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Por Rogelio M. Díaz Moreno

Como en casi todas partes, en la sociedad cubana ocurren fenómenos que se escapan de lo previsto y de lo legal. Sin el conocimiento de estos componentes, cualquier análisis de nuestra compleja situación resultaría incompleto. Para conocerlos a fondo es necesario, por otra parte, despojarse de ideas preconcebidas y moldes rígidos que, raramente, responden a la realidad. En este comentario voy a comentar someramente una especie de coordinaciones gremiales, irregulares pero no por ello menos sólida, que se han creado al margen de las políticas y autorizaciones del gobierno; idealmente, saldrá con una pizca de buen humor.

Cuando se lidia cotidianamente con el transporte en las calles de nuestra capital, se percibe rápidamente una de estas realidades, que podríamos bautizar como la Asociación de Choferes de Almendrones (1), o ACHA. La influencia de esta asociación es tal, que los precios de este servicio de transporte suben (con frecuencia) o bajan (rara vez, pero ha sucedido) de manera totalmente simultánea entre los límites del Cotorro y Playa Baracoa, o sea, en toda la provincia de La Habana y más allá también. Asimismo, existe un total consenso entre las rutas establecidas que estos vehículos pueden seguir. El investigador que se adentre un poco más que esta mirada, forzosamente superficial, podrá descubrir otras condiciones. Por ejemplo, el precio del combustible que se contrabandea por aquí y por allá; los términos de contratos mediante los cuales, los dueños de varios vehículos los alquilan a otros choferes; cómo se lidia con los inspectores y la ONAT y los policías en estas irregulares circunstancias y así por el estilo. El accionar de este colectivo de personas, no cabe duda, los distingue como una verdadera ACHA.

Otras personas que trabajan de no oficializado acuerdo son los que expenden mercancías en los mercados agropecuarios. El equivalente a una Asociación de Vendedores de Mercados Agropecuarios, o AVEMA, tiene una coordinación tal sobre las presentaciones y precios de las mercancías que parece de ciencia ficción, por lo sólidas y extendidas, para este país donde no existen esas redes de telecomunicaciones ni juntas de negociantes institucionalizadas a ese nivel. Obviamente, su actividad se ejerce en el más puro sentido de obtener las mayores ventajas para sus ventas, así que a los consumidores nos cuesta hasta el Ave María, el no disponer de una contrapartida para el caso.

Los que viajan más entre provincias pueden percibir una última alianza a la que quiero referirme, esta de carácter inter gremial. La podríamos nombrar como la Asociación de Conductores de YUTONG y Operadores de Paladares en Carretera, con la abreviatura ACONYUTOPAC. Esta perfecta simbiosis, semejante a nombre inca y establecida a nivel nacional, consiste en que los choferes de los autobuses proporcionan clientes a los restaurantes particulares y reciben su recompensa correspondiente, en efectivo o en especie. Los establecimientos gastronómicos pertenecientes al Estado salen muy mal parados, por no saber adaptarse a las circunstancias del mercado al que el Gobierno abrió la puerta y tendió la alfombra. A los clientes de pocos recursos tampoco les conviene este arreglo que encarece los viajes, así que ya será hora de que establezcan sus propias coordinaciones para defenderse como mejor aprendan a hacer. Y mejor no se pongan a esperar orientación o autorizaciones, como no las esperaron los anteriores porque, como en todos los casos, aquellos con la más enérgica iniciativa tendrán siempre las de ganar.

(1) Almendrón es un término coloquial cubano para los automóviles estadounidenses que se importaron a Cuba hasta el año 1960 aproximadamente.

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