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Por Marcelo Liberato Salinas

Si hay una organización en Cuba que se ha preparado para conmemorar las nueve décadas de la creación de la CNOC, esa es la Central de Trabajadores de Cuba.

El pasado 7 de agosto, Granma nos informó de los empeños de los directivos de esa organización sindical por emprender el acto de homenaje en la ciudad de Camagüey, donde en 1925 los trabajadores cubanos conformaron sin tutelaje gubernamental, ni de partido político alguno, de “izquierda” o “derecha”, la más grande y efectiva organización obrera en Cuba en toda su historia.

Hoy, en medio de un proceso de re-fortalecimiento Confederacion nacional obrera de Cubadel capitalismo estatal cubano, de imparable precarización de la vida de los trabajadores cubanos, de creciente alianza artera y franca entre el Estado cubano y el gran capital internacional, en un contexto de reforzamiento de la explotación y el ninguneo de la “fuerza de trabajo”, una organización como la CTC ha resucitado la presencia de la prestigiosa CNOC en la historia de Cuba y ha hecho “mención especial”, a la existencia de una figura como Alfredo López, gran referente de liderazgo de esa instancia organizativa del movimiento obrero cubano. ¿A qué debemos esta noticia…? ¿Qué hecho bueno y noble ha pasado en el mundo laboral cubano para sorprendernos con esta conmemoración?

Desafortunadamente ninguno, y hasta podríamos decir: todo lo contrario. Y si decimos lo anterior no es para pasar por simples criticones a tiempo completo, sino porque queremos hacer una minúscula contribución para desentrañar los pasos de la derrota histórica que sufrió el movimiento obrero revolucionario cubano a manos de los leninistas-estalinistas y el militarismo en Cuba desde 1925 hasta hoy y aportar elementos de comprensión sobre el funcionamiento de la maquinaria de fabricación masiva de confusión social, que gozosamente co-gestionan los que hoy se presentan como los organizadores de las festividades por el 90 aniversario de la CNOC.

La Central de Trabajadores de Cuba (CTC), organización creada en 1939 por los leninistas-estalinistas cubanos, con el apoyo decisivo del dictador Fulgencio Batista, y después resucitada en 1959 por el súper-caudillo del M-26-7, sigue en manos de burócratas sindicales, que saben muy bien que si la CNOC, tal y como existía en los años 20 en Cuba, existiera hoy, sería la formidable enemiga # 1 de muchas de las políticas que lleva a cabo hoy el Estado cubano; sería la pesadilla de los tecnócratas y militares que hoy pretenden salvar de su descomposición profunda al capitalismo estatal cubano; sería un obstáculo a respetar para que un empresario español modulara su lenguaje y no dijera impunemente, frente a las cámaras del Noticiero del Mediodía, que Cuba hoy “es una tacita de oro en el mundo”.

A la CNOC y a Alfredo López, es mejor recordarlos muertos y su (des)memoria, administrada por sus enterradores, los burócratas de la CTC y sus mentores los jerarcas del PCC. Este actual Partido Comunista es heredero de aquel otro que en 1933, en una insólita como típica acción estalinista, compró su legalización al tirano Machado, a cambio de prometerle detener la gran huelga general que paralizó al país en ese año ‘33, como si ellos la hubieran iniciado y dirigido; en 1926 expulsó a Julio A. Mella, uno de los fundadores más enérgicos, por indisciplina partidista; en 1939 ese Partido obtuvo los favores preliminares de Batista para detentar el control sobre el movimiento obrero de la Isla, iniciándose la sindicalización forzosa en Cuba.

Se culminaba así la destrucción el espíritu autónomo, federativo, anti-estatal, anticapitalista y contrario a la presencia de los partidos políticos en las organizaciones obreras, inaugurándose en los medios sindicales cubanos un inalterable ambiente de extorción, gansterismo, demagogia, control centralizado (por eso dejó de ser “Confederación de…” para ser “Central de…”) que se ha mantenido con muy pocas variaciones hasta hoy, a través de los sucesivos dominios ejercidos sobre la CTC por los estalinistas del PSP, luego el partido Auténtico (P.R.C.) y su figurón Eusebio Mujal, el “Movimiento” 26 de julio y el actual PCC.

A Alfredo López Arencibia lo recuerdan hoy los leninistas-estalinistas cubanos porque él con su limpio sentido unitario, su prestigio y, desconociendo aún con claridad los turbios procederes de los partidos leninistas-estalinistas, le abrió las puertas de la CNOC a los representantes del PCC, violando él mismo uno de los acuerdos fundacionales de ese Congreso obrero de 1925, que sabiamente impedía la entrada de representantes de partidos políticos en la Confederación.

El elevado poeta y gris funcionario del PCC Rubén Martínez Villena, fue el alma trágica que dirigiendo ese Partido en los últimos días de su vida, lo condujo en 1932-1933 a dominar la CNOC, luego de la represión más cruenta que hasta ese momento gobierno alguno en Cuba llevara a cabo contra los trabajadores organizados.

Cuando López y los más lúcidos y prestigiosos referentes dentro de la CNOC fueron asesinados, encarcelados o expulsados de la Isla, quedó el camino abierto para que el grupo de leninistas-estalinistas que ya estaba dentro de la organización tomaran el control de la CNOC. Así, varios años después, cuando un marxista revolucionario como el panadero negro Sandalio Junco alcanzó algún relieve en la sección habanera de la menguada CNOC, fue asesinado por un comando del PSP (PCC) en la ciudad de Sancti Spíritus, para evitar que desafiara su control absoluto sobre la organización.

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