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Por Fernando Ravsberg. Tomado de cartasdesdecuba.com

“Por muy mal que esté España, a Cuba no regreso, porque allí no hay futuro”, me dijo una cubana en Barcelona, donde residió los últimos 10 años. Desde que llegó se dedica a limpiar casas sin pagar seguridad social por lo que tampoco tendrá jubilación.

Un amigo mío con un próspero negocio propio en la isla también ha decidido emigrar “porque en Cuba no hay futuro para mis hijos”. Tiene dos adolescentes a los cuales seguramente no podrá costearles una carrera universitaria en los EEUU.

Prácticamente cada persona que decide emigrar repite esa frase hecha, a pesar de que está lejos de la realidad dado que en todas partes hay un futuro. El porvenir podrá ser mejor o peor pero siempre existe, incluso tras la muerte, cuando nos convertimos en polvo.

En todas partes del mundo los políticos prometen un futuro mejor para la gente común. Dilma en Brasil, por ejemplo, les ofrece seguir reduciendo la pobreza y el desempleo, aumentar la cobertura médica y construir cientos de miles de casas. Les ofrece esperanza.

Pero en Cuba el futuro es incierto, casi nadie sabe hacia dónde va el país y muchos temen un retroceso que los devuelva al socialismo soviético. No pocos emprendedores me han dicho que montan sus negocios para “aprovechar la situación mientras dure”.
La gente quiere saber cuánto tiempo más vivirán con salarios ínfimos y pensiones mínimas

La gente quiere saber cuánto tiempo más vivirán con salarios ínfimos y pensiones mínimas

Los cubanos avanzan sin conocer el destino final, atravesando momentos agradables en los que se abren puertas y se eliminan prohibiciones absurdas y por otros amargos donde se imponen prohibiciones tan irracionales como la de los cines 3D.

Por si estos vaivenes fueran poco, el gobierno se encarga de repetir una y otra vez que en el país no hay reformas sino una simple “actualización del modelo”. Y paradójicamente Miami le hace el coro reafirmando que se trata solo de cambios cosméticos.

Sin embargo, por mucho que unos y otros intenten ocultarlo, se han transformado temas de fondo como sustituir el igualitarismo por la fórmula de dar las mismas oportunidades a todos los ciudadanos pero permitiendo diferentes ingresos.

Con el trabajo por cuenta propia, modalidad en la que ya laboran medio millón de cubanos, se produjo el reconocimiento tácito de la propiedad privada sobre medios de producción, aunque hasta ahora se mantenga a pequeña escala.

Además se incluye la posibilidad de contratar personal lo que legaliza la pequeña empresa en algunos sectores productivos y de servicios. Para facilitar más el proceso el empresario está exento de cualquier pago por los 5 primeros empleados.

El concepto de “internacionalismo proletario” mediante el cual Cuba regalaba su ayuda se transformó en “cooperación Sur-Sur”,
convirtiéndose en el principal ingreso de divisas del país, por encima de lo que aportan las remesas, el turismo y el níquel juntos.

La apertura de las fronteras tiene un alcance conceptual que va más allá de una simplificación de trámites migratorios. Es un
reconocimiento por parte del Estado cubano del derecho a la libertad de viaje y a emigrar que tienen los ciudadanos.
Los cuentapropistas y cooperativistas no saben hasta donde podrán crecer

Los cuentapropistas y cooperativistas no saben hasta donde podrán crecer

No es difícil percibir los cambios que se han producido hasta ahora, a lo mejor se podría intentar adivinar los próximos más inmediatos, pero lo cierto es que casi nadie sabe a ciencia cierta que modelo de sociedad se pretende construir.

Los jóvenes ignoran si les permitirán volar más que a sus padres, los emprendedores no saben hasta donde podrán crecer, los trabajadores desconocen cuánto tiempo más tendrán que vivir con salarios ínfimos y los ancianos con sus minijubilaciones.

Tras décadas de inmovilidad, el tren se ha puesto en marcha avanzando lentamente por las vías. Los ciudadanos sentados en los vagones observan cada estación que se atraviesa pero muy pocos saben con seguridad hacia donde se dirigen.

Esa incertidumbre es la que les hace pensar a muchos cubanos que en su patria no tendrán futuro ni ellos ni sus hijos. Esa incertidumbre es la que empuja a muchos a emigrar en busca de un tren con un destino definido, aunque sea limpiando casas.

No se puede apelar solo a la fe de la gente, se necesitan también certezas para que renazca la esperanza.

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