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Por Yenisel Rodríguez Pérez

Internet-franParece que por fin se darán pasos determinantes para masificar el servicio de internet en Cuba. Mucha es la presión que se ha ido acumulando tras este tema, por la disputa ferviente que podemos imaginar entre diferentes grupos de intereses cubanos.

¿Quién duda que el ciberespacio sea el escenario político donde se definirá el futuro sociopolítico y económico del país?

Y dentro de este panorama hablar de sociedad civil cubana para luego adjudicarle un papel protagonista en esta pugna es pecar de ingenuo. Sociedad civil es aún un eufemismo.

Cuando se usa el concepto de sociedad civil para referirse a acciones de presión popular sobre el gobierno, lo que se hace es meter en un mismo saco iniciativas escasamente efectivas acometidas por individuos o pequeños colectivos, todos minoritarios e invisibilizados dentro del mundo de vida popular barrial.

Estas iniciativas políticas, a pesar de tener una proyección política definida, padecen de una escasa efectividad sociopolítica debido a la atomización de nuestra sociedad y al fuerte componente de despolitización instaurado en el imaginario popular.

Entonces sería más preciso pensar en grupos de intereses asociados a centros de poder (y no sé si aún peco de optimista).

Porque más allá de todo, es indudable que los pasos que se vienen dando en la ampliación del servicio de internet, viene a reflejar una consolidación de las tendencias neoliberales y proderechista en el panorama político cubano.

Podríamos pensar en un mapa que sitúe opositores pasivos y opositores protagónicos al gobierno. Primero se distinguen aquellos que desean una conectividad total que facilite el derrocamiento total del castrismo, siguiendo la lógica de la Primavera árabe.

Luego tendríamos a los inmovilistas, interesados en preservar el estatus quo sustentado en la desinformación y la centralización de los flujos de información globales, representados por la gerontocracia gubernamental y sus lacayos.

Y por último, y no menos influyentes, entran a jugar los reformistas, interesados en reformas más o menos amplias y ordenadas del acceso a internet, aspirando a un control gubernamental eficiente y “democrático”, inspirados en ese capitalismo de centroderecha tan irrealizable en un mundo atascado en todo tipo de crisis.

Y ahora me pregunto por la izquierda revolucionaria, por el anarquismo cubano. ¿Existe un camino recorrido desde la resistencia y el reciclaje, por lo que esperamos potenciar todas nuestras fuerzas en un futuro con mayor acceso a las redes globales? ¿Aprovecharemos las grietas que dejen los poderosos en su rejuego político y en su lucha de todos contra todos?

Desde lo individual voy ajustando mis expectativas personales con todo este asunto. Sé que internet no es una lámpara maravillosa que viene a cumplirnos tres deseos, y mucho menos si esos deseos tienen fines políticos.

La tecnología puede mirar muy lejos al horizonte, pero al final termina anclada en las relaciones sociales cotidianas, digamos irónicamente analógicas.

Lo que no resolvemos en la praxis social, en el cara o de cara entre individuos y de frente a las instituciones sociales de nuestro entorno próximo, ningún facebook, twitter o San google nos lo va a conceder.

Poca reflexividad y cultura política he encontrado en Internet. He tropezado con las mismas realidades que se ven desde mi ventana y que habitan en una calle cualquiera de mi sucio y poético barrio de Santos Suárez: mucho chanchullo y mucho “singa singa”.

¡Afinemos las armas!

Publicado originalmente en Havana Times

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