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Por Rogelio M. Díaz Moreno

La noticia sensacional de estos días en nuestro país es la concreción del cambio de los prisioneros entre La Habana y Washington, y el aparente comienzo de una nueva etapa en las relaciones entre los dos países. El Observatorio Crítico, consciente de la relevancia de estos acontecimientos, prepara una postura colectiva para comenzar el abordaje de los acontecimientos.

Voy a aventurar un mínimo comentario por mi parte, lo suficientemente básico como para guardar la seguridad de que es compartido por mis compañeros, y extremadamente preliminar, en tanto se piensa y se elabora bien la comprensión de tantas cosas complejas y de gran trascendencia.

Conste una sincera alegría por el fin de las duras condenas de los recién liberados, y el alivio que deben sentir las atribuladas familias. Por otra parte, el posible fin de algunas de las duras condiciones del bloqueo/embargo puede significar un cambio positivo para el clima general en nuestro país y más allá. Esto no excluye serias preocupaciones por nuestra parte, dada la intención que se puede percibir en la política estadounidense, de potenciar la injerencia a través de maniobras características del llamado “Carril 2”, o promoción “suave” de los valores del sistema liberal
tradicional, en nuestro país. Es como si quisieran favorecer lo que percibirían como una Perestroika cubana. Y tal vez no anden tan errados.

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