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Por Rogelio M. Díaz Moreno

La huelga en el sector de Correos, en el municipio holguinero de Banes, terminó en una rotunda victoria de la clase asalariada. Como referimos hace un tiempo, el conflicto laboral estalló por el desacuerdo de los carteros con la aplicación de sistemas de
remuneración que percibían como injustos. Los niveles superiores prestaron oídos sordos a las comunicaciones de las personas
agraviadas, tramitadas “por los canales correspondientes”. Ante esta situación, se produjo el abandono masivo del trabajo, con las consiguientes afectaciones a la distribución de la correspondencia y la prensa en el territorio.

Pues bien, el viernes pasado, el oficialísimo diario Granma informó de los últimos acontecimientos de esta saga. La ingeniera Zoraya Bravo Fuentes, vicepresidenta del Grupo Empresarial Correos de Cuba, informó al diario de las últimas medidas implementadas por la empresa.

Resulta que una Comisión de Trabajo fue creada para analizar las reclamaciones del colectivo de trabajadores y de los clientes afectados. Y concluyeron que unos y otros tenían razón, puesto que la causa primaria del disgusto fue identificada en el cambio en el sistema de pago a los carteros.

De las explicaciones de la vicepresidenta, se trasluce que, en todas las oficinas de correos de la provincia, se aplicaron las
modificaciones necesarias en los sistemas de pago para satisfacer las demandas del díscolo personal. En el mes de septiembre, abundó, se verificó el positivo impacto de tales medidas y la regularización paulatina de los servicios. Además, se aplicaron sanciones
disciplinarias a varios directivos de la empresa en dicho territorio.

Yo no estoy seguro si en el diario Granma se dieron cuenta del significado de estos acontecimientos. Casi todo el mundo está al tanto de que en Cuba, hablar de huelga es un tabú peligroso, para la vida profesional de cualquiera. El dominio del aparato burocrático estatal sobre la vida económica, política y social, es tal, que penaliza el ejercicio de derechos elementales de la sociedad civil.

A pesar de lo anterior, estos carteros, probablemente sin una formación filosófica o académica sofisticada, comprendieron que fueron presa de una injusticia. Primeramente intentaron cumplir con las exhortaciones de tratar sus inquietudes “en el momento y el lugar adecuado”. Como sucede con tanta frecuencia, esto no les funcionó. Luego, identificaron correctamente la única forma eficaz de
contrarrestar el agravio y la pusieron en práctica. Lograron llevar su situación al conocimiento público, y despertaron la simpatía de la ciudadanía que tuvo noticia de la misma. Y obtuvieron la victoria.

Acciones similares a la de los carteros de Banes se producen con frecuencia creciente en todos los ámbitos laborales del país. Padecen de un alto nivel de informalidad, espontaneidad y falta formal de organización. Tienen además en su contra, al único sindicato legal de por acá, que es apéndice y cómplice de las administraciones, por lo que obstaculiza la mayoría de las reivindicaciones obreras
significativas, en lugar de apoyarlas.

La victoria de estas personas demuestra que la resistencia al autoritarismo tiene sentido, que puede producir resultados positivos. Se une a las experiencias de otras concesiones parecidas, arrancadas al Estado cubano, como han sido las subidas de salario del sector de la construcción y la salud, amenazados por el mismo fenómeno de abandono del trabajo. Poco a poco, la clase trabajadora cubana despierta su conciencia, explora sus fuerzas. El mensaje de estos carteros tiene mucho camino por recorrer todavía, y un prometedor final.

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