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Por Rogelio M. Díaz Moreno

Por segunda vez, los administradores de la plataforma Cubava nos distinguen con su atención de censores. Esta vez, el castigo por “portarnos mal” –todo un mes off line de la versión .cu de nuestro sitio– fue más prolongado que la primera vez. La importancia de la versión .cu radica en que muchas personas en Cuba tienen un acceso limitado en Internet, solamente a estas páginas nacionales. No nos lo han dicho, pero no es difícil inferir que a la tercera, será la vencida.

Esta vez, el material “infractor” fue un artículo de nuestro compañero Jimmy Roque. Roque cometió el “pecado” de relatar la experiencia de una visita a una zona de tolerancia de la Ciudad de México, donde las personas sexodiversas no sufren de hostigamientos a la hora de expresar sus sentimientos al igual que todas las demás personas “normales”. Da la casualidad que la calle principal de ese barrio se denomina República de Cuba, y la referencia causó muy mal efecto entre los modernos ciber-Torquemadas.

Para ser completamente sinceros, cuando comenzamos este empeño aquí en Cubava, nosotros y nosotras en el OC no le augurábamos larga vida. Sabemos que nuestra rebeldía, nuestra voluntad de defender la libertad y los derechos contra los poderes totalitarios, contra las moralinas basadas en prejuicios que deforman las religiones que dicen respetar, nuestra convicción de que la liberación de los seres humanos solo puede ser resultado de la acción de los mismos seres humanos y no de fuerzas élitistas inexorables, levanta demasiados disgustos entre todos los sujetos con poderes discrecionales, no democráticos, que de una otra manera se ven aludidos en nuestras críticas. Y como esa es su naturaleza, buscarán tomar las represalias que nos corten las alas.
De hecho, este último acto de censura no se puede comprender de otra manera que como otro gesto de la corrosiva homofobia que empapa a extensos sustratos de la sociedad cubana. Cuando estos sectores homofóbicos perciben una amenaza a su modelo patriarcalista, aplican toda su capacidad para intentar frenar el avance de los principios de justicia para todos los seres humanos, amor para todas las personas, legalidad en igualdad para toda la ciudadanía.

Al menos, esta vez los censores tuvieron la consideración de enviarnos un correo explicativo del castigo. Según ellos, el reportaje de Roque “violaba” los principios de la moral y todas esas cosas que se deben proteger. O sea, tachan de inmoral el testimonio de un cubano que simplemente paseó por un barrio extranjero, se tomó quizá unas fotos, una cerveza, conversó con otras personas. Es terrible la ironía, cuando a diario encontramos en nuestras calles propaganda –estatal–, de mercancías como cigarros y bebidas –estatales–, u otras que invitan a actividades turísticas –en hoteles del Estado o de propiedad mixta del Estado con un extranjero– con profuso empleo de imágenes de mujeres cubanas, sexualmente atractivas. Para no hablar de las incontables piezas “musicales” totalmente degradantes para hombres y mujeres, con que se deleitan sistemáticamente los medios masivos de difusión –del Estado.

No tiene otra lógica, ni intentamos buscársela, que la simple lógica del poder. Más tarde o más temprano, los poderes reales del .cu cerrarán definitivamente este sitio, como están acostumbrados a hacer con todas las voces que les incomodan. Es cuestión de tiempo, porque no conocemos miembros en el OC que aboguen por moderar nuestra fogosidad en pro de unas migajas más de misericordia o permisividad de los altos poderes.

Desgraciadamente, no somos ni los primeros ni seremos los últimos en llevarnos la honrosa distinción de censurados por la burocracia, por los poderes patriarcales, por los autoritarismos de cualquier color –en el fondo, de la misma familia. Afortunadamente, los ideales de respeto a la dignidad humana y a su plena y libre realización, emancipación en el marco de un colectivismo socialista, sobreviven siempre a tales embates; tropiezan un día para levantarse al otro más hermosos, elevados por nuevas manos, en un eterno relevo del que el OC tiene el inmenso orgullo de haber constituido una modesta parte.

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