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Agencias mundialmente reconocidas, como Amnistía Internacional y Scotland Yard, procuran una investigación contra presuntos cómplices de torturas perpetradas en Cuba.

Esta dramática información la encontré en el diario británico The Independent, el pasado día 14 de enero. Resulta que el grupo británico de derechos humanos, Reprieve, entregó, a la conocida agencia policial inglesa, una reclamación para que se investigue a una compañía de esa nacionalidad, por su relación con gravísimas violaciones de derechos humanos.

La compañía acusada se denomina G4S. El gobierno británico, abunda el diario, ya indaga desde hace algún tiempo para determinar si G4S ha violado los principios establecidos en acuerdos de relaciones internacionales. Según los cargos, ha ofrecido servicios de tipo administrativo en una tenebrosa prisión, célebre por sus abusos y por retener seres humanos sin acusaciones ni procesos judiciales. Este centro es el de la base naval estadounidense en la bahía de Guantánamo.

Se recordará que el imperio estadounidense forzó a los líderes cubanos, al comienzo del siglo XX, a aceptar condiciones deshonrosas como requisito para permitirles proclamar la República. La cesión de territorio para bases navales fue una de estas condiciones, y en la oriental provincia de Guantánamo quedó establecida una de ellas. Después de 1959, el gobierno de Fidel Castro denunció los tratados al efecto, pero no se ha podido revertir la situación.

Cuando el entonces presidente, George W. Bush, lanzó su Guerra global contra el terrorismo, se vio con el problema de haber tomado muchos prisioneros. La mayoría de ellos fueron capturados en Afganistán, y no tuvieron garantizados los derechos que se les reconoce a los prisioneros de guerra. En todo caso, mantenerlos en Afganistán era complicado, por el tema de los atentados, la logística, etcétera. Un centro carcelario en Guantánamo ofrecía algunas ventajas para el Pentágono.

Años antes, la densamente minada zona fronteriza, había sido escenario de momentos de tensión. Par de guardafronteras cubanos perdieron sus vidas por allá. La ola de migrantes de 1994 tomó también ese peligrosísimo rumbo. Pero a principios del siglo XXI, ya las peores tensiones del US Army y la US Navy con la contraparte cubana ya habían quedado atrás. Las fuerzas militares sostenían incluso ciertos niveles de cooperación en temas migratorios y alguno que otro más, muy discretamente. Así que para allá zumbaron a unos cuantos centenares de afganos e, incluso, un puñado que tenían otras nacionalidades o residencias inglesas y de otros países. Algunos de estos eran simples infelices que ni siquiera pertenecían a los talibanes pero se encontraban en el momento y el lugar equivocados.

Lo que le siguió puede considerarse como historia conocida, pero solamente para aquellos que se interesen en esos temas. La prisión de Guantánamo presenció muy pronto abusos calificados como afrentas horrendas a los principios de la democracia, por parte de varias instituciones internacionales de peso, como Amnistía Internacional (AI). Justamente, AI también se unió a la reclamación de una investigación sobre el papel de G4S y su complicidad en estos hechos.

Actualmente quedan, según The Independent, 127 internos en Guantánamo sin haber sido sometidos a juicio, sin siquiera acusaciones concretas en su contra. En los meses pasados se han revelado más historias relativas a abusos contra ellos, como el uso de técnicas de alimentación forzada.

El gobierno del actual presidente estadounidense, Barack Obama, se ha comprometido a cerrar el oprobioso centro. Sin embargo, la concreción de este objetivo se le ha puesto muy cuesta arriba, y enfrenta gran oposición entre las élites de su país. Evidentemente, muchos políticos consideran plausible mantener a los reclusos en esas desgraciadas condiciones y esperan no ser nunca juzgados por su responsabilidad. Tal vez en Gran Bretaña se logre penalizar, al menos, a una pequeña parte de los cómplices que han tenido por todo el mundo.

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