Por Pedro Manuel González Reinoso

Por fin nuestra aprobada Ley Tributaria del pasado año hace estragos fragorosos en este 2014, entre capitalpropistas de a peso, o de a pie, que es lo mismo. Tal cual fue enunciada en su debut como “leonina” por varias voces intelectuales, hace mella ahora sobre sus implicados menos pudientes y, además, valer aquellos presagios fulminantes. Antes del 30 de abril los miles de nacionales obligados a declarar sus ingresos, desfilarán por la canalita, blandiendo la papelería y sus firmas estampadas sobre el documento comprometedor que se les exige. Leo, entre otras cláusulas poco divulgadas, aquella que viabiliza ante abogado la devolución del 5% a los aseres culturales que no perciban en el período más de 12 mil pesitos por sus buenas (o mediocres) obras. Partamos ante todo de una verdad templaria: todos aquí somos, como cualquier ente racional del mundo mundial que evite ser desangrado por sus sistemas impositivos, subdeclarantes inconfesos, y eso, claro, siempre que se pueda “escapar” decentemente, como se dice, sin “timar” demasiado al fisco con engañifas monumentales, en naciones especialmente ladronas o apropiadoras –para suavizar el término– del esfuerzo ajeno, por cualquier arista que les colguemos.

La lógica aplicada hoy por los sobrios tecnócratas cubanos (que para eso les pagan un tanto por encima de la media: para encontrar trasgresores) y empleados por la institución reguladora de parcos dineros naturales (en sus ires y venires), es tan rústica, que nos deja demudados y sin armas. Quizá los del ejército omnisciente que sí las tienen activas en la nueva vida económica de país, puedan encargarse de esta última distribución igualitaria sin suspiros y no sentirse en exceso expoliados en sus actividades salvadoras. Pero el resto de todas las categorías ocupacionales descritas en el clasificador de empleos (que no les incluyen, por su-puesto) serán sometidas a una norma sin diferendos ni precedentes en el pago por los “ingresos presuntos” devengados, y recalculados sobre datos ignotos/coeficientes misteriosos, cuando estos no cumplan con los rigores por ellos establecidos y la declaración jurada no satisfaga tales parámetros. Luego de entregada a la Oficina en fecha (antes del trimestre primero), se “estudia” la juramentación y casi en generalidad es devuelta al emisor mediante aviso postal para ser rectificada, evaluando datos ofrecidos –e insinuados como falsos–, y ante cuyo reclamo sugieren portarse obedientemente por provenir de una “superioridad innombrable” y que “deben ser”, como bajo directriz suprema, acatados. Acto seguido se informa que de no enmendarse el documento devuelto y pagarse el exceso decretado, se procederá a multa astronómica por incumplimiento de la obligación y final del convenio.

Hasta ahí, la cosa va más o menos como en los procesos para reclamar tus dineros ante la compra de artículo defectuoso en las TRD o en multas de tránsito: una vez ingresado el importe a las arcas gubernamentales, se procede a (des)esperar por lo que rara veces te devuelven. En el caso primero: una reparación de lo roto es la respuesta. Admitamos que hay que desenmascarar a los que traten de evadir los tributos plantados en ley de manera descarada. Aunque resulten sumamente onerosos y discutibles, pues para eso (fajarse por las tasas y sus variantes, y pelear por el sacro concepto de justicia social) está la asamblea del gobierno local, provincial o nacional que represente con argumentos (o debiera de hacerlo para dormir tranquila) a todo el pueblo y a sus intereses, y también a los estatales, por función comunitaria –legislativa y ejecutiva–, a contrapelo de tan desatinada ambigüedad. Sería sólo por interactividad antidelictiva que todos “los factores” imbricados en el potaje de jueces y juzgados se mojarían, como vocifera la prensa victoriosa, para sabernos en verdad defendidos y no meramente así representados.

Lo que ahora resulta inaguantable es que al no existir exoneraciones de pago para la cuota mensual por parte del Órgano Laboral que las establece –el único que expide acreditaciones para poder ejercer el propismo (y esa obligación es la base usable por los terroristas de la ONAT para el cálculo de lo presuntamente devengado por los subordinados)–, significa que si Vd. pagó su deuda disciplinadamente cada mes, aunque no lo trabajara, habida cuenta de la inexorabilidad de hacerlo bajo reglamento para no causar baja y ahorrarse costos y trastornos en la reinserción, o el peligro de no volver a obtenerla, y durante ese mes u otro cualquiera, digamos, no haya asistido al puesto sino de manera eventual, deberá cumplir por igual en su totalidad con el por ciento aportable de ingresos al presupuesto establecido al arbitrio como el resto de los laborantes a tiempo completo, porque tales científicos parecen ignorar que deba existir un rigor en la inspección periódica sobre sus supervisados, para constatar que todo marche en cuanto a datos asentados en el Registro Diario de Gastos e Ingresos, y que sencillamente las direcciones locales o regionales de la atribulada ONAT no disponen de suficientes inspectores para hacerlo sobre todas las actividades expeditas, sino exclusivamente en las específicas que se designen o prioricen por sus aportes mayores, como así tampoco consten estudios de media estadística sobre comportamientos individuales, excepto – y es el único caso en que se expide la salvedad del pago– que se presente un certificado médico ante el consejo que atiende por la admón. a los incansables y fieles Cuentapropiados.

Por cierto: ya existe hasta un ¿sindicato sin-recato? que debiera defenderlos de semejantes artimañas, pero lo único que hace el pobrecito es cobrar también. Así, con esa imposición abyecta, es como se convoca a delinquir en Cuba: conseguir un documento falso para indultarse de erogaciones inútiles que bien podrían justificarse si la racionalidad imperase y no el absurdo, como es el caso. Intuyo que nadie quiera poner en peligro la carrera de cualquier galeno socio o pariente que se arriesgue a concedernos lo que le solicitemos, o a quien simplemente le paguemos de alguna forma en correspondencia por el arrojo. No se admite que los trabajadores tengan que suspender su jornada por las mil y una razones: enfermedades de familiares o propias –poco certificables–, vacaciones, viajes, o simplemente tener un horario diferenciado del resto de los empleados por ser acaso usuario/vanguardia del multiempleo “socialista” o trabajador estatal que ejerza su jornada buscavidas cuando el otro horario se lo permita. La novísima “norma” (que a mí me sabe a “horma”) nacional para cada actividad no supervisada sobre el ingreso respectivo, y por tanto vigente para todas las declaraciones que no cumplan con ese reclamo triunfal, no contempla tales excepcionalidades, como era de esperar. Parece tal decisión gravitar en un limbo legal inapelable, pues resulta de una linealidad totalitaria digna del feudalismo más diezmador.

La pregunta, entonces clave, sería: ¿Dictan las políticas inflexibles de la ONAT y del Des-Órgano Laboral diferentes gobiernos, o es simple inconexión burrocrática?

Jamás esperemos que algún sesudo honesto se dé cuenta de la nueva metedura de pata y lo publique, o de la estupidez en la extorsión de sus pares, porque con el inmovilismo acomodaticio provocarán la devolución masiva de patentes y el paso indefectible de los ex legalizados (obligados a sobrevivir aún bajo las bombas) a la clandestinidad, lo que conllevará a aumentar la plantilla enorme de inspectores y policías, los cuales (bien sabemos) no aportan en conjunto ni un triste kilo prieto al PIB de una nación urgida a desarrollarse más que a perseguir evasores, o al menos intentar salir del atolladero. Lo que sí sabemos es que no habrá desarrollo sobre los frutos de exprimir al propio pueblo, ese mismo que no podrá acceder a los grandes negocios inversionistas según la última Ley exclusiva para forasteros. Y lo que no sabemos, en verdad, es qué clase de sociedad estamos ¿construyendo? ni por donde van los tiros de nuestros “anal-listas” económicos que no sean contra aquél que –porque no le queda otro remedio– se suda el lomo en pos de los devaluados pesos y, además; aún bajo protesta, los aporta.

En Marzo 21, día mundial de la Poesía

Post Scriptum: Anoche, en la mesa informe de la TV, apareció un funcionario encumbrado para aclarar sobre los oscuros principios de esta materia subversiva, y su declaración en respuesta a la pregunta de un transportista desconcertado ante su nueva e inexplicada multa fue: “Lo siento, pero se trata de una resolución secreta”. Apaguen y vamos, que no hay mas ná pa’ nadie.

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