Por Jimmy Roque Martínez

Es requisito para la mayoría de los doctores que actualmente están en Brasil en el programa Más Médicos, haber cumplido misiones anteriores, principalmente en Venezuela.

De tal modo, ellos ya conocían las limitaciones a las que están sometidos en esos países, para “cuidarlos” (dice el Estado cubano). Ya las vivieron, y ahora decidieron participar en esa otra razón similar, en Brasil.

Estoy en contra de todas esas limitaciones impuestas: horario límite de entrada a la casa, entrega del pasaporte, información de la relación de amistad o de pareja con los nacionales del país, etc.; pero lo cierto es que para estos médicos eso no es nuevo.

Con la experiencia acumulada, pudieron exigir más al Estado cubano, tener el valor de hacerlo acá. Sobre todo sabiendo que trabajarían en lugares de difíciles condiciones, en el Amazonas incluso.

Es cierto que el contrato con el Estado cubano no se puede negociar, y que la protesta pone en riesgo la salida del país. Pero cada cual debe asumir su responsabilidad.

Estos médicos también son responsables de que no se les pague el salario que les corresponde. Accedieron a ser, estando en Cuba, personas “correctas” políticamente, o sea: aplaudir, aprobar, y marchar, aunque no estuvieran de acuerdo con lo dicho desde arriba.

Tristemente, si salieron es porque probablemente tuvieron que simular durante buena parte de sus vidas.

Yo pude haber salido a Venezuela durante la Misión Milagro en 2006. Sin embargo, decidí que no lo haría.

Ese dinero hubiera ayudado mucho tanto a mí como a mi familia, pues somos muy pobres, pero no quise pagar el precio de ser un simulador. Actualmente, aunque es difícil, asumo también las consecuencias de eso, y no he muerto.

Si los médicos protestaran estando en Cuba, las cosas serían diferentes. En el sector de la Salud las personas acá se cuidan mucho de no expresar sus verdaderos criterios políticos o de cualquier tipo, con honrosas y aisladas excepciones.

Esa conducta no se debe exclusivamente a las posibilidades de viajar, pues quienes no van a salir se comportan de igual modo. A la reunión que referí en mi pasado diario asistieron cerca de cien médicos, y ni uno solo protestó.

El caso de los médicos cubanos en Brasil yo no lo calificaría como “trabajo esclavo”, sino “explotación laboral”, lo cual por demás no es exclusivo de esta isla, ni de este momento.

Estoy de acuerdo que los trabajadores cubanos somos explotados, de eso no tengo dudas. Pero exigir desde aquí es la postura éticamente correcta, y la que más beneficiaría a la sociedad. Mi punto es ese. Ellos no se enteraron allá: lo supieron siempre, y lo acataron.

Por supuesto, en mi pasado diario no digo que estoy en contra de la actual protesta. Ya tuvo como resultado bálsamo el aumento de 145 dólares y el pago mensual de los 600 dólares que se les acumulaba en Cuba.

Espero haya algo para los que desde la isla, también en pésimas condiciones, han debido asumir el trabajo de quienes están fuera, lejos de sus familias, pero al menos ganando dólares.

Por cierto, el aumento salarial para los trabajadores del sector en Cuba, hecho público por Raúl, no tiene relación directa con el escándalo de los médicos en Brasil, ya desde el mes de diciembre se tenía información del aumento.

Es por estos médicos, quienes llevan la responsabilidad de la atención sanitaria en la isla, que también considero justo que los que reciben dólares aporten al mejoramiento de las condiciones de la Salud Pública cubana y sus trabajadores.

Solo que no se trata de aportar con imposición y desconocimiento, sino de ser solidarios por convicción, de saber cuál es el aporte de cada cual, definirlo entre las partes, y conocer su uso. Ese es un tema aún pendiente.

Publicado en HAVANA TIMES

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