“GRECIA VA ADELANTE, EUROPA CAMBIA, LA ESPERANZA LLEGA”.
Son los tres tópicos de los spots electorales que circularon en los medios griegos en relación con la muy esperada victoria de los comicios electorales del 25 de enero por la Coalición de la Izquierda Radical, conocida por sus siglas en griego como SYRIZA.

Progreso, Cambio y Esperanza, son los tópicos que abarcan la consigna fundamental de este partido de izquierda y es también la perspectiva que intenta articular en su programa electoral, basado en tres principios básicos: un cambio global del modo de ver las relaciones entre los países de la Unión Europea con las instituciones que la representan, un programa de desarrollo nacional que se aleja de los esquemas neoliberales aplicados sin logro alguno durante más de un lustro en la economía griega, y una nueva visión de la sociedad donde se empiece a escuchar la voz de los ciudadanos.

Alexis Tsipras llevaba dos años y medios, desde las elecciones de junio de 2012 hasta el fracaso rotundo de la elección del Presidente de la República en diciembre de 2014, marcando la cuenta atrás del período conocido en griego como Metapolítefsi (Cambio político), para abrir una nueva etapa en el complicado escenario de la política griega; donde se ponga fin al bipartidismo griego, protagonizado por el partido de derecha Nueva Democracia y el partido de centroizquierda PASOK (Movimiento Socialista Panhelénico).
El gobierno de SYRIZA pretende poner fin también, según su programa, a las graves patologías políticas y problemas estructurales que afectan el funcionamiento de la democracia y la vida pública en una sociedad en la cual durante casi 60 años gobernaron básicamente dos o tres familias vinculados con los intereses de la clase dominante dentro del país y con los intereses extranjeros que les protegían. El gobierno de SYRIZA pretende reconstruir un Estado social de Derecho en el cual todo lo que fue quitado a las grandes mayorías, por la Troika y las medidas draconianas de austeridad aplicadas por el gobierno de Nueva Democracia, sea recuperado y redistribuido sobre principios de justicia social y alivio económico a las mayorías afectadas.
En general, el propósito de la Coalición de Tsipras, según el programa político presentado en Salónica el 19 de septiembre del pasado año, es detener la catástrofe humanitaria que han provocado las medidas de la Troika y las políticas de los partidos dominantes. Para tener una idea de qué es lo que pretende SYRIZA hacer con su llegada al poder y como se explica que desde un 4% histórico hasta el 2012 ha llegado a un 36% hay que tener en cuenta el programa político de esta coalición y la gravedad de la situación en la que se ha visto envuelta toda la sociedad griega en los cinco años de crisis económica. En otro artículo más adelante me referiré a estos parámetros.
Hoy toma posesión del gobierno de Grecia, por primera vez después de cuarenta años de Metapolítefsi, un partido de izquierda. Pero lo hará en colaboración con el movimiento de centro-derecha Griegos Independientes (AN.EL.), liderado por un exparlamentario del partido Nueva Democracia, Panos Kamenos, una vez que SYRIZA no logró la deseada mayoría absoluta en los escaños parlamentarios para formar un gobierno sin colaboración.
El partido de los Griegos Independientes es el único después de SYRIZA que ha mantenido estable su posición anti-Troika, y ha marcado innumerables veces su oposición a las políticas de austeridad aplicadas por el Gobierno. Por otra parte, teniendo como partido de oposición a Nuevo Democracia y como tercer partido al movimiento fascista Amanecer Dorado, las negociaciones de SYRIZA con los otros partidos que entraron en el Parlamento, han sido rápidas, concisas y claras, de manera que la configuración del gobierno no permitiese la embestida de un partido nazi en el poder.
Sin embargo, más allá de las celebraciones en Grecia y en todo el mundo por el triunfo de SYRIZA, hay muchas dudas que deben despejarse en los próximos días, y en los próximos meses…
1. Lo primero por supuesto, es que se va hacer con la deuda griega, la cual de un 129% del PIB (en números absolutos significa 298 billones de euros) en 2009 hoy se remonta a un 175% del PIB (320 billones de euros). Esto significa en pocas palabras que la deuda no es sostenible, y que los dos Memorandums de la Troika (los denominados Mnimonio) no funcionaron en absoluto para solventar siquiera el problema de la deuda pública del país. Más bien agravaron la situación de la economía griega, destruyendo la red empresarial de las pequeñas y medianas empresas del país, dejando sin empleo a casi dos millones y medio de ciudadanos, y aniquilando los beneficios del Estado social en materia de educación, salud y seguridad social.
Este fracaso de la Troika y del gobierno de Antonis Samarás no es para nada casual, así como tampoco el hecho de que la economía griega se encuentre en un callejón sin salida. La campaña merkelista de aplicación de medidas draconianas de austeridad, juntamente con una campaña mediática de difamación anti-helénica y el programa alemán de “colaboración” con las administraciones locales al interior de la nación griega, tienen enorme responsabilidad en cómo fue manejada la situación de salida de la crisis en Grecia.
2. Lo segundo, es cómo va a aplicar las políticas de bienestar social, de recuperación de la economía, y salida de la catástrofe griega, cuando tales políticas exige una enorme capacidad de finanzas claras con las que una economía como la griega tal como fue dejada por el gobierno anterior no lo permite. Todo depende, en gran medida al menos, de las negociaciones que se realicen en el marco de la Eurozona, el FMI y la UE.
3. El tercer punto, de igual importancia, es que si finalmente el gobierno de SYRIZA cuenta con la participación de Panos Kamenos, significa que el programa original tendrá que cambiar en el camino: hacia dónde cambiará eso es lo que problematizará a la sociedad griega y su sistema político en los próximos meses.

El programa de los Griegos Independientes es liberal, anti-Troika, pero también se centra en temas neurálgicos para la sociedad griega como la Inmigración, la Seguridad Nacional, la cuestión chipriota, entre otros. El programa de SYRIZA, por el contrario, es de signo socialdemócrata, lo cual supone en principio que toda celebración del socialismo, toda ilusión de “izquierda radical” como exactamente se hace nombrar esta coalición, son parte del mecanismo populista que prima en la izquierda emergente del Sur Europeo. Su programa de salvación nacional fue redactado en colaboración con el partido español de Izquierda Unida, y para un número inmenso de electores griegos puede ser un signo de esperanza, pero también la lectura realista desde la izquierda y la derecha afirma que es irrealizable este programa.
Lo cierto es que los electores griegos en su inmensa mayoría, dada la cultura política adquirida en los últimos 40 años, han aprendido una manera peculiar de decidir quién los representará en el gobierno, habitualmente desde una actitud pasiva, negativa y reactiva. De esta manera muchos han elegido 1) a los ¨socialistas radicales¨ de SYRIZA o a los nazis de Amanecer Dorado para castigar las actitudes de sumisión europea de los Partidos Nueva Democracia y PASOK; 2) o han elegido el recién formado partido Potami del periodista Stavros Theodorakis, para evitar el ascenso de Amanecer Dorado; 3) o han votado por Nueva Democracia para que el país no tenga que hundirse en el “infierno comunista” que anuncia SYRIZA; 4) o finalmente han votado por SYRIZA para que no vuelva a salir Nueva Democracia con el PASOK. En esta dinámica reactiva, el nivel de inseguridad que tiene que manejar el nuevo poder es inmenso y, no creo que este partido que se estrena en el poder tenga la suficiente madurez para asumir los riesgos que implica este cúmulo de incertidumbres que se expresa en el electorado.
Esta mentalidad política reactiva y negativa de la ciudadanía griega, que es fruto de la decepción sistemática y del profundo carácter inorgánico del Estado griego moderno, juntamente con las inmensas contradicciones que entraña el sistema político actual son dos desafíos con los cuales tendrá que liar constantemente el nuevo Gobierno.
El Gobierno de Alexis Tsipras tendrá que enfrentarse a grandes retos con respecto a cómo enfrentarse a las instituciones centrales -si finalmente decide hacerlo- y a cómo recuperar la economía griega. El mayor reto es la propia sociedad griega. La sociedad griega, con la fuerza de los movimientos democráticos emergentes, de ciudadanos que han dejado de sentirse culpables y se han levantado del sofá; con una ciudadanía cada vez más informada, podrá marcar el pulso de qué es lo que quiere para su país.

Carlos Simón Forcade
26 Enero 2015

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