Etiquetas

,


Por Félix Sautié Mederos

Cuando se produjeron cambios sustanciales en la dirección de la Revista Católica “Espacio Laical” del Arzobispado de La Habana, tras la renuncia de quienes eran sus editores principales en aquellos momentos de mediados del 2014 (1) habiendo sucedido también la partida física para la Casa del Padre de quien fuera quizás su animador principal Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, (para muchos de sus amigos de siempre y de quienes fuimos sus condiscípulos en las décadas de los 40 y 50 cariñosamente “Carlitos”) , confieso con espíritu autocrítico que entonces me asaltaron muchas dudas sobre el futuro que se abría en lo concerniente al espíritu de diálogo y de encuentro que desde sus inicios ha tenido la Revista Espacio Laical.

Debo aclarar que planteo esta afirmación a que me refiero con conocimiento causa, porque a Espacios Laical incluso desde cuando solo se denominaba Espacios y la dirigían Eduardo Mesa en sus inicios y posteriormente Andrés Rodríguez la he seguido con especial atención siempre en sus avatares y esfuerzos; pero en la actualidad en que escribo la presente crónica, quiero reconocer que con el paso del tiempo me ha sucedido que aquellas dudas del 2014 contrariamente a mis consideraciones y a las de otros amigos de la Nueva Izquierda cubana que en aquellos momentos de cambio crucial también se manifestaron (2), poco a poco se han ido disipado positivamente (3); lo cual me regocija mucho porque los espacios de diálogo abiertos y respetuosos no abundan en Cuba y los que han estado surgiendo en los últimos años tanto en los ámbitos religiosos especialmente de la Iglesia Católica como laicos, han tenido que hacerlo a contracorriente afrontando múltiples dificultades y enfrentamientos extemporáneos con los poderes establecidos que son por su naturaleza centralizadora y autoritaria excluyentes de todo lo que no se les subordine sin condición alguna.

Varios han sido los encuentros y diálogos que la Revista ha organizado en su nueva etapa bajo la dirección de Gustavo Andújar y Jorge Domingo Cuadriello sin que por ello yo pueda menospreciar la etapa del pbro. Yovani Carvajal como director y de los editores renunciantes a que me refiero Roberto Veiga y Lenier González Mederos; estos últimos en la actualidad al frente del nuevo emprendimiento de diálogo que se ha dado en denominar Cuba Posible, al cual en su momento hube de darle mi bienvenida en una crónica que publiqué al respecto (4) . Debo decir entonces, que hoy en mi criterio de participante activo y para mi satisfacción personal profunda se ha continuado dialogando en Espacio Laical, como ha sido su práctica de siempre con la mayor amplitud y posibilidades de expresión del pensamiento propio en medio de una diversidad respetuosa y ampliamente participativa. Esto es algo muy importante en la Cuba contemporánea porque el pensamiento necesita angustiosamente liberarse de las ataduras y prejuicios que durante años lo han lastrado.

Quiero ser lo más preciso y prolijo posible con etapas, nombres y fechas porque los esfuerzos de Espacios Laical responden a una voluntad sostenida en el tiempo de abrir las posibilidades de diálogo y participación para que en medio de tanto más de lo mismo, el pensamiento cubano no muera por causa del seguidismo, el oportunismo y la centralización autoritaria que durante muchos años lo han intentado de ahogar y detenerlo en el tiempo. En mi criterio muy personal esto último ha sucedido, mediante una impronta implícita que limita a la libre expresión del pensamiento tal y como se manifiestan en los ámbitos oficiales quienes con empecinamiento repiten y repiten las mismas cosas sobre la falta de sentido de pertenencia, la indisciplina social que solo achacan al pueblo y las palabras mágicas de que es necesario tener mayor productividad y aumentar la producción como si con eso solo se lograra por la voluntad de quienes expresan tales buenos propósitos sin que se adopten otras medidas esenciales de participación y estímulos, que verdaderamente posibiliten una mejor vida para la población trabajadora y de a pie por tan solo mencionar algunas de las capas o estratos más vulnerables de la sociedad.

Así fue que en el último encuentro de diálogo convocado por la Revista Espacio Laical en el que participé hace algunos días e incluso intervine personalmente con mis criterios al respecto del tema convocado con el título “La educación en Cuba Reflexión en el nuevo Siglo” se produjo una sentida y amplia participación de quienes allí asistimos como resultado de la exposición profunda y bien fundamentada de los ponentes de un panel integrado por los experimentados especialistas Berta Álvarez, Mayra Tejuca, Jorge Suárez y Leonor Amaro quien fungió como moderadora del diálogo. Los temas fueron de gran interés porque se refirieron a muy importantes aspectos conceptuales e históricos del desenvolvimiento de los procesos educativos cubanos desde los albores de nuestra sociedad hasta el presente; en mi opinión los ponente expusieron sus temas con una expresión muy propia de su probada experiencia sin que estuvieran atados a condicionamientos previos que no fueran los de la verdad conceptual e histórica de un tema tan sensible para nuestra sociedad.

Del contenido que fue muy amplio y profundo sin que me sea posible reseñarlo en un espacio tan breve como el que cuento para Crónicas Cubanas, saqué algunas importantes consideraciones a las que incluso me referí en mi intervención y que resumo: tales como que en Cuba se ha producido una profunda Revolución educativa y cultural que con el paso del tiempo se ha ido desgastando, la que reclama de cambios y medidas de fondo que nos permitan actualizarla y corregir las desviaciones y errores en que se ha incurrido con los años por causa de voluntarismos, esquematismos e inmovilismos que han sido impuestos en sus conceptos básicos sin tener en cuenta los legítimos intereses de las familias y las personas en sus derechos a decidir la educación que quieren para sus hijos conforme a sus costumbres, tradiciones e incluso ideas religiosas. Por otra parte como resultado de la exposición de una profunda investigación presentada de las etapas, las matrículas y los graduados universitarios, se pudo apreciar que los datos indican una desventaja social en el acceso de las personas negras y mestizas muy a pesar de la amplitud de conceptos y extensión que en la práctica se plantean oficialmente de libre y gratuito acceso a la educación universitaria sin otros condicionamientos que no fueran los estrictamente docentes, porque los negros y mestizos tienen una desventaja histórica acumulada desde los puntos de vista económico y social que no se puede considerar resuelta ya que entre otras cuestiones más que sería muy amplia su exposición, por su falta de viviendas adecuadas tenemos que desde el hacinamiento de una muy pequeña y destartalada habitación o cuarto de una ciudadela o solar como se le denomina en Cuba es muy difícil estudiar.

Se me quedan muchas más cosas sin poder exponerlas por causa del espacio y finalizo por el momento con mi expresión final acostumbrada: Así lo pienso y así lo expreso con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

(1)Ver en Por Esto! “Un desencuentro público, que nunca debió manifestarse”, sección de Opinión, el domingo 15 de junio 2014.
(2) Ver en Havana Times, “Los cambios en Espacio Laical algunas reflexiones” http://www.havanatimes.org/sp/?p=96553#sthash.IKKyBiTh.dpuf
(3)Ver en Por Esto!, ¡Albricias de nuevo Espacio Laical!, el miércoles 18 de marzo 2015 http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=389465
(4) Ver en Por Esto!, sección de opinión “Entre todos Cuba Posible” el lunes 7 de julio del 2014.http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=336670
Publicado en el periódico Por Esto! de Mérida, Yucatán , México, el lunes 2 de noviembre del 2015.
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=437837
Anuncios