[Cuba, neceisdad de un diálogo amplio, serio y
responsable entre todos los cuanos de adentro y de afuera del país]

Por Eugenio Rodríguez Balari

En cordiales encuentros con amigos cubanos estos me han expresado algo con lo que me identifico y creo que entre nuestras características e idiosincrasia, aflora el de ser conversadores y disfrutar los diálogos sobre las más disímiles cuestiones terrenales. La individualidad implica diversas formas de interpretar el desenvolvimiento de lo que acontece a nuestro alrededor; más cuando se trata de cuestiones que nos atañen a todos, como por ejemplo los asuntos políticos, económicos, o los problemas sociales, del medio ambiente, entre otros. En nuestro caso (él cubano), se comprende que han existido mayores fuerzas que han frustrado o impedido los diálogos de forma natural, de manera más frecuente o tolerante entre los que se quedaron y los que se marcharon del país. No obstante ese inconveniente, sigue resultando paradójico y suficientemente contradictorio (cualquiera hayan sido o sean las causas de su origen), para que avanzado en el siglo XXI aún no exista una mayor relación, un diálogo permanente y fluido hacia un proceso necesario de reintegración nacional de los cubanos. A la necesidad de que exista un clima de comunicación permanente en aspectos que puedan ser de interés social (políticos, económicos u otros) para él país; donde participen los que viven en la Isla y los que en la actualidad radican en el extranjero.

No es necesario ser muy ilustrado o poseer una gran erudición para comprender que las políticas de cambios que se desarrollan en Cuba, apuntan y se materializan gradualmente hacia un nuevo modelo de desarrollo económico y social.

En esta ocasión un modelo menos centralizado, menos estatista, menos regulatorio y restrictivo, más abierto al mercado y a las relaciones monetarias/mercantiles, que comienza a ofrecer nuevos espacios a la actividad privada y cooperativa, a los estímulos materiales y se separa de ideas igualitaristas en un contexto de limitado desarrollo. Son rectificaciones necesarias, rediseños imprescindibles en nuevos tiempos y circunstancias locales y mundiales. La globalización y las diferencias de desarrollo entre países, influyen alentadoramente en los procesos integracionistas de naciones y pueblos; por ello las sociedades fracturadas o alejadas de sus intereses nacionales no poseen muchas perspectivas de avanzar y acomodarse a los nuevos tiempos que se viven. En nuestro caso cualquier posición excluyente no resultaría inteligente y menos positiva, no nos fortalecería como pueblo y nos mantendría debilitados y dispersos. Se agrietaría más nuestra fortaleza como pequeño país, que lógicamente necesita encontrarse unido y cohesionado, aunque sea en la diversidad.

Ello debilitaría nuestras posibilidades y perspectivas, también limitaría múltiples opciones de crecimiento que podrían aparecer. Los antagonismos y las contradicciones políticas continuarían siendo agudos y no se contribuiría a mitigar los resentimientos, que incluso arrastraron a otros gobiernos a involucrarse en el diferendo cubano. Sin exclusiones en cuanto a participar en el modelo de desarrollo perspectivo, podríamos beneficiarnos más, utilizando los diálogos frecuentes y la diversidad de criterios, así como la búsqueda de políticas de consensos entre la propia ciudadanía y las mismas autoridades.

La actual dirección del país le ha expresado al mundo y en particular a América Latina y el Caribe (a propósito de la cumbre de la CELAC), su visión sobre la integración de los pueblos de hispano-américa; al expresar la importancia de la unidad dentro de la diversidad, sin dudas un buen consejo y argumento para los países de la región, pero también para el nuestro. Los procesos unitarios no surgen generalmente de la incondicionalidad o la asimilación a una misma posición ideológica o política, sino dela conciliación del conjunto de intereses existentes en una coyuntura determinada y en la diversidad política.

Lo diverso parte de ideas o posiciones distintas, pero esas diferencias cuando son políticas, se acomodan o se logran conciliar en función de alcanzar otros intereses mayores o más comunes que la demanda no justifican. En ningún caso es necesario sustituir las diferencias existentes, o incluso las contradicciones más agudas o significativas, solo tolerarlas cuando existen consensos mayoritarios.

Los diálogos desde posiciones diversas no deben concluir en discordias o tiranteces, sino en fructíferos intercambios de ideas que enriquezcan argumentos o experiencias específicas. No obstante esas diferencias, siempre es conveniente analizarlas y discutirlas a través de formas del lenguaje amigables y respetuosas. Los cubanos para elevar la cultura política, debemos aprender a propiciar formas idóneas para el debate político/ideológico y concientizar el derecho a la diversidad en el pensar y expresar lo diferente. Las circunstancias domésticas o exógenas que hoy concurren en nuestra región, nos refuerzan más que nunca la idea de la conveniencia del intercambio de ideas en la búsqueda de la unidad dentro de la diversidad, también de la armonía, la paz, él desarrollo y el respeto por los consensos mayoritarios. En política lo que puede ser válido para otros lo puede ser también para uno. En la reciente cumbre de jefes de estado celebrada en La Habana, también se dijo que no es posible la paz sin desarrollo, ni el desarrollo sin paz. Algo que es necesario reflexionar. Ello es un argumento válido y además vigente como para propiciar la armonía entre EEUU y Cuba , así como el viejo y gastado diferendo existente entre los cubanos.

En definitiva la historia nos muestra que innumerables crisis y conflictos de mayor envergadura y más peligrosa que la nuestra; se han resuelto con el diálogo tolerante y constructivo y negociaciones oportunamente elaboradas. Hay que abandonar posiciones e ideas fosilizadas, los extremismos, salir de la pasividad o indiferencia y peor aún, el de quedarnos con los brazos cruzados. No es correcto continuar confrontándonos y posibilitar que se siga por el mismo y largo derrotero. Es necesario salir del absurdo, del marco de la valla de gallo, del camino de la discordia y la hostilidad y avanzar hacia las conveniencias del dialogo, el intercambio de ideas y la negociación sin condicionamientos, además prudente y tolerante. Debemos encontrar la luz al final del túnel, esforzarnos en trabajar en una dirección correcta, contraria a la contraproducente actitud que ha prevalecido y pasar la página; sin dejar de presionar a los que no desean que se desarrollen los intercambios de criterios y obstaculizan los acercamientos o contactos humanos. A estos individuos que al parecer aún viven los años de la guerra fría, donde quiera que se encuentren situados geográfica o políticamente, hay que decirles que no debe existir temor ante el término diálogo y señalarles que este es la plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o puntos de vista y pueden ser diferentes. Esa es en esencia su importancia, porque nos sirve para comprendernos los humanos y es el procedimiento idóneo para evitar conflictos y encontrar entendimientos entre las personas, las sociedades y países .Ese proceder adquiere mayor relevancia, cuando se trata de buscar soluciones a viejos, agudos y antagónicos conflictos políticos y económicos, que durante más de cinco décadas nos han llevado a proceder equívocamente. En los primeros años del siglo XXI, tal parece que la sociedad cubana se encuentra requerida y con urgencia de repensarse de forma general e íntegramente. En esa necesidad cabemos todos y cada quién debe hacer sus aportaciones correspondientes. No valen subestimaciones. De ahí que a través de los frecuentes intercambios de ideas que puedan producirse, se estimule el interés por derribar juicios o prejuicios, muchas veces estereotipados, que se han enquistado y manipulado durante mucho tiempo. Los diálogos frecuentes y multisectoriales, pueden eliminar las actitudes que eclipsan la reintegración u otras ideas reduccionistas sobre nuestros problemas y diferencias históricas y actuales. Como oponernos a lo consecuente y justo de auspiciar intercambios personales para reconsiderar ideas y hacerlo respetuosamente, sabiendo de antemano que sólo a través de estos acercamientos se pueden encontrar soluciones definitivas y verdaderas. Conocerse, estrecharse las manos, mirarse a los ojos, oír las voces, e incluso abrazarse, no lo sustituye ninguna de las más avanzadas tecnologías contemporáneas.

Las conversaciones inteligentes derriban muros y se convierten en puentes de acercamientos humanos.

Hay que limpiar el ambiente de nuestras relaciones humanas, eliminando lo que envenena y dificulta las mismas, barriendo con eficiencia los obstáculos que existen para un nuevo escenario de reconciliación nacional.

En este camino hay que efectuar re-lecturas de añejas valoraciones, que nos posibiliten justipreciar nuestra historia y fortalecer el acervo de la rica herencia política democrática, revolucionaria e intelectual que poseemos.

Nada debe sectariamente ser subestimado. La actual situación cubana debe transitar por un proceso de diálogo, que se oriente no solo a través de las diferencias políticas existentes, sino ir mucho más allá, con objetivos multisectoriales dentro de la sociedad civil. Porque a nadie escapa y es suficientemente evidente que ha existido una importante fragmentación social que hemos vivido a lo largo de varias décadas y ella debe ser superada. No debemos abrigar dudas que el diálogo o los diálogos que puedan efectuarse, por lo general devendrán en un útil y fundamental procedimiento de convergencia y a la larga de recuperación integra de nuestra sociedad y espíritu patriótico. Todos tendremos que reconocer la pluralidad, la policromía cultural y política que ha existido y existe en nuestro país, con independencia de quién es mayoría o quién no, y los intereses que cada persona o grupo humano representan. El acercamiento que entre todos aspiramos a construir, no necesita iniciarse ni concluir como un encuentro entre ciegos o sordos, porque juntos debemos aportar nuestros criterios y comunicar las cuestiones de mayor conocimiento que poseemos. De manera que todos aprendamos de lo que otros conocen más que uno y así nos apoyamos. Con los intercambios de conocimientos y experiencias se expansiona y profundiza el pensamiento, se esclarecen situaciones de conflictos y se aligera el camino.

Si queremos una Cuba más próspera, eficiente, más justa socialmente y a su vez libre y democrática, a todos corresponde deponer intransigencias y colocar nuestra cuota de apoyo al presente y al futuro. Así se haría una valiosa contribución para refundar la sociedad cubana, para que esta se asiente en el mayor respeto a las libertades ciudadanas, la justicia social, el estado de derecho y la solidaridad más consecuente. En circunstancias de transformaciones económicas, sociales o políticas; la opinión, el debate y los intercambios de criterios son fundamentales para cambiar las mentalidades; lograr consensos ciudadanos o acuerdos convenientes para las mayorías ciudadanas. Además para dar sólidos pasos con el apoyo de muchos, o incluso con los criterios contrarios de otros, pero sin tener que acudir a obviarlos o condenarlos por no identificarse con ellos.

¿Podemos preguntar en qué lugar del mundo existe una sola opinión sobre cuestiones políticas, económicas, sociales o ambientales, etcétera? Sabemos de antemano que ello no existe. Para muchas personas la libertad de pensamiento es siempre aquella libertad de quién piensa diferente a uno, y mi libertad se origina cuando aparece la libertad del otro. Por ello siempre resulta conveniente recordar, aquella célebre frase del benemérito de México y las América Don Benito Juárez, cuando expresó queel respeto al derecho ajeno es la paz. Aprovecho para agregar que existen muchas personas e instituciones dentro como fuera de Cuba, que sin renunciar a sus inclinaciones políticas, ideológicas o a su visión económica; se encuentran procediendo interesadas en que sus criterios participen de los diálogos necesarios y allanen el camino del entendimiento y una mayor cohesión entre todos los cubanos.

Por ello y para finalizar estas valoraciones parto de una idea esencial, la que considera imprescindible poner en marcha una consensuada evolución política entre todos los cubanos, la que sea capaz de ampliar el actual proceso de apertura que se lleva a cabo en el país, aunque haya que hacerlo con pensamientos patrióticos disímiles. Aprender a conciliar la unidad con la diversidad como se ha dicho, y a proceder en lo fundamental al lado de la mayoría del pueblo, resultaría una formula sabia y saludable; la que con paciencia, tenacidad y rigor, nos permitiría esculpir de conjunto, el modelo de desarrollo económico y social que se encuentra en marcha y sobre todo, diseñarlo de manera tal donde quepamos en el futuro próximo todos los cubanos.

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