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[ category Religión e identidad
nacional]

Por Félix Sautié Mederos

Crónicas Cubanas

Desde hace algunos años después del rotundo fracaso del Ateísmo Científico que se intentó imponer en la conciencia, los sentimientos y alma del pueblo cubano, ha aflorado un fenómeno muy especial que algunos detenidos en el tiempo no alcanzan a comprender, el que estuvo escondido durante los aciagos tiempos de aquella etapa de ateísmo obligatorio, mediante el cual la Caridad del Cobre emerge de nuevo desde lo más íntimo del alma cubana que nunca abandonó tal y como lo hacen las madres con sus hijos por muy desgraciados y excluidos que sean por parte de la sociedad y del mundo. Su surgimiento se ha producido con una fuerza inusitada y creciente como un símbolo genuino de identidad y sentimientos de lo realmente cubano. En esta circunstancia año tras año durante la conmemoración de la Patrona y Reina de Cuba se revive desde lo más profundo del ser interior de los cubanos una fe muy especial, que en muchos se manifiesta más allá de lo estrictamente religioso confesional, pero que nos une a los que somos y nos sentimos cubanos en un sentimiento de identidad nacional y resistencia ante los adversidades que sufrimos y que nos amenazan en el presente y el futuro que tenemos por delante.

Este fenómeno espiritual cobra cada año mayor fuerza en la medida que el hastío y el desencanto de la población crecen ante la incapacidad de las cúpulas para comprender las circunstancias, necesidades y anhelos del pueblo. Es una impronta que aumenta muy pesar de las consignas, de las advertencias y de los conformismos inexplicables. Todo ello se manifiesta en un forzado proceso en el que se nos trata de explicar que es socialismo lo que realmente no lo es, y no puede serlo, porque sin el pueblo con centralización y autoritarismo sostenidos por una burocracia y tecnocracia intolerantes, no se podrán convertir en realidad las consignas de crear un socialismo realmente próspero y sustentable.

Debo decir que quizás como nadie desde el exterior, el Papa Francisco ha comprendido las circunstancias actuales del pueblo cubano. Lo ha hecho más allá de cualquier manifestación de la política y de la economía confesionalmente ideológica. Lo ha expresado simplemente a partir de la verdad, de su comprensión de los sufrimientos y de los anhelos de un pueblo que se ha manifestado y se manifiesta a favor de la justicia, de la solidaridad y de la equidad entre los personas, cuyos sueños y sentimientos humanistas han sido rotos por un autoritarismo contra natura que ha intentado imponer un sistema de ordeno y mando cada vez más ineficiente e incapaz de resolver los agudos problemas que afronta el país.

Me refiero a los más recientes gestos de Francisco al respecto de lo que estoy exponiendo, tal y como es su conducta desde su elección como Papa. Han sido concretos, sencillos de comprender y profundos. Invitó a los Obispos cubanos al Vaticano en cuyos jardines en una gruta se erigió una pequeña estatua de bronce de la Caridad del Cobre con una muy especial historia, lugar específico en donde se exponen imágenes de algunas advocaciones de la Virgen María. Días después, con motivo de la conmemoración de la Patrona de Cuba, envió un especial mensaje a los cubanos al que me referiré más adelante y la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos de la Santa Sede declaró de Solemnidad al día de la Patrona de Cuba, lo que constituye una especial deferencia de la Iglesia Universal a la devoción de los cubanos por la Virgencita morena que desde 1612 nos acompaña y simboliza nuestra identidad y nuestra cultura nacional mestiza y diversa.

Con independencia de las interpretaciones teológicas y litúrgicas que implican estos importantes gestos que sería tema suficiente para un artículo en sí mismo, en esta ocasión quiero referirme especialmente al mensaje de Francisco que se leyó en Cuba en los muy abarrotados templos que se colmaron el pasado Día de la Caridad del Cobre, a lo ancho y largo de nuestro país, en donde se efectuaron este año más de 100 nutridas procesiones en todo el territorio nacional, las que estuvieron prohibidas durante el tiempo de la vigencia del ya derogado Ateísmo Científico. Tampoco voy a referirme a las muchas actividades que ya se reportan desde lo más íntimo de la diáspora cubana, dispersa fuera de nuestras fronteras, porque además de ser extenso no me corresponde hacerlo desde mi Rincón de Centro Habana en donde escribo mis Crónicas Cubanas.

Francisco ha sido certero, oportuno y orientador con los tres verbos que nos señaló para que los cubanos los meditáramos profundamente. Sintetizo porque su mensaje fue extenso y cito textual aspectos esenciales:

-Alegrarse: el cristiano no duda que aquello que se hace con amor, engendra una serena alegría, hermana de esa esperanza que rompe la barrera del miedo y abre las puertas a un futuro prometedor

-Levantarse: no podemos quedarnos de brazos caídos, lamentándonos solamente, o tal vez escurriendo el bulto para que otros hagan lo que es responsabilidad propia

-Preservar: ser hombres y mujeres constantes en el buen obrar, que mantienen su palabra, que son siempre fieles. Y esto porque confiamos en Dios y ponemos en Él el centro de nuestra vida y la de aquellos a quienes queremos

Es mucho lo que nos expresa Francisco para que salgamos de nuestro hastío, nuestro letargo y nos dispongamos actuar por la vida. No sé que más podría decirse desde los ámbitos planetarios y desde los más íntimos sentimientos humanos al respecto de los anhelos y frustraciones de los cubanos, para que se abran definitivamente los oídos que deben oír y le den paso a la vida, a la verdad, al bienestar y al porvenir de la Patria.

Así lo pienso, así son mis sentimientos desde lo más profundo de mi fe cristiana y mariana; y así lo afirmo con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular. : fsmederos@gmail.com

Publicado en Por Esto! el jueves 10 de septiembre del 2014.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=350035

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