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Por Rogelio M. Díaz Moreno

Ayer viernes tuvo lugar otra jornada de las que componen el proyecto Primavera Libertaria de La Habana. Como hemos explicado en nuestro espacio, esta iniciativa la ha llevado adelante el Taller Alfredo López, integrante de la Red Observatorio Crítico, en estrecha relación con la Galería Cristo Salvador.

La Galería fue la sede que acogió la exhibición y discusión del documental Otra Memoria Sindical, como pie forzado para la sesión de debate y análisis que le sucedió. Además, se presentaron discos con recopilaciones digitales de los periódicos anarquistas cubanos Tierra, Nuevo Ideal y Tierra Nueva.

El documental apreciado agradece en los créditos a una asociación de anarquistas suecos, y pretende hacer un recorrido por la historia del movimiento sindical cubano, especialmente aquel de tendencia anarquista. En realidad, contiene un buen caudal de información sobre la historia de nuestro país, en esta esfera estratégica del trabajo, la producción y la organización de las personas trabajadoras, que resulta esencial conocer para la comprensión de estos temas. Con un montaje relativamente sencillo, la exposición resulta ilustrativa y presenta las conquistas alcanzadas por las luchas obreras en Cuba desde fechas tan tempranas como finales del siglo XIX hasta mucho más tarde. También contiene una mirada muy crítica hacia los procesos que tomaron lugar a partir de 1959. Como es sabido, a partir de ese momento el Gobierno tomaría un control tan férreo sobre el sindicalismo cubano, que éste perdió toda su personalidad, y se considera universalmente hoy como un apéndice al servicio de las administraciones empresariales y políticas.

Esto no quiere decir que el documental no fuera apreciado a su vez con miradas críticas, por parte de los participantes. Otra Memoria Sindical peca de presentar una visión de tendencia edulcorada sobre ciertas etapas de la nación cubana. Al enorgullecerse, con razón, de las conquistas de los sectores obreros más avanzados, parece olvidar simplemente las masas de desposeídos, campesinos sin tierra, desempleados, trabajadores temporales, que poblaban esta misma nación. Por tal falencia, no tienen explicación para el enorme prestigio y popularidad de la Revolución cubana, que en 1959 ofreció a estas otras capas una solución a sus problemas, oportunidades reales de salir del estado de depauperación en que vivían sumidos. Por más que estas soluciones, emanadas desde arriba, tuvieran su naturaleza de dosis de autoritarismo y burocracia, permitieron a la gran mayoría de aquellas masas, el alcance de una vida decorosa como nunca la habrían tenido, lo que permitió la reproducción socio política del sistema hasta hoy.

En lo particular, a mí me pareció llamativo que un movimiento sindical que se preciaba de movilizar, durante la primera etapa republicana en Cuba, hasta un millón y medio de votos, no tuviera la capacidad de llevar un partido obrero al poder mediante las urnas. Es posible, especulo en mi ignorancia, que las élites de este sindicalismo estuvieran asimiladas al sistema de economía de mercado y más bien adoptaran las típicas políticas reformistas, que dependen de la prosperidad de la economía capitalista para ofrecer entonces algunas reformas y mejoras a favor del trabajo.

En las décadas que le siguieron, se analizó en la reunión, la central sindical cubana adoptó, en todo caso, otra manera de repartir riquezas. Fueron entonces las conocidas entregas de electrodomésticos, reservaciones turísticas, etcétera, lo que tipificó el ejercicio organizativo en la base, hasta el punto que hoy, lejos de todo tipo de bonanzas, sin nada que repartir, las personas simplemente ya no tiene idea de para qué sirve un sindicato; lo asocian con oportunismos políticos y otros vicios que dificultan la tarea de quienes se planteen revitalizar tradiciones de organización y autogestión obrera. Y todo esto, sin mencionar el temor que provoca típicamente mencionar, en un colectivo cubano cualquiera, la idea de sindicalismos independientes del gobierno y capaces de enfrentarse a este cuando perciba que perjudica los intereses de sus afiliados. Pánico bien justificado, ante la represión en que incurren inmediatamente los audaces, con el despido automático en el mejor de los casos, y peores consecuencias en otros casos.

Independientemente de esto, el interés de los presentes se centró en cierto momento en prácticas fraternales y solidarias que ocurren de manera menos formal en la sociedad cubana hoy. Aún así, muchas de estas asociaciones dejan bastante que desear, al estar integradas exclusivamente por personas del sexo masculino, alertaron varios.

Nuestro futuro, marcado por una enorme incertidumbre, se incuba en las extraordinarias transformaciones que vivimos hoy. La precariedad anda generalizada, el Estado renuncia a su papel de empleador universal, florece la actividad económica privada. Las personas acuden a todo tipo de recursos para sostenerse económicamente, prosperar o simplemente no morirse de hambre. En este escenario, son de esperar varias sacudidas más en dirección a una economía cada vez más de mercado, capitalista. El panorama del trabajo conocerá nuevas realidades, que habrá que estudiar y con las que habrá que compenetrarse muy íntimamente, si se pretende efectuar cualquier labor en pro de cualquier tipo de fines. Con nuestros propósitos de promover el empoderamiento y la liberación de las personas a través de la solidaridad y el trabajo colectivo, deberemos permanecer eternamente atentos; fortalecer y extender los lazos entre colectivos afines, y mantener nuestra voluntad de iluminar los mapas ante las personas, para orientar y convencer de la posibilidad de la esperanza.

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