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Por Félix Sautié Mederos.

Crónicas cubanas

En lo que constituye una constante de vida, nuevamente nos acercamos al final de un año más, el 2014, y al inicio de un 2015 que en su alternancia nos dan evidencia objetiva y nos afirman que existimos sobre la tierra, siempre dentro de un eterno retorno temporal que filosóficamente también podría expresarse como un “movimiento en espiral”, que nos debería significar a todos los seres humanos que somos algo más que un simple polvo de estrellas; pues en la concepción de que somos polvo de estrellas aunque es el resultado de un análisis científico existencial, hay implícito algo más que la explosión del big bang y que toda la evolución cosmogónica material.

Hay intrínsecamente en estos descubrimientos la evidencia de la manifestación de la dimensión espiritual de la vida humana, que algunos no alcanzan a comprender o que intentan modelar conforme a sus específicos intereses individuales. Esa dimensión trae implícita la existencia de la conciencia, los pensamientos, las ideas, la creatividad y los sentimientos entre otras cuestiones más, que resultan muy difíciles de explicar solo mediante ecuaciones matemáticas simplísticas que no vayan más allá de sus abstracciones primarias para comprender que precisamente por planteárnoslas obtenemos una evidencia de que la vida más allá de lo material, incluso escrutada con las observaciones científicas del momento y con los instrumentos de última generación, si en este proceso no tomamos en consideración lo que ya en los templos de la Antigua Tebas en el Egipto antes de Cristo, se nos recordaba en sus umbrales con la expresión jeroglífica que decía: “Hombre Conócete a ti mismo”. En mi criterio no se comprenderá nada de la realidad espiritual que forma parte esencial de la vida humana, si no se tiene muy en cuenta un verdadero sentido holístico de la existencia, que nos descubra que por sobre todo lo material existe el pensamiento y muy en especial el razonamiento abstracto que nos eleva por encima de nuestra condición animal intrínseca y que nos permita tomar conciencia de las realidades en que estamos insertados existencialmente.

En consecuencia, en estos momentos culminantes del calendario que los seres humanos hemos creado para medir el tiempo de nuestra existencia terrenal, se imponen, querámoslo o no, un recuento de vida, porque con tan solo pensar que terminamos un año para iniciar otro en esa especie de noria existencial que nos atrapa, aparece implícito un recuento básico inducido, ya sea en las formas más simples o primitivas posibles, porque somáticamente nos sentimos mayores o más viejos, según sean los diciembres que hemos vivido.

Así pues, los cubanos, tenemos que hacer un recuento específico de patria y de familia, ya sea que vivimos dentro o afuera como cubanos asentados en el exterior de nuestras fronteras geográficas, porque las espirituales siempre serán las realmente abarcadoras, para el caso es lo mismo: ¡Todos somos cubanos genuinos!, muy a pesar de lo que los burócratas dogmáticos durante tantos años han intentado dividirnos con fronteras ideológicas que constantemente se derrumban por la acción indetenible de los lazos étnicos y de familias que han sobrevivido y sobrevivirán en el tiempo.

En ese recuento implícito que determina el paso del tiempo, querámoslo o no, nos encontraremos con el más de lo mismo que nos han impuesto los burócratas de la economía y de la política durante años y años, cuyo desgaste ya no aguanta más, porque nada es eterno en la vida.

Ante esas circunstancias que no pueden negarse, lo esencial en mi criterio es que no perdamos las esperanzas, porque sin esperanzas será muy difícil luchar y enfrentarnos a los avatares que se nos imponen y que han comenzado a derrumbarse inusitadamente en las postrimerías del 2014 y en los albores de un 2015 que promete ser de sacudidas en el tiempo y de improntas posiblemente prometedoras que estamos llamados a interpretar con un entendimiento positivo desterrando nuestras pasividades que tanto han alimentado a los “más de lo mismo” que han estado repitiéndose y repitiéndose año tras año.

Dejar a un lado y repudiar los rencores y los odios se impone más que nunca para poder asumir los tiempos nuevos y los aires de soluciones que se abalanzan sobre nosotros los cubanos, estemos en donde estemos. Con rencores y odios ni tampoco con las burlas y las ironías de la que algunos hacen gala, se podrá edificar la nueva vida que tanto necesitamos, incluyendo a los que en la diáspora han mejorado sensiblemente su situación material, porque sin patria posible, asequible y acogedora siempre seríamos unos injustamente desterrados y unos tristes ciudadanos no plenamente considerados en nuestros derechos inalienables.

Por otra parte, dado los últimos acontecimientos anunciados por Cuba y estados Unidos, la política de Plaza Sitiada que tanto daño nos ha hecho, se ha quedado sin fundamento alguno que pueda limitar por más tiempo a las libertades esenciales que deben caracterizar a la vida humana. Así pues, por ejemplo, muy importante es que entonces en el 2015 los eufemismos de priorización del acceso social a la Internet sin tener en cuenta la necesidad de un acceso pleno y democrático de todos, que caracteriza a la vida en el mundo de hoy, se derrumbarán para que todos, y valga la redundancia, podamos expresarnos abiertamente sin las limitaciones técnicas que se imponen con las vida que algunos además han medrado durante años.

La tendrá que abrirse y será muy difícil entorpecerla, lo expreso reiterando la frase evangélica que en muchas ocasiones he citado en mis Crónicas Cubanas: ¡Quien tenga oídos para oír, oiga! Y añado finalmente porque ahora si, el tiempo se ha acabado.

Así lo pienso y así lo expreso, con mis respetos para la opinión diferente y sin querer ofender a nadie en particular. Feliz año 2015, paz, justicia y desarrollo para todos sin excepciones.

Publicado en Por Esto! el lunes 29 de diciembre del 2014.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=372496

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