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Yasmin junto a los miembros de Arcoiris Paquito el de Cuba, Negra Cubana Tenía que ser, Norge Espinosa, e Isbel Díaz

Sucedió hace unos días en un transporte público habanero, ante la vista de todos. A mi amiga y colega Yasmín S. Portales Machado, un adolescente la atacó halándola por el velo que usa comúnmente, y casi la hace caer.

El muchacho, de unos quince años, la emprendió con Yasmín desde que subió al ómnibus, y haló su velo, ante el asombro e indignación de mi amiga y el también colega Luis Rondón, que la acompañaba.

Ambos reprendieron al chico, señalando la falta de respeto y violación de las más elementales normas de civilidad. “No hay que cogerlo para tanto…” dijo cínicamente el agresor.

Pero eso no fue todo. Unas paradas después, cuando el adolescente se disponía a abandonar la guagua, volvió otra vez sobre Yasmín y de un violento halón por el velo le hizo perder el equilibrio, y estuvo a punto de caer.

En defensa de Yasmín, Luis intentó agarrar con bastante fuerza al jovencito, incluso le rompió la camiseta, pero este logró escapar, dejando a mi amiga casi en shock: mezcla de susto, indignación, impotencia, asombro.

Esa es la corta anécdota, pero ¿alguna reflexión podemos sacar de aquí? Podríamos decir que se trata de un chiquillo mal educado y travieso, pero ello no garantiza que no estuvieran funcionando otros móviles detrás de esa violencia gratuita.

Los actos motivados por sentimientos xenófobos, racistas, discriminatorios hacia cualquier persona diferente, pululan en las sociedades occidentales, y Cuba no escapa de eso. La sociedad ha venido endureciéndose a medida que entra en el sistema mundo, y sospecho que tantos años de cerrazón la han afectado gravemente.

El cinismo con que ya muchos asumen sus sentimientos de racismo, por ejemplo, es ya visible en el cotidiano cubano.

Según Yasmín, en cinco años usando el velo, nadie la había atacado por ese motivo. Me consta que los velos de Yasmín, siempre de brillantes y hermosos colores (el azul claro es mi favorito) no pasan inadvertidos ante los ojos de los demás. Pero eso me parece muy bien, y creo que a mi amiga le gusta que sea así.

El orgullo y resolución con que Yasmín porta sus prendas hasta ahora me habían parecido suficientes para detener cualquier intento de discriminación; mas ya estamos viendo el verdadero rostro de la intolerancia cultivada, y las consecuencias de una legislación nacional pobre en sus enunciados contra este tipo de actos.

España emitió en 2011 la Ley Integral para la Igualdad de Trato y la No discriminación, que advertía que los centros educativos que nieguen la entrada a los alumnos por motivos religiosos, como es el caso del uso del velo islámico, podrían quedarse sin ayudas públicas.

Con signo contrario, el gobierno del francés Sarkosy aprobó en 2010 una ley en la que se prohíbe el uso del burka y niqab en todos los espacios públicos. Por supuesto, el debate sobre estas prendas es mucho más complejo, donde se contraponen prácticas discriminatorias contra las mujeres, y actitudes xenófobas.

Afortunadamente, quedan cuotas de decencia y civismo en nuestra gente, pues varios testigos del absurdo ataque mostraron una actitud de repudio hacia el adolescente agresor, y de solidaridad con mi amiga.

Publicado en http://www.havanatimes.org/sp/?p=92751#comment-33385
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