A propósito de la visita del Papa

Por Félix Sautié Mederos,

Francisco, con su pensamiento y sus obras como Papa, y sobre todo como un “hombre de Dios” que verdaderamente es, encarna la Revolución del Espíritu de Dios que muchos hemos esperado incluso desde tiempos inmemoriales, comenzando por la definición de la Palabra PAPA, que significa del Latín el sucesor de Pedro o históricamente el concepto de Pedro recibí la potestad (1), y no las otras pompas , oropeles y sumas expresiones que con el tiempo le han cargado a quienes fueran elegidos como los sucesores del humilde pescador que un día dejó en la orilla a su barca y sus redes para seguir detrás de Jesús de Nazaret el hijo del Carpintero, Dios y hombre verdaderos, quien vino a redimir al mundo y a proclamar su Reino de Amor, Justicia y Paz. Ni Jesús, ni Pedro, nunca ostentaron vestiduras especiales ni joyas representativas y mucho menos séquitos y pompas imperiales de ningún tipo, heredados de la Constantinización de la piedra sobre la cual Jesús erigió su iglesia que es el significado de la palabra Pedro.

Estas son en mi criterio las principales definiciones de Francisco y del papado que él asumió desde el balcón de Roma cuando después de su elección comenzó pidiéndole al pueblo que lo bendijera antes de él hacerlo como el nuevo Papa que se les presentaba. Sus verdaderos significados de Potestad y actitud, constituyen una primera cuestión esencial no comprendida por algunos de los que se han preocupado, “escandalizado” y/o opinado profana o equivocadamente sobre el paso de Francisco por Cuba y por los Estados Unidos, como Misionero de la Misericordia; juzgándolo exclusivamente, a partir de sus propios intereses económicos, políticos, sociales o incluso en determinados casos muy personales y/o mezquinos.

Así fue en mi opinión, a partir de cuando Francisco en La Habana planteó en una de sus primeras expresiones de las muchas que ha expuesto durante su fructífero viaje y que no me es posible comentar en el breve espacio de esta crónica, instándonos a que el Servicio al prójimo como a uno mismo según lo que hermenéuticamente interpreto yo, que plantea Jesús en su resumen de la Ley de Dios, es a las personas y no a las ideas, lo que ha “escandalizado” a algunos de los que profanamente lo han estado juzgando con la pretensión de que el Papa Francisco les realizara el trabajo que ellos pretendían y/o pretenden hacer: o bien para cambiar las instancias del poder temporal del mundo o para consolidarse ellos al frente de las mismas.

Es muy lamentable que quienes así se hayan manifestado o se
manifestarán al respecto más adelante, no comprendan que con Francisco se equivocan de la dimensión en la que se manifiesta y actúa con el único compromiso de la opción por las personas, especialmente por los pobres y los más desvalidos, más allá de pompas y representaciones, pero sobre todo con las palabras, los conceptos y las obras que le corresponden como el sucesor del pescador que con sus virtudes, defectos o incluso negaciones y sobre todo con sus arrepentimientos y firmes propósitos de la enmienda en su vida, asume su propia cruz y actúa como seguidor de quien es el verdadero Maestro: Jesús, el Cristo.

Francisco es principalmente eso: el sucesor de Pedro con todas las actitudes y responsabilidades que le corresponden; y en su papado, está realizando “la Revolución del Espíritu” que tantos y tanto hemos esperado en el tiempo, la reiteró en Cuba a donde vino a planteárnoslo como Misionero de la Misericordia y a servir a las personas en vez de las ideas, explicándonos que nuestras soluciones han de partir del Amor, de la Justicia y de la Paz, comenzando por cambiar nosotros mismos para que en definitiva las cosas en su conjunto cambien para el bien; lo demás tenemos que hacerlo nosotros mismos sin esperar que otros nos lo hagan y ni mucho menos recostándonos sobre los otros o exigir que los demás nos lo hagan, para después nosotros asumirlo.

¡La hermenéutica está clara y quienes tengan oído para oír oigan!

Así lo pienso y así lo expreso con mis respetos para quienes piensen diferente y si querer ofender a los demás.

Petri Apostoli Potestatem Accepi , o lo que es lo mismo de Pedro recibí la potestad, no lo definen pues adecuadamente en su mandato por tanto, ni las expresiones tan al uso como las de Sumo Pontífice, Vicario de Cristo o Santo Padre; sino que son son las que lo define como el sucesor de Pedro, el pescador quien fue seguidor de Jesús el hijo del carpintero, Dios y Hombre verdaderos, quien vino a implantar .un Reino que no es de este mundo, de amor, justicia , paz y libertad en donde el que quiera ser el primero debe hacerse el último, y durante su vida terrena trate a los demás como quiera que lo traten a él mismo; y donde todo lo que haga a uno de los más pequeños le será recompensado en el Juicio Final de su vida.

Publicado en el periódico Por Esto!, sección de Opinión de Mérida Yucatán México, el sabado26 de septiembre del 2015.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=429900

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