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Por Eugenio Rodríguez Balari

-Establecer relaciones con otros países es misión y responsabilidad de cualquier estado; se sabe que estos adoptan formas de organización social, económicas y políticas soberanas y lo hacen a través de un conjunto de instituciones que cuentan con la autoridad de regular la vida de la comunidad donde ejercen su poder.

-Los estados soberanos cuando ejecutan relaciones con otras naciones, parten del propósito de hacer funcionar con eficiencia y normalidad las interrelaciones sociales, económicas y políticas; que se fortalezcan intereses mutuos entre gobiernos, empresas y ciudadanos.

De manera que todos los factores que integran la sociedad se puedan sentir beneficiados o complacidos con ellas.

-Esas relaciones comportan una práctica aceptada universalmente y es la manera en que los pueblos y países se vinculan entre si y establecen lazos de cooperación y beneficio mutuo.

-Cuando surgen relaciones diplomáticas entre dos países, queda claro el compromiso de respeto al derecho internacional público, que es el conjunto de normas jurídicas orientadas a regular las relaciones externas entre los estados soberanos para armonizar sus vínculos y contactos.

-Cuando surgen relaciones diplomáticas entre dos países, queda claro el compromiso de respeto al derecho internacional público, que es el conjunto de normas jurídicas orientadas a regular las relaciones externas entre los estados soberanos para armonizar sus vínculos y contactos.

-En ese sentido es fundamental la importancia que reviste el derecho de libre determinación de los pueblos o derecho a la autodeterminación, que consiste en el derecho de los pueblos a decidir sus propias formas de gobierno y a que se les respete su voluntad o las vías de desarrollo por donde este transita.

-Ningún país acuerda relaciones con otro, ni acepta normalizar relaciones para que se fomente oposición o disidencia, mucho menos a que se promuevan antagonismos políticos abiertos o violentas discordias ciudadanas.

-No tendría sentido reestablecer relaciones diplomáticas para proceder en una dirección que tienda a socavar la estabilidad e intereses del gobierno cubano, subvertir al estado, su sistema económico y el desenvolvimiento ciudadano.

El pueblo cubano es el único encargado de decidir sobre ello.

Por demás tanto Cuba como los Estados Unidos mantienen relaciones diplomáticas con la mayoría de los países del mundo; conocen bien que cualquier situación en que un país extranjera promueve acciones desestabilizadoras, lo convierte en intervencionista y enemigo.

Por lo que es de suponer que luego del reciente restablecimiento de relaciones, ello sería un contrasentido, una situación absurda, ilógica e inaceptable

-Los principios universales del derecho internacional, abogan por el respeto a la soberanía de las naciones y a la autodeterminación de los pueblos; cuando estos principios se vulneran, se rompen relaciones u originan generalmente fuertes conflictos y más tarde aparece la condena pública internacional.

La historia nos ofrece una rica enseñanza sobre ello.

-A partir del 17 de diciembre del 2014, atrás quedarán incomprensibles años de distanciamiento y hostilidad en las relaciones económicas y políticas entre los dos países.

-Es indudable que la normalización de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, ha sido un paso deseado por ambos pueblos y la comunidad internacional de naciones.

Ha ocurrido una necesaria e histórica decisión, digna de reconocimiento para los dos gobiernos y además, engendra la virtud de iniciar una nueva y fructífera etapa entre las dos naciones y en el contexto de las relaciones internacionales.

-Sin embargo el camino de la normalización tiene vereda por andar, aún se encuentra cubierto de zarza, por lo que a partir de ahora ambos gobiernos deben ser muy celosos y precavidos sobre el nuevo curso que tomen los acontecimientos.

Digo ello porque a nadie escapa que fueron más de cinco décadas de rivalidades y confrontaciones agudas en todos los terrenos y ello condiciona mentalidades, afecta intereses y existen dolores y resentimientos en ambos contextos que tendrán que superarse.

-Los largos años de conflictos entre las partes, con posiciones ideológicas y políticas contrarias, manipulaciones groseras en los medios de comunicación, sobre dimensionamiento de hechos o promoción de falsedades históricas y un lenguaje mordaz y peyorativo; no desaparecen de ahora para luego con la normalización de relaciones, aunque sin lugar a dudas las debilita considerablemente.

En los próximos días continuarán las conversaciones entre los dos gobiernos y tocarán aspectos puntuales pendientes (con seguridad los que corresponden a las necesidades más urgentes), aunque la agenda a considerar será posiblemente mucho más amplia.

-La cuestión de las rivalidades políticas deberá ser ahora exclusivamente un tema entre cubanos.

En la isla avanza un proceso de reformas económicas aún no concluidas y menos consolidadas; se desarrolla y estimula la inversión extranjera e innumerables pueden ser los objetivos económicos que las involucren, por lo que me inclino a pensar que el proceso se hará sentir en otros sectores de la sociedad.

Se ha transitado de una economía estatizada a una economía mixta, donde los sectores agrícolas y los servicios comerciales son más privados y cooperativos que estatales, por lo que puede presumirse se originarán nuevos marcos constitucionales y jurídicos; los que quiérase o no, harán brotar más frescos criterios políticos.

Ello lleva a considerar que el dialogo y la negociación son las armas más eficaces a utilizar para los tiempos que corren y en vez de excluirse, intentar participar en ellos.

Las otras vías, las de confrontar abiertamente al gobierno y sus instituciones, tal y como ha estado sucediendo, al parecer no disponen de perspectivas de éxito.

-En lo que respecta a la administración norteamericana, la cuestión es diferente porque al normalizarse las relaciones diplomáticas, esa situación exige respeto recíproco entre los dos países.

Respeto a la independencia y soberanía, a sus formas de gobierno y relaciones internacionales; por lo que es de suponer, que el conjunto de las acciones que las administraciones de EEUU realizaban contra Cuba, desaparezcan o comiencen a desaparecer en el nuevo escenario.

-Ello no quiere decir que se sostengan ideas políticas deferentes y se expresen simpatías por las mismas, pero de ahí a promover acciones para el derrocamiento de un gobierno o un sistema, utilizando procedimientos de apoyo tangibles, el asunto adquiere otra connotación y modifica las reglas de juego.

-¿Cuantas y cuales actividades concretas de apoyo a la oposición en Cuba o en el extranjero, en el corto o mediano plazo se desarticularán? No sé.

Lo que si creo será imprescindible lo hagan, porque será necesario para que fluyan las relaciones de manera positiva.

-Las acciones próximas que la administración norteamericana realice, serán un punto de referencia y mostrará la voluntad de saltar las diferencias, conciliar situaciones de conflicto y una firme decisión a mejorar las relaciones.

Por su parte el gobierno cubano debe contribuir a allanar los desencuentros, mostrar sus deseos de dejar atrás el tortuoso pasado y transitar por un nuevo y sólido camino en las actuaciones bilaterales e internacionales.

La vida nos hará testigos y apreciaremos probablemente algunos resultados asombrosos.

-Los cubanos de la Isla no guardan ni poseen sentimientos desafectos hacia los norteamericanos, cierto y conocido es el antiimperialismo que se promovió en el pueblo y la educación política recibida por este, pero justo es reconocer que los líderes cubanos siempre hicieron separación entre gobernantes, sus políticas y el pueblo estadounidense.

-Por el contrario creo que nuestro pueblo posee un sentimiento de simpatía y admiración grande hacia el pueblo norteamericano; conoce su historia, sus luchas y sacrificios, su carácter emprendedor y los éxitos alcanzados como nación.

Igualmente y hasta donde conozco, tengo la impresión que similar situación existe en el pueblo norteamericano respecto a Cuba y los cubanos.

Por lo que no deja de ser un buen augurio para el desenvolvimiento actual y perspectivo de las relaciones entre ambos países.

-Ahora se trata aunque dentro de las diferencias existentes, de proceder con ética y limpiamente, de buscar entendimientos políticos a través de las negociaciones y el diálogo, de no dejarse arrastrar por las anteriores políticas de lobby y manipulación; así como por las estridentes campañas políticas, que a través de los medios masivos de Miami o la Habana, han ocasionado tanto prejuicio, confusión y enfrentamientos.

-Ahora se trata aunque dentro de las diferencias existentes, de proceder con ética y limpiamente, de buscar entendimientos políticos a través de las negociaciones y el diálogo, de no dejarse arrastrar por las anteriores políticas de lobby y manipulación; así como por las estridentes campañas políticas, que a través de los medios masivos de Miami o la Habana, han ocasionado tanto prejuicio, confusión y enfrentamientos.

-En otro orden de asuntos, aprovecho para recordar que en las gestas independentistas cubanas del siglo XIX; los criollos se las ingeniaron para conseguir los recursos financieros y materiales, desencadenar y luego mantener las guerras anticolonialistas contra España.

En la república en lo fundamental y durante el siglo XX sucedió algo similar.

A un viejo amigo español, en sus pláticas y conferencias, le he oído decir con frecuencia que el que paga manda.

Tengo presente que los cubanos del siglo XIX y XX, no quisieron comprometer sus luchas independentistas o republicanas solicitando ayudas a gobiernos extranjeros, en todo caso aspiraron a la comprensión política hacia las mismas y al esfuerzo de buscarlo entre amigos o conocidos que se identificaban con la causa.

-En la situación de nuestro largo diferendo político/ideológico, esa sana y principista tradición desapareció; al aparecer por un ingrediente distintivo, porque al identificarse y mezclarse la política de las administraciones norteamericanas, con las posiciones de los cubanos que se opusieron desde el inicio al proceso revolucionario, desaparecieron esos importantes principios y al prestarse a recibir ayuda económica o de otro tipo de las administraciones estadounidenses y sus agencias; los que así procedieron, comprometieron (con conciencia o sin ella) su autonomía y patriotismo, desvirtuando la naturaleza de su lucha.

No es aceptable fomentar y mantener una disidencia pagada para intentar derrocar al gobierno cubano. No descubro algo al decirlo, porque ello fue divulgado con gran amplitud y el mundo lo conoce.

Sin embargo respeto a aquellos individuos que por medios propios o autóctonos o con el apoyo de otros compatriotas, mantengan sus ideas y una oposición consecuente frente a las autoridades o al sistema de Cuba.

-Es probable tengamos el privilegio de ser espectadores, analistas, o críticos de lo que aquí en adelante acontezca.

Las realidades que se viven son más ricas y por lo general más tercas que todas las teorías juntas, los pueblos aspiran a ser felices, a vivir más plenamente y mejor, nadie posee verdades absolutas, todo lo que creemos es relativo, el mundo en que vivimos es muy cambiante, todos los días aparecen nuevos descubrimientos que revolucionan nuestras vidas y nos sorprenden.

Los sistemas político/económicos conocidos, unos quebraron y otros muestran la necesidad de urgentes y profundas reformas, si se les quiere prolongar sus días.

Han surgido nuevos y serios peligros que acechan a la humanidad (económicos, sociales, políticos, demográficos, ambientales, etcétera), en tales circunstancias históricas, como justificar dogmas, atrincheramiento a ideas políticas, vivir de resentimientos y el pasado, cuando todo es relativo y posible de transformación en este mundo.

-Miremos al presente y al futuro, empujemos juntos el carro de la patria, seamos optimista con lo que ha ocurrido y saquémosle provecho, porque siempre el optimismo es más favorable a la salud, al porvenir, a los pueblos y la vida misma.

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