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Por Rogelio M. Díaz Moreno

Hay un muro a un kilómetro. Hay un muro a quinientos metros. Hay un muro a doscientos metros. Hay un muro a cien metros. No sigas corriendo, tarado, vas a chocar con el muro. Ups, chocaste.

¿Cuántas señales hacen falta para calibrar el rumbo que sigue el gobierno cubano, y convencernos de que es el del capitalismo? Encima, están a plena luz del día. Vean esta nota reciente de Cubacontemporánea, reproducida sin tapujos por toda la prensa principal oficialista, sobre el apoyo japonés con el objetivo de respaldar el esfuerzo de Cuba por las reformas (sic).

Otros sitios como Cubasí y Cubadebate se saltaron la parte de reformas y solo mencionaron el apoyo al proceso de actualización, que se sabe que es más del gusto de los políticos acá. Pero todavía no pueden dar una explicación coherente a por qué los buenos capitalistas japoneses vienen para regalarle, al gobierno de acá, ni se sabe cuántos millones en asistencia financiera, no reembolsable. ¿Acaso para ayudarnos a perfeccionar el socialismo? ¿A nadie en su sano juicio le pasa por la mente otra idea ? El Estado japonés quiere que el gobierno cubano y el sector privado establezcan un Comité mixto para fortalecer las relaciones bilaterales, añade otra nota.

El canciller del país del Sol Naciente vino en persona con el disfraz de Papá Noel. Lo acompañaban una numerosa comitiva de hombres de negocios, que intercambiaron intensamente con los que cortan aquí los bacalaos de la minería, industria, energía y el puerto de El Mariel. Hay un verdadero potencial a desarrollar entre ambos estados, decía el canciller del lado de acá, como si delirara y pensara en una relación entre dos socios más o menos parecidos.

Esta es la más reciente de las incursiones de los capitalistas foráneos, incrementadas exponencialmente a partir del inicio de la normalización de relaciones con Estados Unidos. Vale la pena recapacitar un poco sobre cada uno de estos socios, para no creerse un cuento chino. A ver qué intereses pueden tener estos señores burgueses.

Las empresas japonesas, además de plantas industriales de muchísima eficiencia y automatización en su propio país, tienen montones de maquilas regadas por todo el Asia. Sus corporaciones de automóviles, electrónica, etcétera, explotan millones de personas allente los mares. El mercado de consumo en nuestra empobrecida isla difícilmente despierte sus apetencias. Ahora, la posibilidad de explotar barato una masa proletaria altamente calificada seguro sí les llama la atención.

No se aprecian otros planes, por lo tanto, que el de profundizar el proceso de inversiones de capitalistas extranjeros en nuestro país, para la explotación de nuestra fuerza de trabajo. Como el Estado cubano conducirá todo el proceso por la parte cubana, seguirá ausente una contrapartida organizada de nuestra clase trabajadora, capaz de obtener garantías, salarios dignos y derechos laborales y ecológicos. Los créditos y asistencias manarán generosamente desde Tokyo, para recordar a La Habana cuáles intereses debe defender.

La planta productiva de nuestro país, el proceso de producción y reproducción material y económico en general, seguirá profundizando el carácter capitalista. Fíjense cuántos interesados hay ya involucrados. Y cuántas señales no nos han dado ya.

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