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Por Félix Sautié Mederos

Crónicas cubanas

Aquella expresión popular muy manida que habla del paso de carretas y carretones por encima de nosotros sin que nos demos cuenta de lo que está sucediendo a nuestro alrededor, es una idea que actualmente asalta a mi conciencia sin pedir permiso; porque después de haber pasado algunos días fuera del país, en Mérida, Yucatán, participando en las actividades por el 23 Aniversario del periódico POR ESTO! al que fui gentilmente invitado junto con un grupo de colaboradores cubanos, todos colegas de muchos años en las luchas revolucionarias, a mi regreso percibo la sensación espiritual de haber encontrado a los habaneros y muy especialmente a mis vecinos y amigos más cercanos, en medio de una especie de letargo, que sé que no es algo nuevo, sino más bien parte de un más de lo mismo prolongado del que me alejé tan solo por unos pocos días, que en sí mismo concita múltiples preocupaciones por la subsistencia del presente y futuro a que estamos abocados los cubanos.

Es que cuando bruscamente se cambia de ambiente, en mi caso por causa de un viaje aéreo de unas dos horas de vuelo que me transportó hacia una estancia prolongada durante el breve tiempo que estuve en Mérida, Yucatán, en verdad es posible despejarse del ambiente cotidiano que realmente a mí se me hace monótono y continuista en medio de un gran más de lo mismo que parece que nunca va a cambiar de cualidad para mejor, sino que se va destartalando en un lento círculo vicioso alrededor del precipicio existencial que circunda actualmente a la Nación cubana.

He encontrado a mi regreso habanero que mucho nos habla la prensa local de la nueva Ley de inversiones aprobada en Sesión Extraordinaria de la Asamblea Nacional sin que aún se haya publicado su texto definitivo completo, por lo menos hasta el momento en que escribo la presente crónica, para poder evaluarla a profundidad. Mientras que se plantea que esa Ley de inversión extranjera crea un conjunto de facilidades para los inversionistas de cualquier país del mundo incluyendo a los cubanos que han emigrado y excluye a los que vivimos en el país. Algo realmente muy significativo, porque una vez más los residentes en el país somos relegados.

En concreto he percibido la impresión de muchos que la Ley tan divulgada, no les ha aportado nada nuevo a las preocupaciones de mis vecinos en Centro Habana que viven en medio de las precariedades urbanas amenazadoras de derrumbes de los edificios, ciudadelas, casas, y apartamentos en muy mal estado constructivo en los cuales habitan, junto con las insuficiencias de una cosecha de papas tradicional en esta época, pero reducida sensiblemente por una incapacidad productiva generalizada en muchos productos de primera necesidad; en tanto que un conjunto de contingencias burocráticas continúan sucediéndose incluso denunciadas en la prensa plana, radial y televisiva local, entre las cuales se encuentra la especulación con los materiales de construcción que tanto se necesitan para la reparación de las deterioradas viviendas. Todo igualito, según expresa la letra de una vieja canción muy popular en los años 50 del Siglo pasado.

Como resultado de mi ir y venir pienso que esas situaciones encontradas, me refiero a la ley de inversiones y a las preocupaciones de mis vecinos; en realidad requieren de un ejercicio de comprensión a profundidad de lo que realmente sucede a nuestro alrededor, más allá de los enajenamientos de unos y otros hechos, todos objetivos y válidos pero para cada cual según las circunstancias y la ubicación social en que se encuentre. Para lograrlo una vez más nos encontramos con los escollos de un secretismo que no se acaba de terminar muy a pesar de sus actuales rechazos de tales prácticas en el discurso oficial, además de la inexistencia del diálogo y la consulta con la población en medio de una gran falta de transparencia que incluso hace vulnerable a los más positivos propósitos que puedan ser planteados oficialmente.

En mi criterio se equivocan totalmente de medio a medio según el dicho popular, quienes como respuestas las amenazas del bloqueo y de la guerra económica declarada al país, propugnan cerrar cada vez más la libre información de lo que realmente sucede y expresión del pensamiento así como al acceso del pueblo a las nuevas tecnologías digitales de la información de acuerdo con la Revolución científica y técnica del Siglo XXI que se desarrolla en el mundo de hoy, estableciendo una brecha que se nos hace a los cubanos cada vez mayor.

Así lo pienso y así lo reitero y expreso sin cansarme de hacerlo, con mis respetos para la opinión diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

Publicado en Por Esto! el martes 8 de abril del 2014.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=318120

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