiración gringa y una cesión de la soberanía cubana al imperio, es  además de grotesco, una falacia.

La democratización de nuestro sistema es un reclamo a voces de la sociedad cubana, no una aspiración de Washington, cuya historia política del Siglo XX demuestra que para nada le interesan ni los derechos humanos, ni la democracia en las sociedades con las que se relaciona. Seguir insistiendo en ello es un subterfugio de la burocracia cubana que no engaña al cubano.

Una prueba de ello es que el desfile de carnaval de los representantes del capital europeo y norteamericano interesado en invertir en  Cuba fue provocado por las medidas de apertura al capitalismo que entrañan los lineamientos y las facilidades que damos a la inversión extranjera, incluida la reciente Ley del Trabajo.

Ninguno de estos representantes del capital pone como condición para la inversión temas de derechos humanos o de democracia, sino seguridad a sus inversiones, a saber: “el sistema de contratación de la fuerza de trabajo; la dualidad monetaria; la forma de organización del proceso de aprobación para los proyectos; la no existencia de licencias para el comercio exterior a actores no estatales; la no viabilidad del sistema financiero; la pobre infraestructura de informática y telecomunicaciones; la débil infraestructura de transporte y de la industria de la construcción; la desindustrialización existente y el carácter burocrático de la gestión estatal”.

Eso es lo que le interesa al capital, lo demás para ellos es pura paja en un vendaval.

La izquierda democrática en Cuba sabe que esa inversión extranjera será aliada de la burocracia, no de las fuerzas progresistas internas. Es un mal necesario que solo podemos combatir con la existencia de la democratización de la sociedad y la posibilidad real de una fiscalización popular anti burocrática.

Los socialistas democráticos luchamos por la independencia y la soberanía nacional, pero no limitamos nuestra lucha como los nacionalistas a esos objetivos, también luchamos por la soberanía popular, la democratización de la vida política y las socialización de la economía.

(1)      “El engaño de las palabras”  Diario “Juventud Rebelde”, Domingo 10 de enero 2016.

Publicado en http://primerocuba.blogspot.com