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Por Félix Sautié Mederos.

Crónicas cubanas

Los días, las semanas, los meses y los años se han sucedido rápidamente. Esa es la impresión que nos asalta muy en especial durante cada mes de enero en que nos damos cuenta, por decirlo de alguna manera, que el año que dejamos atrás terminó con mucha rapidez, pensamos que quizás más rápido que otras veces. Debo reconocer que esta impresión no es la misma cuando somos jóvenes porque en esas edades nos sentimos como si fuéramos inmortales y pensamos poco en estas cuestiones trascendentes propias de las esencias y de las dinámicas de la vida misma.

Tampoco por lo general tenemos en cuenta que la existencia terrenal se nos consume día a día; pero cuando avanzamos en los años y nos hacemos viejos e incluso nos vamos quedando solos porque nuestros compañeros y compañeras de generación se van marchando definitivamente de este mundo, entonces concebimos una nueva valoración del tiempo que transcurre y del tiempo que nos queda, y experimentamos que su paso es efímero y realmente tiene un precio que vamos pagando con nuestros achaques, nuestras soledades y nuestra salud en general. Es un precio que no tiene alternativa y que hay que pagarlo más allá de lo que decida nuestra propia voluntad de hacerlo o no. Es imposible evadirlo.

En este orden de pensamiento, la conciencia del tiempo tiene una importancia fundamental para la existencia humana; y cuando lo derrochamos ya sea por nuestras concepciones juveniles de inmortalidad, por desidia, o porque nos lo impidan aprovecharlo adecuadamente los que tienen poder para ello, sucede que la vida de todas formas y de manera automática sin que podamos evitarlo siempre se encargará indefectiblemente de pasarnos la cuenta. En consecuencia, aprovechar y vivir en toda su extensión el paso del tiempo constituye un derecho humano fundamental. Todos tenemos el derecho de vivir a plenitud nuestro propio tiempo y de exigir que se respete nuestro derecho a vivirlo, porque día a día nuestra vida terrenal que es efímera se consume y se termina. Ello hace que la poca consideración y respeto del tiempo a que todos tenemos derecho, sea una acción contra natura totalmente detestable y condenada por la Historia, hágalo quien lo haga y muy a pesar de los argumentos que se consideren válidos para hacerlo. Con el paso de los años nada será perdonado en este sentido.

Me refiero a un asunto muy importante que a 55 años del triunfo revolucionario de 1959 requiere un análisis a profundidad, libre de esquemas dogmáticos y de consideraciones preestablecidas, porque el pueblo de Cuba en todo este tiempo ha estado esperando un futuro promisorio prometido que no llega a materializarse en medio de planes fallidos, experimentos que fracasan, estudios interminables, burocracias infranqueables y corrupciones que nos acosan. En estas circunstancias, cuando se hace un balance de logros que realmente los ha habido y muy importantes en contraposición con estas improntas que describo y que coinciden en el mismo tiempo con las acciones que se promueven oficialmente encaminadas a lo que se ha denominado actualización del modelo económico, el resultado es altamente preocupante porque todo lo negativo y que está pendiente de lograrse ha cargado sobre el pueblo de a pie, que no ve perspectivas halagüeñas de presente ni de futuro mientras que la vida se consume en una espera que desespera propiciadora de un escapismo sostenido, causa no reconocida en su verdadera magnitud de la disminución y del envejecimiento galopante de la población del país.

Tenemos pues muchas razones para plantear la urgencia y la necesaria e imprescindible agilidad en los procesos de cambios, eliminación de prohibiciones absurdas así como reformas que nos permitan salir de las crisis que estamos afrontando y que empeoran día a día. No se pueden continuar con políticas envejecidas y obsoletas que no han dado resultado alguno y que frenan las libertades de expresión, el diálogo necesario, la participación ciudadana sin omisiones onerosas, así como el libre acceso a las nuevas tecnologías de la información que revolucionan la Ciencia y la Técnica en el mundo, mientras que Cuba va quedando atrás con una brecha cada vez más amplia que podría llegar a un punto de no retorno.

En los inicios de este 2014 van en aumento el desencanto, la desesperanza y el cansancio en una población que envejece y una juventud que se marcha o que aspira a marcharse, en tanto que el paso del tiempo sin soluciones efectivas tiene un precio que podría hacerse impagable.

Así lo pienso, así lo expreso con mis respetos por las opiniones diferentes y sin querer ofender a nadie en particular. fsautie@yahoo.com

Publicado en Por Esto! el lunes 27 de enero 2014.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=303119

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