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Por Félix Sautié Mederos

Crónicas cubanas

Vivimos épocas en las que el diálogo se ha convertido en una urgencia que podría considerarse de vida o muerte, bastaría leer la prensa escrita o ver los telediarios del día para informarse sobre las confrontaciones que se están produciendo en las más diversas latitudes del mundo y la angustiosa necesidad de reconducirlas hacia el diálogo y las mesas de conversaciones para evitar los enfrentamientos sangrientos, algunos de los cuales se destacan con especial saña actualmente en Siria, Ucrania y el Medio Oriente así como con situaciones muy características en la Venezuela bolivariana, por mencionar quizás los más recurrentes en las primeras planas del momento actual. Sin diálogo se abre paso a la confrontación polarizada y a la práctica de oídos sordos que incluso podrían transformase en violencias o guerras que nunca conducirían a nada bueno.

Yo pienso que ninguna circunstancia o coyuntura sociopolítica está exenta de la necesidad del diálogo, sobre todo si se tiene en cuenta el concepto de que la Paz no es sólo la ausencia de la Guerra sino que es algo más allá relacionado con la justicia social, las facilidades para la participación popular en las decisiones que tienen que ver con su destino, así como la equidad distributiva, incluyendo además el respeto a los Derechos Humanos.

Por otra parte, el necesario diálogo de quienes piensen diferente nunca debería implicar la tergiversación ni la manipulación subjetivas de lo que plantea el otro o los otros, mucho menos el menosprecio o la negación de quienes piensen distinto ni tampoco la práctica de un autoritarismo a ultranza manifestado de forma directa o indirecta y sutil contra los demás tan al uso en los últimos tiempos.

A partir de esas improntas negativas en mi criterio, será muy difícil el encuentro y la concertación a favor de lo que nos une en búsqueda del bien supremo de la nación que tanto necesitamos los cubanos de hoy porque Cuba no es ninguna excepción en la necesidad del diálogo como procedimiento de gobernabilidad.

Estos planteamientos conceptuales al respecto del ejercicio del diálogo como procedimiento básico para gobernar, quiero dejar claro que no son de mi cosecha personal, porque constituyen principios éticos esenciales a tener en cuenta en cualquier diálogo o debate que se produzca, sea de la índole que en definitiva sea.

El diálogo requiere ante todo de la buena fe de las partes implicadas, así como del respeto por el pensamiento diferente, objetividad en lo expresado e igualdad de condiciones para todos los dialogantes. Por eso cada vez que se plantee la necesidad del diálogo es también imprescindible expresar las condiciones básicas a establecer a los efectos de que su realización pueda ser equitativa y justa para todos.

Es totalmente contraproducente en cualquier diálogo la utilización del dogmatismo esquemático, con que algunos se manifiestan cuando intentan imponer sus dogmas y esquemas a los demás sin comprender, así como su forma de pensar, su léxico y sus opiniones específicas. Así no habrá diálogo sino monólogo o quizás confrontación polarizada.

Así lo pienso y así lo expreso con mis respetos para quienes piensen diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

E-Mail: fsmederos@gmail.com

Publicado en Por Esto! el domingo 1 de junio del 2014.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=329369

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