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Por Erasmo Calzadilla

El día 11 de septiembre de 2014, el periodista René Tamayo publicó en Juventud Rebelde un extenso artículo sobre los precios en el mercado agropecuarioagro2. Siguen subiendo –asegura el columnista- aunque de manera menos acelerada: 4% ese año, 20% en la temporada anterior. Detrás de tan “buena” noticia solo puede haber una causa: “las medidas de la actualización para el sector agropecuario empiezan a madurar y dar resultados”.

Los periodistas que escriben para diarios oficiales ¿tendrán la obligación de ser optimistas y hablar bien de los funcionarios? Lo digo porque ¿cuántas razones no habrá para que los precios disminuyan su tasa de crecimiento?

De hecho, era imposible que siguieran aumentado al impresionante ritmo de 20% anual; con otra temporada como esa los precios hubieran sido impagables.

En este post quiero ponerlos al día de la situación y discutir la política que están siguiendo los dirigentes para resolver el problema.

Los precios siguen cuesta arriba, es mi percepción de comprador. Cada temporada varios productos suben uno, dos o tres pesos con respecto al anterior; ninguno baja. Los organopónicos participan destacadamente en el atraco, el aura de comunitarios es un cuento para turistas crédulos.

Pero intentemos comprender lo que está sucediendo. ¿Será que las medidas implementadas por Murillo no han teniendo éxito?

Según los datos reportados por el periodista las reformas sí han conseguido estimular la decadente producción agrícola. El año pasado hubo un crecimiento de 25% con respecto al anterior; si no están inflando se trata de una hazaña descomunal. Asumamos que es cierto y sigamos adelante.

De lo anterior se desprende una pregunta ¿Cómo es posible que tan buenos resultados no se reflejen en los precios?

Para explicar el paradójico comportamiento el columnista propone dos tesis:
1. las inclemencias del tiempo afectaron la producción tomate y otros rubros de alto consumo.
2. la demanda es muy alta y todavía no está cubierta.

Lo del tomate fue un fenómeno puntual y sin grandes consecuencias; creo que la causa profunda y sistémica tiene más que ver con la segunda tesis: la escasez persistente.

Comportamiento no lineal

Si la oferta y la demanda se mantuviesen relativamente equilibradas, la producción y los precios establecieran una relación sana, inversamente proporcional. Pero el mercado agropecuario cubano dista mucho del equilibrio porque la oferta se queda siempre muy por debajo de la demanda (el periodista lo demuestra con datos). Como resultado los precios se desconectan de la oferta sosteniéndose de manera inelástica en el entorno de un valor límite.

La pregunta que corresponde ahora es ¿Por qué, a pesar de la importante inversión en el sector, las nuevas medidas facilitadoras y los altos precios pagados por los consumidores la producción agrícola no logra satisfacer la demanda?

Una ristra de circunstancias históricas y económicas podrían ayudar a explicarlo. Sobresalen por su malignidad el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos, la emigración masiva del campo a la ciudad y el férreo control Estatal de la agricultura (un coctel más tóxico que el Agente Naranja).
Pero lo peor, queridos amiguitos, está por llegar: sobre el sufrido y enmarabuzado campo cubano ya empiezan a caer como plaga implacable el declive de los combustibles fósiles y el cambio climático. Esos enemigos sin rostro están destrozando despiadadamente el sueño tecnócrata de importar la Revolución Verde, gracias a dios.

Sin embargo “nuestros” líderes, que no parecen comprender la delicada situación, siguen apostando a la vía China: prosperidad, desarrollo, liberación de las fuerzas productivas y del mercado de la mano del Partido. Con tales remedios pretende revertir varias décadas de parálisis estatista.

El único problemita reside en que en una situación de escasez crónica el mercado libre deriva inevitablemente en mercado cautivo, controlado por mafias. Ya está ocurriendo, pese a los esfuerzos del gobierno por coordinar el abastecimiento del mercado mayorista sin la intervención de intermediarios, los productos siguen llegando al consumidor con precios de monopolio. (El periodista Tamayo menciona este fenómeno)

Conclusiones y soluciones

Los artífices de la actualización del socialismo y probablemente muchos de ustedes, lectores, creen que los altos precios y el mercado negro se acabarán cuando la producción logre acercarse a la demanda.

La idea fuese sensata, tal vez, si no estuviéramos en las mismísimas narices del declive energético y el cambio climático, pero estamos, y apostar a la prosperidad justo ahora es una estupidez histórica que costará caro.

El relajamiento de los mecanismos de control policial y social facilitará el surgimiento de mafias (ya está sucediendo). Por otra parte, las medidas “liberales” promoverán desigualdad, desintegración social, valores despiadados e individualistas… lo menos que necesitamos a las puertas de una crisis social.

Teniendo en cuenta lo anterior traigo a discusión tres ideas para la solución del problema alimentario cubano:

1. Frenar el proceso de mercantilización del campo cubano pero sin regresar al monopolio cuasi total del Estado. La clave de la resiliencia puede estar en las pequeñas comunidades campesinas.

2. Rescatar la libreta de abastecimiento para la distribución de alimentos de primera necesidad; solo así podrá evitarse un desabastecimiento explosivo en los grandes núcleos urbanos. Una solución podría ser subir los precios de la libreta a un nivel intermedio entre los de ahora (ridículamente bajos) y los del mercado “libre campesino” para que ni productores ni consumidores dependan de la subvención estatal.

3. Promoción de la emigración al campo y la ruralización de las ciudades. Si ese proceso no se planifica y ejecuta con tiempo luego ocurrirá a la desbandada y de la peor manera. Existe ahí afuera, en el ancho mundo, un importante movimiento conocido como “Comunidades en Transición”; pueblos y ciudades que se preparan activamente para el declive de los fósiles y el Cambio Climático. Los países más desarrollados son sus principales promotores pero los dirigentes comunistas tienen más fe en el capitalismo que los propios capitalistas. Demos un merecido aplauso al descubridor de la dialéctica.

Publicado Originalmente en Havana Times

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