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Por Félix Sautié Mederos.

Crónicas cubanas

Rencores, Odios y Contingencias

Soy de los que considera con optimismo cauteloso la nueva etapa que se abre a partir de los anuncios de Cuba y Estados Unidos el pasado 17 de diciembre; así lo pienso a pesar de las fragilidades, obstáculos y asechanzas incluyendo a los objetivos particulares contrapuestos que cada parte ha anunciado en este proceso, que por demás me atrevo a decir que eran de esperar y que requieren de un esfuerzo de coexistencia pacífica de vecinos geográficos que no nos podemos mudar de donde estamos y que tendremos que aprender a convivir en paz respetándonos en nuestras diferencias y especificidades. Esas improntas adversas, contradictorias y esperadas, lógicamente son parte de una negociación compleja y difícil en la que se pasa revista a problemas muy agudos sostenidos en el tiempo durante muchos años. Constituyen pues, circunstancias que objetiva y subjetivamente caracterizan a las nuevas realidades políticas y económicas que se pueden avizorar en el horizonte y que han despertado, diría yo, asombro por una parte y esperanzas por otra, en la población cubana porque rompen el más de lo mismo que ha imperado durante mucho tiempo. La negociación entre los dos países en igualdad de condiciones, es algo realmente inevitable que tenemos que asumir y enfrentar porque lo otro sería continuar detenidos en el tiempo en medio de dramáticas y amenazadoras contingencias en un mundo en el que las dinámicas del movimiento cambian día a día y las guerras se han convertido en una constante que amenaza a todo el planeta.

La nueva etapa que evidentemente se ha iniciado coincide con una situación generalizada en Cuba en la que el pueblo, principalmente el de a pie, hace mucho tiempo que manifiesta síntomas de agotamiento y hastío por causa del más de lo mismo que se ha mantenido latente en nuestras muy especiales circunstancias en la que los rencores, las amenazas cruzadas de pase de cuentas y los odios han dañado sensiblemente las posibilidades de alcanzar la paz, porque aunque no son parte de una guerra caliente tampoco hay paz. En realidad el pueblo ha estado viviendo en un campo minado con vaivenes cargados de odios y rencores y va siendo tiempo que comencemos a vivir con paz y tranquilidad; pero precisamente en estos históricos momentos de nuevo aparecen a la luz publica los heraldos de los odios, de los rencores y de los pases de cuenta que no se han detenido en las nuevas circunstancias en que por primera vez en muchos años aparecen posibilidades objetivas y subjetivas de lo que podríamos denominar más bien un armisticio dentro del enfrentamiento de ideas y concepciones que han determinado agresiones, bloqueos y guerras económicas que han perjudicado al pueblo cubano como principal víctima de estos procesos que algunos justifican sin pensar a quienes afectan en realidad.

Me refiero a algo que he vivido desde adentro con la convicción moral que me ha dado estar presente con una posición crítica constructiva sobre el terreno minado sin haber claudicado ni huido hacia lugares más seguros. En consecuencia, rechazo las actitudes de quienes desde afuera muchas veces junto con otros desde adentro se encargan de tirar y tirar de la soga sin importarles que se parta por el lado más débil, que son los ciudadanos de a pie, tal y como suele suceder casi siempre en los enfrentamientos de los poderes temporales de este mundo en que nos ha tocado vivir.

La posibilidad de que se abra una nueva etapa histórica en las complicadas relaciones entre Estados Unidos y Cuba, en la que se intente comenzar a vivir en medio de una verdadera coexistencia pacífica, respetándose las diferencias e identidades de cada cual en igualdad de condiciones, bien vale la pena apoyarla sin ambages muy a pesar de los riesgos, los objetivos contrapuestos y los peligros objetivamente reales que ello conlleva. La posibilidad de lograrlo sin que haya ni vencedores ni vencidos, es una posibilidad propia de la real política a favor de que se consolide cada vez más que América Latina y el Caribe sean una zona de paz y de que las condiciones de vida del pueblo cubano se desenvuelvan con mejores perspectivas de realización porque hasta el momento es quien más ha perdido y más se ha esparcido por el mundo en una diáspora galopante que crece con familias cada día más dispersas. Hablo no solo de los cubanos que vivimos dentro de nuestras fronteras, incluyo muy especialmente también a todos los cubanos sin excepciones onerosas que han emigrado. Y, en ello puedo decir que personalmente también soy un afectado, porque 5 de mis 7 hijos viven actualmente dispersos en Estados Unidos, España e incluso una en Bruselas, mientras que me quedan dos en Cuba. Fuimos una familia numerosa pero ahora somos una familia dispersa y no hablo de mis nietos, sobrinos y demás parientes que viven en el exterior para no cansarlos.

¿Quién puede pues, darme lecciones distintas de los sentimientos y convicciones con que escribo sobre este proceso?, del cual me considero un participante de excepción y/o tratar de reclutarme para los contingentes de los rencores, los odios y los pases de cuenta. Con odios, rencores y espíritu de revancha no se pueden reconstruir la paz, el desarrollo y en resumen la felicidad de un pueblo, de una nación y de un Estado. En este orden de pensamiento, quiero expresar mi más decidido rechazo a las actitudes de quienes intenten entorpecerlo abogando a favor del Bloqueo y del enfrentamiento cruento en razón de que tienen sus corazones cargados de odios, rencores y deseos de venganza. Aunque sé que mi criterio y mi posición son simplemente los de una sencilla persona del pueblo cubano que los escribe y plantea desde su rincón de Centro Habana en que escribo mis crónicas. Ya he escrito varias veces en las últimas semanas en relación con este proceso de restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba que se anunció públicamente el pasado 17 de diciembre que hay oportunidades que se presentan una sola vez en la vida que no se deberían malograr. Por mi parte anido y atesoro en mi conciencia y en mi corazón los inmortales versos de José Martí que denominamos la Rosa Blanca y me uno a quienes como el Apóstol no cultivan cardo ni oruga, porque cultivan para el cruel que les arranca el corazón con que viven, una Rosa Blanca. Solo con esta actitud y disposición de enaltecedora humanidad podremos edificar con todos y para el bien de todos, una República en donde quepamos todos.

Así lo pienso desde lo más profundo de mi conciencia y de mi Ser Interior, y así lo expreso con mis respetos para quienes opinen diferente y sin querer ofender a nadie en particular. fsmederos@gmail.com

Publicado en Por Esto! el viernes 13 de febrero 2015.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=382409

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