Por Eugenio Rodríguez Balari

Con frecuencia aparecen en los medios de comunicación y redes electrónicas, resultados estadísticos de supuestas o reales encuestas realizadas a la población de Cuba u en otros países; los temas por lo general son de interés o de sensibles aspectos económicos, políticos o sociales que apetecen su lectura. Tal proceder me mueve a hacer algunas consideraciones sobre la realización, uso y abuso de las mismas. Cierto es que las encuestas de opinión sobre cualquier tema que se aborden, provocan la atención de la ciudadanía y son un magnífico instrumento de trabajo para muchos sectores de la sociedad.

Ellas nos permiten no sólo conocer X número de realidades de una manera no especulativa, sino además, analizar y tomar decisiones más acertadas sobre un innumerable cúmulo de situaciones que son de nuestro interés. Son también un instrumento adicional de la democracia y un beneficioso vehículo de retroalimentación para cualquier sector social, político/económico o empresarial. Precisamente por tales circunstancias es que esa eficaz herramienta debe ser utilizada con el mayor rigor técnico y profesional, con una moral y ética a toda prueba; porque en dependencia del uso que se hagan de sus resultados; ellas no sólo determinan la honestidad y prestigio de los que la realizan, sino que al adulterar los resultados también ocasionan desinformación al público y producen daños. Las conclusiones que se efectúan en esas consultas a la población, deben ser garantizadas de manera limpia y escrupulosa, ser además trabajadas con los mayores niveles de conocimientos técnicos y ajenas a la manipulación o adulteración de datos que persigan fines ajenos a los resultados de ellas.

Los análisis que se realicen sobre las informaciones que se obtienen, deben corresponderse a las realidades que se manifiestan en las mismas. Tiene que existir una transparencia incorruptible. No es ético ni tampoco válido moralmente, realizar encuestas con fines previamente de adulteración de las mismas o concebidas para transformar luego sus resultados; menos para ser utilizarlas en los medios masivos e influir tendenciosamente en una dirección contraria a sus resultados.

Ello es condenable porque es engaño y falsificación de información. Pero si algo beneficioso posee las encuestas, no sólo es que nos muestren las diferentes situaciones existentes, sino que además nos brindan informaciones de carácter cuantitativas y cualitativas, así como los estados de opinión prevalecientes.

Ellas además nos permiten conocer las tendencias que se manifiestan sobre cualquier fenómeno social que nos interese.

No hay dudas que para la toma de decisiones por parte de autoridades y directivos de cualquier sector, ellas son convenientes utilizarlas y poder valorar sus resultados .Los encuestadores y agencias profesionales que en el mundo se dedican a estos menesteres; saben muy bien, que para inferir criterios o estados de opinión de la ciudadanía con carácter de representatividad; no es suficiente hacer consultas indiscriminadas al azar, sino que deben realizarse en base a metodologías más amplias y complejas, que deben aplicarse con todo rigor y ser realizadas por profesionales en la materia. Por ejemplo son conocidos la amplia gama de métodos de muestreo que se pueden utilizar; también sus exigencias, alcances y seguridades correspondientes.

Estos aspectos técnicos son imprescindible sean organizados cuidadosamente, en correspondencia al universo y características de la población que se va a consultar. Se comprende que la población o la sociedad en cualquier parte del mundo, es un conglomerado cambiante y heterogéneo; ya que por lo general se puede estratificar por sexos, edades, razas, territorios, tipos de empleos, niveles socioeconómico o socioeducativos y culturales, etcétera. Las diversas variables que señalamos, no permiten comprender las diferencias de opiniones e intereses que pueden resultar en la realización de una Encuesta. El trabajo de las encuestas es una labor minuciosa y especializada, bastante laboriosa por cierto; la cual le exige al investigador ser realizada con sumo profesionalismo, rigor y una fundamental conducta ética. Las encuestas casi siempre son efectuadas por profesionales que se especializan en ellas, generalmente son sociólogos, estadísticos/matemáticos o de otras profesiones; pero conocedores de las técnicas y métodos de la investigación social. Los encuestadores son investigadores de las ciencias sociales y deben encontrarse capacitados para formular las hipótesis, definir bien los objetivos, elaborarlos cuestionarios y seleccionarlos diversos tipos de muestreos aleatorios, que pueden o deben realizarse según el alcance y objetivos del universo que se va a consultar.

O de lo contrario son equipos polivalentes o multidisciplinarios que se involucran y participan en ellas .La precisión y naturaleza del muestreo y los márgenes de error que previamente se consideren, nos garantizarán el carácter probabilístico o representativo de la encuesta o investigación que se efectúe. La tolerancia o márgenes de errores se encuentran previamente diseñadas. Es fundamental definir bien el objetivo y de igual manera sucede con lo que se va a consultar, lo que implicará definir sus hipótesis y las precisiones correspondientes; a su vez ala elaboración acertada y profesional del cuestionario, que es el instrumento que se aplicará a los individuos a los que se les realizará la consulta.

No menos importantes son las cuestiones que se relacionan con la preparación de los entrevistadores y las pruebas iniciales experimentales para cerciorarse que el cuestionario funciona bien, también las etapas de la codificación de las planillas o el necesario y cuidadoso procesamiento de los datos registrados en las mismas.

Finalmente con las estadísticas ya consolidadas y luego resumidas y/o clasificadas, estas nos sirven para realizar los análisis de acuerdo con los objetivos de la encuesta y poder extraer de ellos las conclusiones correspondientes. Debemos valorar que las encuestas son informaciones que se obtienen a través de cortes transversales, que reflejan o brindan informaciones de un momento determinado; son como fotografías que captan un instante dado, según las personas que participan en las mismas y el lugar y el tiempo en que se realizan.

A diferencia de ellas existen los paneles con muestras de población, los que también ofrecen informaciones primarias pero en este caso en forma longitudinal.

Ellos, los paneles, a diferencia de las encuestas son como las películas, puesto que nos van ofreciendo informaciones constantes sobre X asuntos a lo largo del tiempo.

Pido excusas a los no interesados en cuestiones técnicas; pero resulta cada vez más preocupante, que personas que probablemente no han sido autorizadas en un país o lugar para realizar tales actividades; publiquen datos estadísticos y extraigan luego conclusiones. Hago estos señalamientos porque las encuestas sin haberse desarrollado con el rigor metodológico requerido, lo que lleva tiempo y condiciones para su implementación, las mismas no pueden ser confiables y sus datos son altamente vulnerables, por lo que hay que tomarlos con precaución o no otorgarles crédito. No es preciosismo ni pedantería cientificista, tampoco exageración, sino más bien un llamado de alerta, ante el uso y abuso indiscriminado que se viene haciendo con esas importantes herramientas de consulta pública. De ahí la precaución a tomar con las informaciones que nos brindan ciertas encuestas; en especial cuando no nos explican las formas de su realización y desconocemos si han sido autorizadas; tampoco nos señalan las fuentes bibliográficas de consultas o la descripción de las técnicas utilizadas. Las encuestas a la población de carácter OPINATICAS o no probabilísticas, son poco confiables porque pueden también desinformarnos y llevarnos a pensar o a creer cosas que en la realidad no son. Lamentablemente ciertas agencias e individuos se prestan a ello y entonces se engaña y manipula al público con la información que se ofrece, se presentan datos estadísticos que no representan el universo de consulta y distorsionan o dañan la imagen de lo que realmente acontece.

Las víctimas somos nosotros, los lectores a los que se nos desinforma, igual somos los perdedores, porque hemos sido timados por leer y posiblemente creer en sus adulteradas o mentirosas informaciones. Ello es importante que lo tomemos en consideración, porque si bien es cierto que nos encontramos en la era de las comunicaciones, que se caracterizan por su inconmensurable expansión y celeridad; resulta tan importante como ello que las informaciones que recibamos sean ciertas o fidedignas, por lo que es necesario estar alertas para no dejarnos manipular arbitraria y tendenciosamente sobre cualquier tema que se trate. Por eso hago un llamado a la precaución en este común asunto, para cuando se invoquen datos de consultas a la población, los autores tengan la consideración con los lectores(cualquiera sea el público de que se trate), de darle a conocer las autorizaciones debidas, las fuentes consultadas y los procedimientos metódicos y técnicos que se utilizaron en su realización .Esos datos en otras circunstancias no siempre son imprescindibles exponerlos y con frecuencia se obvian, porque las encuestas son realizadas por agencias o instituciones especializadas que son reconocidas, prestigiosas y serias, lo que les otorgan confianza pública. Sin embargo en el caso del diferendo político entre los cubanos, considero que es saludable añadirlas, así evitamos suspicacias y las frecuentes manipulaciones que han existido y existen sobre cualquier tema. Todo lo que allane los caminos del entendimiento, el fortalecimiento y cohesión de nuestra nacionalidad, bienvenido sea, porque en todos los frentes y sectores es necesario reforzar la transparencia y confianza. No sé si tenga razón al expresar estas ideas, pero probablemente sea una forma saludable y conveniente de proceder en este asunto.

Así todos nos sentiremos más confiados y seguros con lo que leemos.

Anuncios