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Por Rogelio M. Díaz Moreno

Dedicado a mi amigo Félix Sautié Mederos

El pasado Primero de Mayo disfruté de una oportunidad, para mí novedosa, que recordaré con gran alegría.

Por la mañana, había transcurrido el desfile oficial. Aquel, donde una masa verdaderamente notable de personas accede a la convocatoria del gobierno a manifestar apoyo ciego hacia su política; independientemente de que en los últimos años, esta consista sobre todo en recortar todo tipo de políticas sociales y despedir personas trabajadoras de sus puestos. La repudia a las injusticias del imperialismo contra nuestro país, o del capitalismo en el resto del mundo, vienen a ser los otros ejes principales de la marcha en la Plaza de la Revolución habanera. Las preocupaciones cotidianas de la ciudadanía cubana trabajadora; sus sufrimientos y temores; sus luchas de cada día por la prosperidad o la mera subsistencia en un ambiente cada vez más crítico, no parecen encontrar su momento ni su lugar en la actividad gubernamental del Primero de Mayo.

Afortunadamente, los ideales y principios de resistencia a la adversidad no son monopolio de grupos elevados a cumbres borrascosas. El Observatorio Crítico (OC) ha tenido el privilegio de comunicarse, en las más diversas partes del país, con una amplia diversidad de colectivos de personas bondadosas, tenaces, solidarias, profundas en su honestidad y su sinceridad. En esta ocasión del día de las personas trabajadoras, el Movimiento de Trabajadores Cristianos (MTC) tuvo una grata deferencia hacia nuestro grupo y nos invitó a participar de su acto de celebración.

La actividad tuvo por sede la iglesia en el barrio de Marianao, capitalino y con glorioso prontuario de tradiciones obreras. Mi camarada Dmitri Prieto Samsonov y yo nos presentamos, este día Primero de Mayo, a la actividad del MTC, con grandes expectativas que serían colmadas por los valores allí manifestados y el afecto que se nos mostró.

El hecho de que Dmitri sea cristiano ortodoxo y yo cojee de la pata del materialismo dialéctico no constituyó ningún obstáculo para que ambos compartiéramos con hondo respeto la parte sagrada de la actividad. La misa que tuvo lugar, me ilustró sobre nociones de gran valor, relacionadas con tradiciones en esta religión sobre el valor de las personas trabajadoras. La figura del padre adoptivo de Jesús, el carpinterio judío José, constituye una figura emblemática en esta celebración. De tal suerte, se concibe que el trabajo no es el ingrato castigo que le cayera al desobediente Adán, sino una realidad profundamente humana y tan digna como para que fuera partícipe de ella el mismísimo Jesús, en el seno de la actividad familiar.

Como muchas otras cosas, yo ignoraba que dentro de la Iglesia Católica se desarrollara una actividad tan progresista y militante como la que encontré en esta actividad del MTC. Allí se defendieron con pasión conceptos como el combate a la desigualdad, a la explotación; el derecho a una Renta básica para la ciudadanía y a otros derechos básicos como la educación, atención de salud; la necesidad de una política social dirigida a eliminar la pobreza y la exclusión. Casi todos los grupos minoritarios y en desventaja social que conozco fueron mencionados explícitamente, como razones imperiosas para ejercer la solidaridad y el apoyo a la lucha por la justicia. Me llamó la atención, de manera especialmente favorable, lo naturalizado del lenguaje inclusivo en la cuestión del género, de forma tal que siempre se incluía al sexo femenino; en contraste con las generalizaciones tan comunes sobre los trabajadores, los ciudadanos, los hombres, que presumen que la mitad de la humanidad no merece iguales consideraciones. De igual forma, en mi ignorancia, me sorprendió la integración con la historia del movimiento obrero desde la época de los mártires de Chicago y una proyección internacional, particularmente hacia América Latina, muy semejante a la que tuve la oportunidad de presenciar en el Comité por una Internacional de los Trabajadores.

Los asistentes apreciamos agradecidos, y nos identificamos, con la expresión de las preocupaciones que sentimos hoy todas aquellas personas que dependemos únicamente de nuestro trabajo para sobrevivir en las difíciles circunstancias de la sociedad cubana. La postura cristiana predicada puede encontrar resonancia en cualquier alma generosa, con su exhortación a actuar siempre con el amor como fuerza motriz; a encontrar la satisfacción en la entrega; a reconocer y ampliar los momentos, dentro de los marcos de grandes dificultades, en los que se pueden ejercer valores éticos y altruistas para iluminar los oscuros caminos que no nos queda más remedio que atravesar hoy.

A continuación, sostuvimos un valioso intercambio con los compañeros del MTC, fundamentalmente a partir de una charla de Dmitri que recogió algunas de nuestras preocupaciones relacionadas con la deriva anti obrera del gobierno cubano. El misterioso nuevo Código de Trabajo fue el centro de esta parte, con los vicios del anteproyecto original y el enigma de las modificaciones que se desconocen cuando, a pesar de ello, se ha anunciado que entrará en vigor en el próximo mes de junio. Nos percatamos que las preocupaciones nuestras dentro del OC, que hemos expuesto en todas las ocasiones que hemos sido capaces con la mayor energía, eran muy semejantes a las de estas personas. Esto ratificó nuestra convicción respecto a las similitudes de sentimientos entre los trabajadores de todo el país, el sentido general en contra de las relaciones mercantilistas y de explotación capitalista que se pretende naturalizar por parte del gobierno y las élites privilegiadas, y la capacidad de los trabajadores y las trabajadoras, cubanos y cubanas, de aspirar y laborar por unos principios más humanos.

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