Por Félix Sautié Mederos

Crónicas cubanas

Con el transcurso del tiempo, día a día la inercia lo va corrompiendo todo, ya sea nuestro físico y nuestra salud personal que se resienten seriamente con la falta de movimiento o incluso el ejercicio de nuestra voluntad para continuar viviendo, así como los equipos que no se usan y se rompen, incluyendo además muy especialmente a la sociedad y a cualquier manifestación de la vida sobre la Tierra. La inercia sostenida se asocia con la desesperanza y el conformismo para crear un círculo vicioso que cuando nos atrapa se hace muy difícil de romper y que puede entonces liquidarnos para siempre.

La inercia pues, es posiblemente una de las actitudes menos visibles que podemos adoptar, pero en mi criterio también una de las más perniciosas para la vida. Algunos podrían preguntarse sobre la razón por la cual escribo estas consideraciones, quizás filosóficas, al respecto de la inercia, y posiblemente se cuestionen mi motivación para plantearlo en los primeros tiempos del año 2014 que recientemente ha comenzado con ese paso inexorable que caracteriza al tiempo y que se nos hace imposible de detener. Yo les respondo antes que se lo pregunten; y les expreso que hace algunos días en la Basílica Menor de la Virgen de la Caridad del Cobre en Centro Habana a la que asisto regularmente como feligrés, el Rector del Santuario padre Roberto Betancourt en una homilía apasionada reclamaba con especial énfasis de los cristianos allí asistentes algo más en su vida espiritual que conformarse con la simple asistencia a las misas del domingo. Eso me hizo recordar la Epístola del Apóstol Santiago que expresa textualmente: Así la fe, si no tiene obras, está realmente muerta (Santiago 2, 17).

No me propongo reflexionar específicamente sobre la profunda importancia teológica de ese planteamiento del Rector del Santuario Occidental de la Virgen de la Caridad del Cobre en Cuba, ya he escrito algo anteriormente al respecto, pero sí quiero decir que me hizo pensar mucho en la realidad que me rodea, a la que considero que debería aplicar en una dimensión más amplia el reclamo planteado, porque el conjunto de las improntas que estamos viviendo los cubanos a la altura del año 2014 cuando se ha cumplido 55 años del proceso revolucionario socio político y económico de nuestro país, requiere de una superación radical de la inercia en la que nos encontramos enquistados, siempre en espera a la expectativa, en el mejor de los casos, de unos cambios y transformaciones que vienen de arriba; y que se realizan actualmente sin prisa pero con algunas pausas, todo lo cual coadyuva en mi opinión con las inercias y los conformismos. Tal y como se podría decir parafraseando un dicho muy popular en Cuba, viviendo empobrecidamente mientras que nos pasan por encima carretas y carretones.

Estoy de acuerdo con que las máximas responsabilidades de esta situación se encuentran en los enquistamientos de una burocracia política, económica y social que se auto defiende en retirada y que cada vez se hace más incapaz de romper la obsolescencia que nos invade por todas partes; pero también debo recordar que esa obsolescencia sostenida en sus contactos con la vida y con el mundo en general nos está emitiendo señales que podrían compararse con la cuenta regresiva de la autodestrucción que puede verse en los filmes de ciencia ficción antes de que se produzca el desenlace de la trama que se exhibe. No exagero, simplemente describo, aunque haya a quienes no les guste, lo que veo a mi rededor, lo que siento en mi interior, sobre todo en mi conciencia, y lo que me transmiten de una forma u otra, más o menos intensamente las personas con las que me relaciono así como los muchos hechos que se producen en mi entorno. No obstante, considero que no deberíamos cargar todas las culpas sobre esa burocracia que se está convirtiendo una especie de chivo expiatorio, a pesar de que exacerba nuestras inercias y nuestros conformismos culpables; pero que también podría decirse que puede equipararse con nuestra cuota de culpabilidad ciudadana y humana en sentido general que compite con el desdén y la desidia que caracteriza a cualquier burocracia sea de la índole que sea.

El último episodio de esta obsolescencia que se generaliza se manifestó en el béisbol, deporte que para los cubanos es muy importante y para muchos inclusive constituye parte esencial de sus vidas, en la recientemente terminada Serie del Caribe, sobre lo cual publiqué una crónica (1); pero no tendríamos que hurgar mucho en nuestra realidad nacional para encontrarnos manifestaciones de la más diversa índole con motivaciones y causas que nos afectan sensiblemente en todos los órdenes de nuestra vida espiritual y material. En este sentido debo aclarar que estoy de acuerdo en que hay responsabilidades determinantes pero en mi criterio eso no quiere decir que se anule por completo la responsabilidad personal que todos tenemos en estas cuestiones.

Pienso que una sociedad está enferma cuando no se asume por todos su corresponsabilidad alícuota con el desenvolvimiento y el devenir de las realidades por la cuales atraviesa, y en mi consideración personal debo decir que eso es lo que se está manifestando con fuerza en la nuestra. Así lo pienso y así lo expreso con mis respetos por la opinión diferente y sin querer ofender a nadie en particular, fsautie@yahoo.com

(1) Un llamado nos llega desde el béisbol: abrirnos al mundo, Publicado en POR ESTO!,

Sección de Cultura, el viernes 7 de febrero del2014

.http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=33&idTitulo=305380

Publicado en la Sección de Cultura del periódico Por Esto! el sábado 15 de febrero del 2014.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=33&idTitulo=307005

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