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Por Félix Sautié Mederos.

Crónicas cubanas

Cuando la mente se concentra en improntas extraordinarias tal y como nos sucede en Cuba en la actualidad, entre otras cuestiones importantes, al estar karmaconmocionados por causa del anuncio del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos después de más de 50 años de incomunicación, agresiones y agudos enfrentamientos, muchas veces no nos es posible evitar que impacten nuestras mentes algunas ideas recurrentes que también encontramos reflejadas en los más diversos espacios y ámbitos en que se desenvuelve nuestro peregrinaje terrenal, más aún cuando tienen que ver o están íntimamente relacionadas con nuestras luchas existenciales y experiencias de vida, así como con conceptos y/o personas que consideramos y respetamos muy especialmente.

Me refiero a situaciones y hechos que por lo reiterado de su manifestación, en ocasiones se nos presentan casi sin darnos cuenta de su existencia real, porque en esas circunstancias no somos capaces de identificar lo que subjetiva y objetivamente nos embarga al respecto. Debo decir enfáticamente que incluyo en estas consideraciones a los conceptos básicos de justicia, de respeto a la dignidad humana y de preservación de la libertad, la paz y todo lo referido a la condición humana en los que el derecho y la ley constituyen salvaguardas esenciales de la supervivencia de la vida humana sobre nuestro planeta. A tales efectos quiero testimoniar en la presente crónica, algo que está íntimamente relacionado con lo que planteo y que me sucedió hace algunos días porque considero importante y necesario exponerlo en uso de mi derecho inalienable a la libre expresión de mis ideas, vivencias y sentimientos, lo que además trato de escribirlo y publicarlo en función de mi propósito de ser cronista de mi época, más allá de las pujas políticas que llevan a muchos a manifestarse de manera totalmente polarizada en detrimento de la verdad histórica y de los conceptos éticos esenciales que son inherentes a la condición humana, prejuzgando a las personas solo a partir de las preferencias políticas de quien las prejuzga sin tener en cuenta la verdad histórica en que se manifiesta sus vidas específicas.

En este orden de cosas, debo decir que hace algunos días cuando revisaba la prensa diaria junto con algunas otras publicaciones periódicas como es la Revista católica Palabra Nueva en uno de sus últimos números publicados: el 246, en este proceso encontré dos cuestiones quizás para algunos insignificantes o para otros totalmente descartables dado su nivel personal de polarización y de rencores, que me movieron a una introspección profunda de algunos recuerdos que regresaron a mi mente de manera inusitada, los que forman parte de mi experiencia existencial de los muchos años de luchas, esfuerzos e incluso angustias en que he estado envuelto desde muy joven. Me explico: en la contraportada de aquella Palabra Nueva a que me refiero, aparece la imagen de un hombre en primer plano y de una mujer más adelante, postrados ante un altar, como ilustración de soporte al texto del Salmo 106 publicado en ese espacio a página completa, cuyo encabezamiento expresa una idea que para los cubanos e incluso podría decir que para el conjunto de la humanidad actual, posee un especial valor. Dice textual: Dichosos los que respetan el derecho y practican siempre la justicia. Acuérdate de mi por amor a tu pueblo ven a traerme tu salvación (Traducción de la Biblia de Jerusalén). Conjuntamente también en esa oportunidad que relato, me llamó la atención una breve noticia de primera plana del periódico Juventud Rebelde del sábado 28 de febrero 2015, con un encabezamiento que decía textualmente Premio Carlos Manuel de Céspedes a Armando Hart. Céspedes es el abogado ilustre, Padre de la Patria cubana que da nombre al premio anual de la Unión Nacional de Juristas de Cuba. Reconozco que algunas premiaciones que se efectúan actualmente por muchas instituciones cubanas, con las más diversas denominaciones y objetivos, a veces por su reiteración y uso adquieren un carácter rutinario; y de tan abusadas en nuestro país, ya no son noticia; porque han englobado lo justo y lo injusto. Pero esa información de Juventud Rebelde en cambio, para mí resultó ser muy significativa porque muchos de los años de mi intensa vida socio política, transcurrieron cercanos y muy relacionados con el abogado y revolucionario Armando Hart, quien fue el artífice principal de la alfabetización; y me pareció realmente una acción de justicia con alguien que siempre ha priorizado el derecho y la ética martiana, incluso más allá de cualquier concepción política con la que pueda ser clasificado. Escribo pues, sobre vivencias que nunca podré negar, que están muy por encima de lo rutinario que pueda considerarse ese tipo de premiaciones en Cuba, dado el esquematismo y las exclusiones con que en muchas ocasiones se desenvuelven; pero que tampoco pueden negarse cuando constituyen un justo reconocimiento a una vida entregada a un ideal de ética y respeto a la juridicidad que debía caracterizar a toda sociedad civilizada. En mi criterio así fue este reconocimiento a alguien, que erguido por encima de sus fuerzas y de su edad fecunda continúa dando de si todo lo que le es posible a favor de sus ideas.

La importancia del respeto al Derecho, que es en definitiva la ley que da orden y deviene factor de eticidad que a su vez da soporte a la convivencia civilizada de cualquier sociedad humana, tiene un enorme valor existencial; y para los cubanos durante largos años, ha sido y es centro de nuestros anhelos y luchas. En estos momentos en que se presentan oportunidades de grandes cambios a favor del desarrollo y del mejoramiento de las condiciones de vida de la población, resulta prioritario alcanzar un estado de derecho que dé fundamento a una República con todos y para el bien de todos, en la que quepamos todos y valgan las redundancias del concepto todos.

Motivado por las informaciones que he mencionado, he pensado mucho sobre lo que les expreso, incluso muy en especial sobre las polarizaciones y los múltiples rencores que vivimos los cubanos de hoy, que determinan excluirnos unos a otros y no reconocernos en nuestras virtudes y luchas por la justicia, la vida y la paz, así como por el respeto a la ley y al derecho, que es una de las formas esenciales de la paz verdadera que como sabemos no constituye solo la ausencia de guerras, es algo más: es justicia social y también reconocernos y respetarnos en nuestros criterios y diferencias. Así lo pienso y así lo expreso con mis respetos por las opiniones diferentes y sin querer ofender a nadie en particular.

fsmederos@gmail.com

Publicado en Por Esto! el lunes 9 de marzo 2015.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=387573

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