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Por Pedro Manuel Gonzalez Reinoso

12308757_902340739850124_1845982569941446801_nAhora que se trata de inculpar a balseros y balseadores del mal migratorio nacional (que es viejito-viejito) y se “exige” respuesta inmediata a los gobiernos involucrados en tanta estampida estampada bajo gravámenes de toda laya para la pasantía surcentroamericana [como si les asistiera algún derecho que no fuera el valor del dinero aportado en el CONTRAT(RECIPROQU)ISMO DE HIPÓCRITAS GOBERNANTES puestos de acuerdo contra su propia plebe], no podemos más que solidarizarnos –porque la esencia humanista lo enarbola hasta para con los enemigos y/o estúpidos que suelen conicidirse en uno solo– con el ser caído en desgracia.

No nos importe si se van en pos de libertad o tras el trapo. Wendy Guerra lo dijo A SU atildada manera: Todos se van, pero nosotros no. Debe ser nuestro masoquismo recóndito el que nos rige, nos obnubila y nos jode la existencia infernalizándola hasta el very final.

Pues nada como el placer de mirar –aquellos que jamás se irán de “el sitio en que tan bien se está” gracias al papa(y)cito– el nicho que ya se han autootorgado premortem. Y aquí asalta en prosa otro poeta exiliado/extinto: Eliseo Diego, quien se fue a México a contemplar las tardes zapatistas de don Emiliano y a desleir corazones de agave/porros sobre el mantel de la cocina.

Porque en Cuba, ya lo saben, es muy DIFICIL todo, sobretodo, el mantener. Estantes y estancias. Pero muy especialmente: el futuro de amb@s (2), reyes como somos, de la incertidumbre.

Así lo aduce Leonardo Padura encojonado cada vez que lo espolean: para cada solución, habrá un problema.

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