Etiquetas

,


Por Félix Sautié Mederos

Crónicas cubanas

Aunque las expectativas de vida desde 1938, año de mi nacimiento (28 del mes de julio, lo que me hizo un Leo más) a la fecha, han experimentado un sensible incremento; considero que cuando traspasé el umbral de los 70 años de edad, y en este 2014 acabo de cumplir los 76, comencé a vivir una importante etapa de permanencia planetaria veterana por lo extenso y muchas veces intenso de mi existencia terrenal que inició en medio de guerras fraticidas y sus amenazas para todos, tanto para los que estaban implicados de una forma u otra como los que nos encontrábamos más lejos. Específicamente, me refiero a la Guerra Civil de la España de nuestros ancestros y a los inicios de la II Guerra Mundial, en aquellos finales de la década de los 30 e inicio de los 40 del siglo pasado, pero aún más explícitamente, lo planteo con toda crudeza porque, desde entonces, han sido muy pocos los tiempos que he experimentado sin la preocupación de alguna guerra y casi ninguno sin ver o incluso sufrir engaños, explotación, traiciones, injusticias o crímenes que aunque no me hayan afectado directamente, golpearon con fuerza mi sensibilidad humana en lo más profundo de mi Ser Interior, porque según expresó José Martí y lo parafraseo, verlos en silencio es tanto como cometerlos, lo que ha hecho de mi mundo y de mis ámbitos existenciales un valle de lágrimas, como se expresa en la Salve.

Desde hace algún tiempo a esta parte, en cada nuevo cumpleaños he publicado una crónica como si fuera la última vez que lo hago, contentiva de mis sentimientos, así como del recuerdo y el recuento de mis alegrías, anhelos, angustias, dolores y sufrimientos existenciales; que hoy cuando las coloco una detrás de otra y las comparo, constato que expresan una constante existencial de sueños rotos, hijos y nietos dispersos por el mundo, fe en Dios y en la vida, con una voluntad de lucha inclaudicable sin darme por rendido; pero reconozco que continúo atrapado en medio de grandes incertidumbres y desengaños, que incluyen miedo por el presente y el futuro porque el miedo es y se hace intrínseco en los seres humanos, querámoslo o no, aunque seamos capaces de desafiarlo y seguir adelante. Vivo, pues, una realidad de miedos inducidos que tengo que enfrentar permanentemente para no ser vencido por lo acontecimientos cotidianos que se encuentran cercados por verdaderos muros de orejas sordas, bocas mudas e insolaridades humanas, las que se extienden como si fueran plagas que día a día desarticulan y desestructuran a la Nación Cubana. Comprendo que ya no me queda mucho tiempo como para pasarlo por alto y tengo que decirlo con toda la claridad que me es posible, con independencia de que a algunos no les guste oírlo y traten de excluirme más de lo que ya me encuentro por atreverme a escribirlo y a publicarlo. Quizás, hacerlo con toda crudeza sea una prerrogativa de la ancianidad que no voy a desestimar.

Pienso que lo que he expresado en el párrafo anterior al respecto de los silenciamientos, así como de los oídos sordos y de las bocas mudas, posiblemente sean de conjunto la principal culpabilidad histórica de los responsables y causantes directos de los atolladeros que estamos viviendo; y hablo de los principales responsables porque, en definitiva, considero que todos tenemos responsabilidades concretas, unos por perpetrarlo y otros por aguantarlo en silencio y sin hacer algo para impedirlo. En este orden de cosas, no me considero exento de culpas porque, como he expresado muchas veces en mis crónicas y escritos, debo reiterar que en los procesos que he vivido desde finales de los cincuenta a la fecha, me considero que he sido victimario y víctima, y trato de rectificar mis errores que reconozco perfectamente. Pero deseo añadir, que los que silencian y amordazan la expresión de las realidades que estamos viviendo con el uso de sus poderes conferidos, adquieren una mayor responsabilidad con la Historia que nunca los va a absolver y serán muy difícil de perdonar, porque incurren en verdaderas faltas de lesa humanidad, aunque no hayan matado a nadie en particular.

Jesús resumió la Ley de Dios y de los Profetas en dos mandamientos: amor a Dios y amor al prójimo como a tí mismo. En tanto que Juan, en su Primera Epístola, expresó al respecto y parafraseó: que si me dices que amas a Dios que no ves y no amas a tu prójimo que sí ves, te digo que es mentira. Por tanto, el perdón será muy difícil para quienes con terquedad y soberbia, sin escuchar a los demás, actúan contra las personas en particular y del pueblo en general. Esas actitudes negativas podrán durar mucho tiempo o incluso sobrepasarnos en nuestras más amplias esperanzas de vida, pero sus consecuencias en justicia, llegarán siempre ya sea en la tierra, o por el juicio de la Historia o incluso después del peregrinaje que todos, sin excepción, realizamos por la vida hasta un tope existencial que nadie podrá eludir por mucho que sean su poder y su autoridad temporal. El olvido, la condena y el desprecio serán las improntas que la Historia va a imponerles sin que nadie pueda eludirlas tampoco.

Me siento profundamente conmovido en mis 76 años escribiendo crónicas y artículos que recogen mi voz que clama en el desierto y mis esfuerzos que aran en el mar, cercado por las sorderas y los silencios de los que de una de las partes están obligados a escuchar y a manifestarse; y también por los bloqueos y guerras encubiertas de la otra parte enfrentada, pero todos a una en contra del pueblo de a pie que es quien paga todas (y valga la redundancia) las consecuencias. Además aún vivo como cuando nací en 1938, en medio ahora en el 2014 de nuevas guerras planetarias de primera y cuarta generación, con grandes matanzas de civiles inocentes, como el caso de la Palestina martirizada, más allá de los posicionamientos políticos de cualquier índole, ante las miradas impávidas del mundo en que me encuentro enclavado. No obstante, sigo adelante en mis esfuerzos hoy baldíos pero con fe en Dios y en la vida, porque nunca ha llovido tanto que no escampe. ¡Quienes tengan oídos para oír, oigan!

Así lo pienso y así lo expreso con mis respetos por las opiniones diferentes y sin querer ofender a nadie en particular.

Nota Final: Cuando revisaba esta crónica para enviarla a POR ESTO!, recibí una llamada telefónica de una sobrina mía quien me informó que mi hermano Francis acababa de morir físicamente porque su corazón no había resistido más. De nuevo me cruzo con la muerte cercana que, poco a poco, me va dejando solo. Aquí la espero, con fe en Dios, y lucha por la vida. fsmederos@gmail.com

Publicado en Por Esto! el lunes 28 de julio del 2014.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=341161

Anuncios