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Por Rogelio M. Díaz Moreno
Las reformas del gobierno cubano siguen su paso, lento, un poco errático, con sus propias características y tendencias para meditar.

Recordemos que a los políticos cubanos les gusta llamar a este proceso como la “actualización del sistema económico cubano”. Este viernes, el diario oficial Granma informaba, muy ufano, sobre un adelantado del proceso, el sector de la gastronomía.

Se nota, en el reportaje, que su autora la periodista Lorena Sanchez sufre de la timidez aparentemente entronizada entre los propagandistas del oficialismo, que se niegan a llamar al sector privado por su nombre y emplean en su lugar el eufemismo “no estatal”. O tal vez trasmitió literalmente el mensaje de la viceministra de Comercio Interior, Ada Chávez Oviedo. En esencia, que el sector privado o “no estatal” prevalecerá en el ramo, una vez que se concluya su
“modernización”.

Con el reportaje nos enteramos que todavía el 68% de los
establecimientos gastronómicos reconocidos son gestionados por las estructuras estatales. Mientras tanto, más de un millar han pasado a manos de empresarios privados y cooperativas, con gran predominio de los primeros. Aquí existe otro motivo de alarma para las fuerzas de izquierda. Si el proceso de des-estatización fue planificado por un gobierno pretendidamente socialista, ¿por qué motivo no resultó a la inversa? La mayoría de los establecimientos que quedan por ser “actualizados” ¿seguirá la misma tendencia?

La agricultura y el sector gastronómico han marcado la pauta más visible de las transformaciones, tal vez porque eran los que se encontraban en la crisis más descarnada. Granjas y cafeterias constituían los paradigmas de la mala gestión e ineficiencia estatal. En ambos casos, la solución principal ha sido acudir al resorte de poner los medios de producción en manos privadas.

Ahora se aprecia, efectivamente, un cambio sustancial en la actividad de dichos espacios. A ojos vista, prosperan los sembrados y los servicios donde antes florecían el marabú y las moscas. Sin embargo, cabe preguntarse hasta dónde llega el potencial de reformas que son más liberales que otra cosa, y quiénes recogen los frutos.

Fíjense que otro reportaje del mismo Granma, apenas un par de días antes, refleja que el mayor grupo de trabajadores “por cuenta propia” no son tales, sino empleados de otros, empresarios privados pequeños o medianos. De hecho, no son más los empleados por el pequeño tamaño de la mayoría de los comercios. Esta evidencia es un buen material para que se estudie la evolución que sufre nuestra sociedad.

Los adalides del capitalismo dicen que la economía de mercado y las privatizaciones son buenas porque aumentan la cantidad de
propietarios, de personas prósperas. Los voceros de nuestro gobierno elogian la “actualización” basada en medidas liberales y de mercado porque, dicen, debe conducir a la prosperidad.

Salga por las calles de las ciudades cubanas, invito yo, y hable con esos empleados de paladares y timbiriches que atienden los mostradores pertenecientes a otros dueños. Pregúntenles si sus horarios de trabajo respetan los límites establecidos en el recientemente aprobado Código de Trabajo. Pregúntenles cuántas vacaciones les conceden los patrones. Pregúntenle, si son mujeres en edad reproductiva, si creen poder ejercer la maternidad y retener sus puestos de trabajo.

Y no llegue a mencionar la posibilidad de reclamaciones salariales, que no queremos que se les despida ipso-facto. Porque el dueño es el Dueño Sacrosanto y el dichoso Código les da esa potestad. Bastante generosos son, que ofrecen mejores salarios que el Estado. Vaya luego por los campos y hágale preguntas parecidas a los peones que trabajan en las fincas de algunos hacendados más afortunados y mejor dotados en tierras y conexiones.

La liberalización de la gastronomía y otros sectores, dados los “éxitos” de que blasona el gobierno, probablemente sea representativa de lo que seguirá en el futuro. Los hechos y la historia sugieren que el Estado cubano seguirá con pérdidas en la mayoría de sus empeños económicos. Al no poder resolverlas, tendrá las alternativas de disolver los centros de producción y servicios; privatizarlos, u otorgarlos en autogestión o propiedad cooperativa.

Las opciones liberales han predominado hasta ahora. Con cada paso en esa dirección, con el aumento del tamaño de los medios involucrados, crecerá el fenómeno de la explotación de personas trabajadoras por parte de personas privadas, dueñas o usufructuarias de medios de producción. También es cierto que, hasta ahora, lo prevaleciente había sido la explotación por parte del Estado. ¿Mejoraremos como sociedad tras las presuntas, futuras privatizaciones?

La respuesta se las trae, porque ahora tampoco estamos nada bien. Lo que es seguro es que es un camino opuesto en 180 grados al de un legítimo socialismo. Y que es un camino que ha llevado, en el resto del mundo, a estragos crecientes e irreparables en las llamadas clases medias; a la concentración de la propiedad en menos personas; y a la polarización de las sociedades en todo el mundo entre extremos de riqueza y poder versus pobreza y desesperación.

En fin, que el camino de las “actualizaciones del modelo económico cubano” está salpicado de contradicciones. Un día, las autoridades abren más las posibilidades para la actividad económica privada. Al poco tiempo, cierran un poco el espacio. Quisieran que esta economía privada recogiera a todos los despedidos o por despedir del sector estatal, pero se restringen condiciones básicas para el desarrollo de aquella como los mercados mayoristas y las importaciones por uno u otro medio. Quieren abrir el país casi totalmente a la inversión extranjera, pero no le permitirá a esta relacionarse libremente con la fuerza de trabajo disponible, sino a través de un alquiler bien oneroso y lucrativo para el Estado.

Para tratar con los ideológicamente inquietos, hay sus propios recursos. Los periódicos recogen un día las vacilaciones filosóficas del estilo “nadie sabe de verdad cómo se construye el socialismo”. Al día siguiente, revelan que el Consejo de Ministros tiene planes para el desarrollo de la economía, la sociedad y la política nuestras, hasta el 2030 y más allá. El único problema es que no te dicen cuáles son esos planes. Poco después, afirman que van a salvar al socialismo por una lucha en el campo de las ideas y la cultura, ignorando el espacio vital de la reproducción material de la sociedad.

Lo que se ve desde abajo, con un poquito de análisis de clase, es una tendencia hacia un capitalismo muy parecido al que desea la oposición. Pero con la clase gobernante actual, la que habla de “actualizar el socialismo” en poder de todo lo importante, y excluyendo a esta oposición. Así que seguirán fajadas y, cada una, negando el avance concreto de las reformas hacia el mismo fin que las une y las divide.

Un comentario de un compañero de luchas:

Pedro Campos dice:

El cuentapropismo realmente tiene dos veritentes que el estado no quiere separar, para que no quede claro su rumbo procapitalista: los trabajadores verdaderamente cuentapropistas que no explotan a otros trabajadores y los pequeños y medianos capitalistas que explotan trabajo asalariado. Esa división debe quedar bien clara por una razón bien simple: el trabajador libre que no explota a nadie, trabaja en forma autogestionaria, propiamente socialista. El que explota a otro es un capitalista y no lo digo peyorativamente. Los mismo pasa en el campo, tienen juntos en la ANAP a los campesinos individuales, muchos de los cuales son pequeños y medios capitalistas, junto a los cooperativistas, cuando realmente representan dos tipos distintos de relaciones de producción. Pero es mejor hablar del “campesinado” q no dice nada en concreto que precisar tantos son campesinos individuales, tantos con pequeños y medios capitalistas agrícolas y tantos con cooperativistas. Es parte del oscurantismo y el sigilo de la “actualización”: despacio, sin hacer ruido, para que nadie se percate de hacia donde vamos.
El artículo precisa muy bien que las medidas hasta ahora estan favoreciendo ese capitalismo privado. Y deseo precisar a mi amigo Rogelio que no se puede hablar de reformas de mercado ni reformas liberales, en todo caso neoliberales y neo se refiere precisamente a que no son liberales sino una variante. Y no hay reformas verdaderas de mercado ni liberales porque el mercado sigue esencialmente controlado por los monopolios estatales. Remember edictos de la Aduana. No existe libertad alguna para comerciar en Cuba, los campesinos no pueden vender libremente sus productos, los camiones de los guajiros no pueden entrar en la ciudad, tienen que ir a lugares especificos controlados por el Ministerio de Comercio Interior, el nuevo Acopio, donde tienen que pagar impuestos y entregar sus producos a intermediars del estado o privados. Los controles estatales que existen sobre la siembra, producción y venta de productos agrícolas, hacen imposible un verdadero mercado libre. Y lo mismo pasa con todo lo demás El cuentapropismo verdadero sigue vedado a cientos de miles de profesionales. Las coperativas tienen que esperar por permisos que tardan meses o no llegan nunca y no existe libertad para exportar ni importar. En fin no hay verdaders reformas de mercado, ni mucho menos liberalismo economico. En todo caso Cuba necesita esas reformas verdaderas que liberen las fuerzas productivas y especialmente las trabas al trabajo libre socialista. Ahora bien, de algo no queda dudas, las reformas neoliberales están sirviendo mas a las formas de producción asalariadas capitalistas que a las formas autogestionarias, propiamente socialista. Y por eso toda la amplia Izquierda socialista y democratica está muy inquieta, preocupada y alerta, denunciando el rumbo de la actualización.

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