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Por Félix Sautié Mederos.

Crónicas cubanas

Hace algunos días en medio del ambiente previo a la celebración del primero de mayo en La Habana, asistí al Aula Fray Bartolomé de las Casas de los frailes dominicos que funciona en el Convento San Juan de Letrán del habanero barrio del Vedado. Al respecto del Aula y sus convocatorias he escrito reiteradamente en mis Crónicas Cubanas ya que desde su fundación me cuento entre sus más asiduos participantes. Realmente la considero en las muy especiales condiciones de Cuba en estos momentos, un extraordinario espacio de diálogo profundo y responsable en el que se abordan temas teológicos, filosóficos, históricos y de las ciencias sociales en general.

Las temáticas que se abordan en el Aula de los dominicos habaneros elevan la espiritualidad y nuestra razón de ser a partir del compromiso con la Verdad al centro de todo, como se corresponde con el carisma de la Orden de Predicadores que fundara Santo Domingo de Guzmán. En este orden de cosas, quiero reiterar que reconozco mi muy especial cariño hacia los dominicos habaneros y su Convento San Juan de Letrán porque coadyuvaron sensiblemente a mi formación como cristiano e incluso como revolucionario inconforme y comprometido con la opción por los pobres que predicara Jesús en el Evangelio.

Comienzo también por decir, que llevaba algún tiempo sin poder participar en los encuentros mensuales del Aula Fray Bartolomé de las Casas. Razones de salud y viajes al exterior me lo habían impedido, pero en esta ocasión no podía dejar de hacerlo por mi muy especial interés hacia el contenido propuesto La dignidad de la Persona Humana a la luz de Cristo, temática que considero de trascendental importancia en las actuales coyunturas del mundo y muy especial de Cuba que consagra en su Constitución el anhelo expresado por José Martí quien textualmente dijo Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. Otro motivo que movió mi interés por asistir sin falta a la convocatoria a que me refiero en esta crónica, además del intrínseco valor esencial del tema en cuestión, fue su disertante el Padre José Miguel González Martín, Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, quien además de su reconocida condición académica en mi opinión muy personal es uno de esos curas legendarios que van dejando obras por donde quiera que pasan, acumulando amigos y detractores tal y como suele ocurrir cuando las personas se destacan en algo.

La exposición del Padre José Miguel fue, en mi criterio, enjundiosa y profunda, pues sin proponerse menospreciar a otras culturas y otros planteamientos religiosos según sus propias expresiones, resultó ser conceptualmente en su desarrollo Cristo céntrica a partir del más puro concepto de la Teología católica de todos los tiempos, que reconoce en el hijo de Dios hecho hombre el camino, la verdad y la vida que nos ofrece un paradigma de esperanza basado en el amor, la justicia y la paz. Como conclusión, porque no puedo ser muy extenso dado el espacio con que cuento para mis Crónicas Cubanas, debo decir que el padre José Miguel planteó dos tareas fundamentales, calificadas por él como irrenunciables que dan base conceptual al reconocimiento de la dignidad humana. La primera reconocer en Cristo a cada hombre porque cada hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios; y la segunda anunciar a Cristo para que cada hombre se reconozca a sí mismo y dignifique la imagen de Dios en él.

En definitiva la conferencia del Padre José Miguel fue una verdadera clase magistral sobre el concepto cristiano de la dignidad humana, que a su vez fue también muy importante para el desarrollo de la conciencia que debemos alimentar constantemente con elevadas reflexiones como las que nos expresó nuestro disertante en esa ocasión, de las cuales saqué algunas consideraciones que brevemente quiero compartir con mis lectores de POR ESTO!

El tema de la dignidad humana, en mi criterio muy personal, implica esencialmente un reconocimiento básico de la igualdad intrínseca de todos los seres humanos, sin exclusiones de ningún tipo por razones de raza, sexo ni condición social alguna o como consecuencia de sus ideas políticas, económicas y sociales; porque al ser todos creaturas a imagen y semejanza de Dios, no hay razón alguna moralmente válida para clasificar un orden de reconocimiento de esa dignidad humana en una escala de para unos sí o de para otros no, tal y como sucede frecuentemente cuando sólo se hace referencia a los conceptos teóricos sin llevarlos a la práctica concreta en toda la extensión conceptual de su reconocimiento sin exclusiones de ninguna índole en cualquier circunstancia o coyuntura. En resumen considero que no es válido que ese reconocimiento esté solamente planteado en el plano conceptual mientras que en la práctica cotidiana se vulnera cuando las personas son consideradas sólo como un objeto en la sociedad que puede ser movido por las instancias del poder económico y político como si fuera una ficha de ajedrez y ser calificado o descalificado a partir de discriminaciones sociales y desconocimientos que limitan o eliminan la condición básica de sujeto social merecedor de los derechos que les corresponden debido a su condición humana que es intrínseca, inviolable e irrenunciable.

Otra consideración que quiero exponer como resultado de esta conferencia expresada en los más elevados planos teológicos y filosóficos es que, precisamente al hacernos transitar por conceptos tan profundos, se cumple con lo que ha sido un objetivo fundamental del Aula Fray Bartolomé de las Casas de los frailes dominicos del Vedado habanero que es formar pensamiento y desarrollar conciencia que nos hagan reflexionar sobre las realidades que estamos viviendo más allá de las concepciones estrictamente teóricas. Así lo pienso y así lo afirmo con mis respetos para la opinión diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

E-Mail: fsmederos@gmail.com

Publicado en Por Esto! el lunes 5 de mayo 2014.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=323716

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